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POR QUÉ HAY VINOS QUE SECAN LA BOCA

  • 17 feb
  • 4 Min. de lectura

SOLO VINO 17/02/2026


Los taninos son el motivo principal por el que el vino puede resecar la boca de los comensales. Hay vinos que te dejan la lengua áspera y las encías como tirantes. Los vinos que equilibran su acidez; esa astringencia y ese amargor no son algo negativo, sino que sirven para balancear y dar equilibrio.


Hay sensaciones que todo el mundo reconoce al beber vino, aunque en su inmensa mayoría no sepa cómo llamarlas. El diccionario del vino es tan extenso que prácticamente podría tratarse de uno aparte. A mucha gente le gustan los vinos que te dejan un poco la lengua áspera, las encías como tirantes, que cuando pase por la boca se quede un poco seca, ¡y suelen ser los tintos!”. Pero para un bando siempre está el contrario, los vinos que fluyen, que no molestan, que entran fácil, fresquito como agua pero con ese sabor a uva.


No hace falta ser un experto para entender que esto es cierto. Hay vinos que te dejan la boca áspera y vinos que apenas son una caricia. Esa diferencia, tan física como inmediata, tiene nombre. Para ponernos un tanto técnicos y entender mejor el inabarcable diccionario enológico, estamos hablando del tanino. Y no, no hace falta ser experto para entenderlo, porque el cuerpo lo nota antes de que la cabeza se aprenda su definición, causas y origen.


El tanino es precisamente eso: una sensación clara, directa, sin misterio innecesario. Simplificando bastante, los taninos son compuestos fenólicos que encontramos en el vino en forma de astringencia y amargor. No hay más. Todo lo demás es matiz. Así pues, a partir de ahora, cuando un vino sea astringente, áspero y deje la lengua reseca, podremos decir, para elevar nuestro grado de conocimiento en la mesa, que tiene “mucho tanino”.


Los taninos no aparecen por arte de magia —nada ocurre de esa forma en el mundo del vino, aunque descorchar una botella con amigos pueda parecerlo—. Están ahí porque el vino se elabora de una manera muy determinada. Y su origen es doble: la uva y la barrica. Estos taninos pueden provenir principalmente de la uva, ya sea de la piel, de las pepitas o de los raspones. Ese raspón —los tallos de la vid— puede formar parte de la elaboración cuando la uva está sana y madura.


Pero, sobre todo, el tanino aparece por una cuestión clave: el contacto. Todos estos taninos aparecen porque la uva se prensa y el mosto permanece en contacto durante la fermentación con la piel, las pepitas o los raspones, y es ese contacto lo que aporta el tanino de origen.


No obstante, a ese tanino natural se suma el que aporta la crianza en madera, que es todo un mundo en sí mismo. Después hay otro tipo de tanino que procede de las barricas. Las barricas ya son toda una ciencia en sí mismas. Puede haber barricas de roble americano, que aportan notas más marcadas de coco o piña, y barricas de roble francés, que van más hacia el café con leche, los tostados o el tabaco. En resumen, como explica el sumiller, el tanino viene de la uva o de la barrica, y de cómo se ha trabajado cada una.


Aquí está una de las grandes claves para el bebedor cotidiano al que habitualmente le gustan los vinos que te dejan un poco la lengua áspera, ¡y suelen ser los tintos!, porque sobre gustos no hay nada escrito. Pero sí tenemos la explicación sobre por qué los tintos suelen ser más tánicos que los blancos. Y el motivo es muy sencillo, aunque explicado por un sumiller experto se hace más fácil de entender.


Los vinos tintos suelen tener más tanino que los blancos porque el mosto permanece mucho más tiempo en contacto con las pieles, los hollejos y las pepitas. En los blancos, ese contacto es corto o inexistente: se prensa directamente y el vino no extrae ni color ni tanino. En los tintos, la maceración es la que manda, y la boca lo nota. Pero, aun así, no todos los taninos juegan en el mismo equipo, y si es cierto que algunos construyen el vino, otros lo endurecen.


Aunque a menudo se perciba como algo negativo, el tanino cumple una función esencial en el vino: equilibra la acidez del vino; esa astringencia y ese amargor no son algo negativo, sino que sirven para balancear y dar equilibrio. Además, actúan como antioxidantes naturales, protegiendo al vino y permitiéndole envejecer mejor.

Por eso, como consejo, la próxima vez que un vino te seque la boca no lo descartes tan rápido. Escúchalo. El tanino no está ahí para incomodar, sino para contar cómo se ha hecho ese vino, de dónde viene y cuánto tiempo necesita. Y entender a esa gente que dice que “con el vino se viaja”, no solo a un territorio, sino a la vida entera de esa botella. Y eso, al final, es una de las formas más honestas de entender con lo que brindamos en la copa.

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