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NOTICIAS 04/02/2026


Hace cuatro años, en la edición de SCZgm, les contaba que el hijo de Martin del Irish Pub, Shane, se encontraba trabajando entre las doce mesas del restaurante estrella Michelin de la Osteria Francescana, de Massimo Bottura, en el corazón de Módena, Italia, un lugar mágico donde se funde el arte y la gastronomía.


Ahora Shane regresó a Santa Cruz para cumplir su sueño como dicen en Irlanda: “bit by bit”, que en lengua gaélica sería: “céim ar chéim”, es decir, “paso a paso”.


Fruto de este largo aprendizaje en Italia, se ha traído la fórmula mágica de la auténtica cocina italiana sin ambages ni trucos salseros. Una pizza de lo más auténtica y unos platillos donde el estilo de Bottura rebalsan las papilas del comensal.


Y el sitio es ideal, allí ya hace más de 20 años había una pizzería, que los más viejos del lugar recordarán, que se llamaba “Margarita”; efectivamente, en la plaza y junto al banco de Argentina Shane se ha hecho con este espacio que tiene esta estructura patio e interior para convertirlo en uno de los mejores rincones italianos de la capital del oriente boliviano, bautizando el bonito, cálido y costumbrista espacio como FIRENZE. El “cortile” te recuerda a una plazuela del Trastevere o un rincón a los pies de Torre Ghirlandina de Módena.


Así de entrada, el espacio lo puntuamos con la máxima nota: un diez; calma, paz y tranquilidad donde se cumplen las premisas del buen yantar. A la derecha, un potente horno para las pizzas con sus palas, harina y componentes a doc para que la pizza tenga este deje italiano, con los estilos típicos de cada provincia, de Nápoles a Sicilia, de la Toscana al Benetto.


Este patio con mesas da entrada al comedor con una barra frontal, donde cocktails, vinos y otros destilados salen de las manos de expertos bartenders.


El local no apabulla por su luminotecnia, está bien iluminado y sobrio, sin ser lujoso; es agradable y propio para un establecimiento que es algo más que una simple pizzería.


Entrando en materia, creo que esta frase le define al local: “algo más que una pizzería”, al igual que el Barcelona es “algo más que un club”, y este algo más es precisamente aquellos platos que poco a poco se van filtrando en la carta y que denotan la herencia que Shane se llevó del gran Chef Massimo Bottura, cuya cocina se define como "mirar el pasado, pero no con nostalgia, sino con la intención de traerlo al futuro".


No es mi intención entrar en definir las pizzas, pues no comimos ni una.


Como crítico gastronómico buscaba un tesoro gastronómico escondido y el secreto estaba en la pasta y en los otros platos que, en un principio, pasan desapercibidos, pero son los que guardan intimidad y los sabores de la cocina de Shane inspirada en Bottura.


Así pues, nos lanzamos a por tres tipos de pasta, cada cual mejor, rozando la excelencia de sabor, textura y aroma, todas en su punto y sin estar nadando en salsas hediondas, insípidas y cuasi industriales como hacen en otros chiringuitos italianos. Como decía el santo de Roccasecca, “In medio stat virtus”. Así sostenía el Aquinate en la Suma Teológica y ahora Shane, en la “Suma gastronómica”, nos trae la doctrina tomista de la pasta a Santa Cruz, encontrando un equilibrio cuasi perfecto, pseudo teológico-gastronómico.


Pero vayamos al grano: qué es lo que vislumbramos en FIRENZE, qué tornillo se encajó en nuestros sesos para poder dar esta opinión; yo lo resumiría en la mesura, no en cantidades.


Los platos son abundantes, sino en los sabores y la autenticidad italiana, con esta tendencia a una futura cocina de autor más elaborada, que poco a poco irá entrando paso a paso en FIRENZE.



La representación de esta ópera prima, la llamamos así pues es el primer local de Shane con su impronta personal; abrió el telón con unas croquetas de hongos a la espera de la pasta, con una cervecita, pues el calor en aquel día no estaba para bromas.


Los tres platos a repartir entre los comensales fueron todos elegidos por el chef.


Como crítico gastronómico, tengo la sana costumbre de no cerrarme a las improntas de los restaurantes y a mis preferencias; siempre pido lo que el chef considera en el día, siempre pido el mejor plato que el chef considera y solo él conoce y puede ofrecer, sabiendo que corre un riesgo, pero a la par, si acierta, es su consagración.



Aquí, que baje San Miguel con su espada y Shane quedó consagrado, en primer lugar, con Bucattini a la amatriciana que lleva una salsa de tomate natural confitado, guanciale (papada de chancho) hecho en casa, madurado durante ocho semanas y queso roca de Illimani con una cura de 12 meses.


Realmente exquisito, sobrio, salvo por el queso Illimani; subliminalmente te traslada al pueblo de Amatrice, en la provincia de Rieti (región del Lacio, Italia). Con este clásico de la cocina romana se rompía la primera aria gastronómica de la ópera prima.


Para rizar el rizo, entre tierras cambas e italianas y su toque chapaco, la propuesta de la siguiente pasta fue Ragu alla Bolognese de Jiba, pecho y osobuco estofado con oporto tarijeño durante varias horas y cortado a mano; el resultado: “è proprio ottimo, squisito o delizioso”.


Y siguiendo con el corte de Jiba, la última propuesta que aterrizó sobre los manteles de la mesa, que está junto a la ventana de FIRENZE, fue Agnolotis de Jiba cocidos durante 12 horas a temperatura baja.


La carne es emulsionada con reducción de carne y queso roca. El agnoloti, pasta similar a los ravioles pero hechos con una sola lámina de masa que se dobla sobre un relleno —en este caso de Jiba—, se sella, a menudo pellizcándola para formar pequeñas bolsitas, de ahí el nombre "agnolotti del plin", que en el dialecto piamontés significa "pellizcar".


Como dicen en Bolonia, la grosa: “¡Sorbole!”, que es una exclamación para expresar sorpresa, asombro, admiración o incluso un ligero disgusto, equivalente a expresiones como "¡Caramba!", "¡Madre mía!", "¡Anda!" o "¡Wow!".


Así estaban los Agnolotis: ¡Sorbole!




El remate que nos trajo Shane para cerrar la velada fueron unos postres; tenía que seguir la línea que iniciamos step by step, despacio y “buena letra”, saboreando y degustando a un soberbio, que bajo el título de “Tiramisu 2.0”, simula un gran grano de café relleno de tiramisú cubierto de chocolate y helado de café. "Non plus ultra".


Pues esta es la gran sorpresa de la temporada: creíamos que íbamos a comer pizza y salimos comiendo platos de estrella Michelin; que “céim ar chéim” irá aumentando en su carta.

 
 
 
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NOTICIAS 02/02/2026


Lo último en la actualidad gastronómica se está debatiendo en estos momentos en Madrid y, curiosamente, el foco no se pone en los chefs, ni en los platos, se pone en los clientes. Con esta pregunta ¿El comensal toma el mando? Responden los superchefs a esta cuestión vital.


En este congreso que insinúa el declive de los largos menús degustación y se pone el foco en el cliente; donde el comensal toma el mando.


Ferran Adrià no se muerde la lengua: “Dime tú qué restaurante de los 155 tres estrellas Michelin del mundo no tiene un menú degustación o quién viaja al otro extremo del planeta para pedir un primero, un segundo y un postre”.


Su reflexión responde al provocativo enunciado de este año en el congreso Madrid Fusión, que inaugura hoy una nueva edición: “El comensal toma el mando”. Plantea matices cuando reconoce que él mismo, como comensal, está un poco saturado de esos repertorios larguísimos. Pero ese es otro asunto, porque tiene claro que ni él ni los críticos o sus colegas de la alta cocina son el comensal medio que disfruta del menú degustación.


Hoy en gmBO recogemos el testimonio de algunos de los chefs más creativos del país sobre si, como los organizadores del certamen madrileño, atisban el fin de esos menús degustación larguísimos que surgieron precisamente de El Bulli, donde al cliente se le servía una cuarentena de elaboraciones. Eso sí, con un ritmo ágil que convertía el servicio en una coreografía perfecta, incapaz de aburrir. Años después, hay quienes hablan de “la dictadura del menú degustación” y del hastío de muchos comensales ante ágapes interminables.


El comensal decide, sin ninguna duda, reconocen todos los chefs de la alta cocina creativa consultados. Pero eligen, sobre todo, el tipo de establecimiento. Y los hay que requieren ponerse en manos de quienes han pensado para el cliente un recorrido de platos. Si hay talento en la cocina, creatividad y producto excelente, el menú degustación puede resultar una experiencia fantástica. Pero eso no siempre ocurre.


Con la misma contundencia que Ferran Adrià se expresa su hermano Albert Adrià: “Yo intenté no hacer menú degustación cuando reabrí Enigma después de la pandemia y comprobé que sí o sí era necesario, porque había mesas que gastaban 60 euros y nos vimos obligados”.


Explica que en casos como el suyo, el mero hecho de abrir una noche cuesta mucho dinero, y hay que asegurar un ticket medio, especialmente en una ciudad como Barcelona donde la oferta de alta cocina ha crecido mucho y “solo entre los restaurantes con estrellas ya hay unas 400 o 500 sillas disponibles diarias y no te salen los números si no tienes menú degustación.


“Eliminarlo no es negociable”, sentencia este cocinero convencido de que eso no es incompatible con que el cliente tenga el mando desde el momento en que elige adónde va. “Lo que está claro es que cada vez trabajamos más y ganamos menos; hay problema con los equipos porque nadie quiere trabajar el fin de semana o dedicarse a la sala”.


Barcelona, señala, “es un pueblo turístico que en enero y febrero es un páramo”. La degustación no es cara, asegura, porque el producto cuesta mucho dinero. “Si haces carta has de cobrar mucho por cada plato, y la gente te dice ‘¿me vas a cobrar 48 euros por un plato de pescado?’” Adrià sí señala una tendencia al alza alineada con esa idea de que el cliente manda: “Los hay que van a por todas y piden extras fuera de la propuesta: angulas, becada, lamprea, trufa blanca... y pagan lo que sea por esa exclusividad que no muestran en las redes porque, por ejemplo, comer angula está mal visto. Con la trufa, por ejemplo, hay quien llega a ganar mucho dinero”.


A Carme Ruscalleda le parece muy bien que un congreso gastronómico plantee debatir sobre el momento de los menús degustación. “Pienso que desde siempre los restaurantes han estado pendientes de los comentarios de los clientes y que el cliente siempre ha tenido el mando. La cuestión es que, si al comensal no le gusta, el restaurante no funciona”.


Señala Ruscalleda que “como comensales de alta cocina, ahora vamos más servidos de experiencias y todos hemos hecho rutas poniéndonos en manos de chefs sin cuestionarnos la lista de platos o la duración de la experiencia. Y hoy el cliente gourmet no está dispuesto a sentarse y probar todo el recital como si fuera un pantone de pruebas. No renuncia a la exclusiva experiencia, pero busca un discurso culinario quizás no tan largo de estaciones y sí más concreto”.


Sostiene Andoni Luis Aduriz, chef de Mugaritz (Errentería), que el comensal siempre ha sido bastante conservador y que hay algo engañoso en esa tendencia a los menús de producto que están de moda: “Como cuando se analizan los resultados electorales, que parece que las cosas se escoran a la derecha o a la izquierda, y en realidad más que eso hay un electorado que se ha desactivado. Quizás no es que haya más gente diciendo que quiere ir hacia el menú de producto, sino que simplemente hay menos gente yendo a los restaurantes de cocina creativa”.


Quien está considerado uno de los personajes que más arriesga por la radicalidad de su propuesta, se pregunta si no será que hemos perdido la capacidad de concentración. Aduriz señala un cambio de conducta social: “Escuchamos los mensajes a velocidad rápida, las canciones son más cortas y previsibles y miramos las series acelerando con el mando”.


Para él, lo que se pone en duda es la creatividad; qué capacidad tiene de seducir, de llamar la atención, de despertar interés. “Esto no tiene nada que ver con lo que son los menús degustación sino con el momento en el que estamos, inmersos en esa cultura de la aceleración, del exprés, que hace mella en la capacidad de observación.


Habría que ver cómo se ven ahora las exposiciones en museos; cuánto tiempo pasa hoy la gente en una visita al Prado o el Reina Sofía y cuánto pasaba antes para tener datos sobre la atención del público”. Y extiende la reflexión a los propios congresos, “que no dejan de ser un menú propuesto en el que tú te comes lo que te ofrecen; un menú degustación de ponencias bajo un título que explica un poco la temática. Y quizás los congresos empiezan también a aflojar no solo por los contenidos sino por los formatos”. Pero todo es cíclico, señala este cocinero donostiarra con su habitual ironía. “Dentro de unos años los cuatro que quedemos con la búsqueda tal vez tendremos nuestro momento de gloria, como Raphael, y saldremos con un pelucón a cantar ‘¡Escándalo, esto es un escándalo!’”.


Tanto Joan Roca como Quique Dacosta cuentan que, ante una demanda que se va modificando y que plantea un abanico muy amplio, ellos diversifican su oferta. “El Celler se mantiene como una propuesta aún muy vigente y seductora para todo el público foodie del mundo. Seguimos estando a 11 meses llenos, y eso es significativo, y demuestra que la fórmula del menú degustación está más vigente que nunca, porque la gente no vendrá desde Seúl a Girona para tomar dos platos de la carta. Quieren que les expliquemos todo lo que tenemos para contarles en ese momento en que vienen a Girona, por tanto, la fórmula sigue vigente, en tanto que se ofrece una propuesta de calidad, explicando cosas que tienen que ver con tu territorio, tu paisaje, tu cultura, tu forma de entender la cocina, cosas de verdad, que tienen sentido y son consistentes”.


Pero hay otras fórmulas. “Quizás lo que hacemos en Esperit Roca sea un ejemplo, es un restaurante con un menú degustación que también ofrece una carta, una carta corta, y también está lleno cada día. Es una respuesta a gente de más proximidad que quiere calidad y elegir, y que no haya una sola propuesta sino varias, que es lo que hacemos en el resto de establecimientos que tenemos”.


Como él, Quique Dacosta habla de una oferta diversificada, en su caso en 13 restaurantes distintos. “No creo que haya un dogma de fe para decir que lo mismo que me pasa a mí en Quique Dacosta, que es un restaurante destino, un objeto de deseo, como dice Michelin que se organiza el viaje expresamente para él, sea lo mismo que me pase en Valencia en Llisa negra, que es un restaurante de producto, urbano, de paella. Yo creo que al cliente se le tiene en cuenta siempre y no diría que creamos cosas ajenas al cliente. También es verdad que cuando digo Quique Dacosta Restaurante es un restaurante de cocina de autor, donde se viene a ver qué se está cociendo en esta casa, bien sea la mirada, las tendencias, el pensamiento, el espíritu crítico, la sensibilidad del chef, pues ponerle muchos condicionantes hará que sea una especie de restaurante monster, esos restaurantes que son “copy y paste” de muchas tendencias de otros y no tienen personalidad.


Un restaurante debe tener siempre en cuenta al comensal, evidentemente, de cocina creativa. Y de esos no hay tantos en el país”. Más que en la mayoría de comensales, Dacosta ve cierto cansancio en los especialistas gastronómicos. “Esos comensales atípicos que cada semana comen en tres restaurantes de menú degustación”. Elena Arzak considera también que el menú degustación está muy vivo, y explica que es, junto al de maridaje, el menú que pide el 95 % de los comensales. “Pero hay que tener en cuenta que tenemos comensales desde cinco años hasta más de 90, y por eso mantenemos un menú a la carta más corto para esos casos excepcionales”. Ricard Camarena no solo no atisba el fin del menú degustación, sino que cree que muchos restaurantes justifican que exista “porque es la manera de entender lo que está pasando allí”.


Desde hace unos años él procura tenerlo abierto a cambios semanales que tienen que ver con la temporalidad del producto. “Aunque se traduzca en platos efímeros, es interesante plasmar en un momento tu visión y el momento de aquel ingrediente en un instante de la temporada”. Sabe que su cliente no siempre está dispuesto a hacer un menú muy largo, por eso tenemos un menú a la carta con cuatro platos, en el que el cliente elige entre dos opciones y nosotros le componemos un breve menú”.


Más que de tomar el mando, Eduard Xatruch cree que “en base a todos los años de oficio, la experiencia que hemos ido acumulando y la confianza que nos hemos ido ganando de los clientes, los comensales se ponen en nuestras manos y confían en nosotros. No creemos que cuando elige el cliente un restaurante como disfrutar elija los platos, y en nuestro caso vienen entregados y con ganas de pasarlo muy bien”.


FUENTE La Vanguardia / Cristina Jolonch

 
 
 
  • 26 ene
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NOTICIAS 26/01/2026


Iberoamérica está en boca de todos por muchas razones, y entre ellas, su gastronomía desempeña un papel primordial.


Estos galardones reconocen el buen hacer y el talento de personas e instituciones que trabajan por y para este territorio en el sector de la alimentación.


Son ya 4 ediciones las que se conceden estos galardones que cada año entrega la Academia Iberoamericana de Gastronomía (AIGB), presidida por Rafael Ansón, a propuesta de los 17 diferentes países que la integran.


La gastronomía funciona entre ellos como un gran punto de encuentro y con estos premios buscan reconocerla desde 4 puntos de vista, el solidario, el sostenible, el satisfactorio y el saludable -que son las 4 'S' que ha de reunir la gastronomía del siglo XXI-, al que añaden un quinto que premia 'la gastronomía global'.


En la Real Casa de Correos de Madrid ha tenido lugar la ceremonia de entrega, que ha contado con la presencia de personalidades de importantes instituciones del ámbito iberoamericano y local, como la Secretaría General Iberoamericana, la Organización de Estados Iberoamericanos y la Comunidad de Madrid, además de la asistencia de miembros de las representaciones diplomáticas iberoamericanas.


Rafael Ansón ha destacado que "el impulso de la gastronomía en el ámbito iberoamericano, sostenido por el compromiso de las Academias Nacionales, ha permitido que la gastronomía se consolide como una de las actividades más relevantes del ser humano en el nuevo milenio, no solo por su dimensión económica o cultural, sino por su aportación directa al bienestar y a la felicidad de las personas”.


PREMIADOS DE BRASIL, ESPAÑA, PERÚ, PUERTO RICO Y VENEZUELA. BOLIVIA ENTRE LOS FINALISTAS


Este año, los galardonados han sido proyectos e iniciativas de Brasil, España, Perú, Puerto Rico y Venezuela -en cada edición, son unas determinadas Academias quienes eligen las propuestas y son votadas por todos los países que integran la AIGB-. Todos ellos impulsan la gastronomía desde diferentes dimensiones, una actividad que es "una de las más importantes que realiza el ser humano (...). En torno a una mesa se fortalecen los vínculos entre personas y no olvidemos que la gastronomía es uno de los grandes motores del turismo", en palabras del presidente de la AIGB. A la final llegaron dos nominaciones bolivianas por un lado la Escuela de Gastronomía de la UDI de Santa Cruz y la Catedrática e Historiadora Beatriz Rosells Montalvo


El Galardón a la Gastronomía Saludable, que este año ha sido para la Fundación Española de la Nutrición (FEN), a propuesta de la Real Academia de Gastronomía de España. Esta institución, fundada hace 42 años, trabaja en pro de una alimentación equilibrada. Para Rosaura Leis, su presidenta, “la gastronomía es fundamental para la promoción de hábitos de vida saludables, en un mundo en el que la alimentación debe ser también sostenible y solidaria, especialmente en colectivos vulnerables como los niños”.


Por su parte, el Galardón a la Gastronomía Solidaria se ha entregado a El Comedor de la Kennedy, el programa del chef Iván Clemente que alimenta, cada semana, a más de 2.000 niños, 3.000 adultos mayores y a más de 7.000 estudiantes universitarios al mes en situación de vulnerabilidad y abandono, en la isla de Puerto Rico. "El problema en Puerto Rico es el acceso a la comida, el problema es que se tira mucho y no hay que olvidar que comer es un derecho", afirmó el cocinero puertorriqueño.


Este año, el Galardón a la Gastronomía Sostenible se ha entregado ex aequo a una iniciativa en Perú y otra en Venezuela. Uno ha sido para el Grupo Patarashca, con más de tres décadas de historia, y con tres sólidos pilares de actuación (el rescate, la preservación y la proyección de la Amazonía). Su propietaria, Cindy Reátegui, subrayó que el premio es un incentivo para cuidar la Amazonía y quiso dedicarlo a las mujeres y a todos los que cuidan esa “inmensa despensa verde”.


Asimismo, este premio lo ha recibido el Proyecto Ubre/Cordero, una finca en la que se crían casi 4.000 animales y se cultiva el 70 % de la materia prima que abastece a un restaurante en Caracas. Este proyecto, fundado por Pedro Khalil y con Issam Koteich al frente de la cocina, plantea una auténtica filosofía de respeto por la producción local y la apuesta por el desarrollo agrario con el foco en un producto: el cordero.


A propuesta de la Real Academia de Gastronomía de España, el Galardón a la Gastronomía Satisfactoria ha sido para Bittor Arginzoniz, chef y propietario del restaurante Etxebarri, por haber convertido la parrilla en un auténtico arte. Su trabajo demuestra un profundo conocimiento y respeto por el producto y una gran precisión técnica.


Asimismo, la AIGB ha entregado el Galardón a la Gastronomía Global al chef brasileño Alex Atala, del restaurante D.O.M., a propuesta de la Academia Brasileira de Gastronomía, por haber conseguido demostrar la inigualable diversidad de ingredientes de la selva amazónica. La jefa del sector cultural de la Embajada de Brasil en España, Raquel Naili, ha recogido el premio y ha leído un mensaje de Atala en el que expresaba que el Galardón “es un premio a la constancia y el compromiso de ser brasileño y de servir a Brasil”.

 
 
 

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