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  • 28 may
  • 2 min de lectura

OPINIÓN 28/05/2026




Por: Ramón Freixa





Somos lo que somos, somos nuestras decisiones. Y con ellas hemos construido una gran historia; tuvimos el valor inconsciente de seguir lo que nos dictaba el corazón gracias a las intuiciones de un creador y de nuestra sinapsis.


Hemos llegado a ser lo que somos, y todos somos distintos.

Este ser personal que somos -cada uno distinto- es lo importante; todo lo demás es secundario, siempre y cuando lo que somos se ajuste al modelo que la historia tenía pensado para nosotros, la intimidad de nuestra libertad descubriendo y encauzando el deber ser, en el ser actual.


Pero tenemos que tener en cuenta que lo más maravilloso es el hoy y ahora; pues mientras hay vida seguimos libremente modelando nuestro ser; solo hay fracaso si en esta vida nos hemos movido en una dirección opuesta.


¿Cuál sería esta contradirección?... La dirección opuesta es haber remado hacia ti y no haberte dado a los demás. Pero en este hoy y ahora, todavía estamos a tiempo de cambiar de cauce y poner la mirada en los otros y no en nosotros mismos.

Siempre he dicho que el gran éxito no se construye sobre los aciertos, sino que está construido sobre los fracasos, la frustración y la desgracia.


En esta vida, sin pensarlo ni planearlo estratégicamente, nos damos cuenta de que cuando el sufrimiento nos invade hay que abrazarlo; y este, paradójicamente, es el momento en que nace el cambio; y nos lleva a una capacidad transformadora y reveladora que nos permite empatizar con seres humanos cuyas experiencias nunca hemos compartido.


¿Por qué?... Me contesta Mark Twain, cuando aseveró que los dos días más importantes de tu vida son: el día que naces, pues es el momento en que comienza tu existencia y recibes la oportunidad de vivir. Y el día que descubres los porqués; ya que es el momento en que encuentras tu propósito, tu pasión y el sentido de tu vida.


A veces estos porqués se encuentran en el último aliento de la vida, en la recta final; cuando parece que el mundo se desmoronara allá afuera, pero en realidad, en tu interior es un gran momento para volverse un poco loco, seguir y no renunciar a nuestros sueños; por eso ahora, cuando todo parece que se va al traste, que ya no tienes aliento, fuerza, aparece una nueva capacidad de emocionarse con algo y ser incontenible y tenaz para abrazar tus sueños; convirtiendo tus últimos proyectos en un compromiso de excelencia para los demás.


Ahora es el momento y si no lo haces ahora no lo harás nunca, el secreto de avanzar es empezar... ¡Nunc coepi! «Ahora comienzo».


Esto es lo que debe gritar un alma que renueva su deseo de superación, sin importar los errores o fracasos del pasado. Lo único que importa es el hoy y ahora, que es un recelo de eternidad.

 
 
 
  • 8 jul 2025
  • 2 min de lectura

SOLO VINO/ OPINIÓN





Por Ramón Freixa




08/07/2025


Salimos a aprender y no a demostrar. Lugares comunes del vino y por qué tenemos que dejar que los sumilleres hagan su trabajo.


Detectamos que hay un género de comensal que sale a comer para hacerse notar. En lugar de permitir que le traspasen los bares, restaurantes o coctelerías que escoge, y que dejen un poso y un aprendizaje en él, opta por mostrarse impermeable a los nuevos conocimientos.


Este comensal abre la puerta del restaurante con la confianza de que aquí podrá demostrar todo aquello que sabe, sea correcto o incorrecto, sea un habitual o no, y que nadie le dirá la verdad: que es un bocazas y que, como decía aquel, ahora eso no toca.


Es un disparate que alguien te explique cómo hacer tu trabajo o, incluso, que te quieran decir cómo lo has hecho o cómo lo tienes que hacer. No estamos hablando de preguntar cómo se ha marinado un atún, o adivinar la pimienta que se ha utilizado en un guiso, sino hacer comentarios a los cocineros o al personal de sala que den a entender que tú, comensal, sabes más que ellos. Da igual si no has trabajado una hora en la hostelería o si has hecho más que un reloj, porque cualquier palabra en esta dirección está totalmente fuera de contexto.


Creo que, a menudo, quien se esfuerza en poner de manifiesto todo aquello que sabe o que cree que sabe lo hace, primeramente, para sentirse por encima, agrandado, seguro de sí mismo en un entorno que quizás, en algún momento, le ha hecho sentirse pequeño.


Y, en segundo lugar, seguramente lo hace porque piensa que no sabe lo suficiente y, por si acaso lo engatusan, deja caer una retahíla de nombres y datos a fin de que hagan el hecho. Eso lo observo, sobre todo, cuando se pide un vino. Las peticiones están llenas de lugares comunes que, de hecho, no quieren decir nada.A menudo, quien se esfuerza en poner de manifiesto todo aquello que sabe o que cree que sabe lo hace para sentirse seguro de sí mismo en un entorno que le ha hecho sentirse pequeño; y, en segundo lugar, seguramente lo hace porque cree que no sabe lo suficiente.


El vino es infinito y son pocos los expertos que realmente comprenden las diferencias entre añadas, las evoluciones o las diferentes maneras de elaborar, entre muchas otras variables. Por lo tanto, encuentro que tenemos que dejar de hacer perder el tiempo a los sumilleres enredándolos, haciéndoles pensar que sabemos cuando no sabemos ni tanto ni más que ellos.


Dejémosles hacer su trabajo, que aprenderemos mucho más. Quizás así, por fin, empezaremos a entender la uva de nuestra tierra y un poco más allá, dejarnos recomendar o pedir por nosotros mismos vinos que realmente nos gustan.


Compadezco a los sumilleres que se ven inmersos, día sí y día también, en estas situaciones y en el dilema de seguir aquella máxima tan errónea de “el cliente siempre tiene la razón” y darle aquello que quiere, aunque no sea la elección óptima, o de esforzarse con alguien que quiere que lo que dice vaya a misa. ¡Santa paciencia!

 
 
 
  • 28 may 2025
  • 3 min de lectura

OPINIÓN 28/05/2025




Por César Mesina





La experiencia que un cliente recibe en un restaurante o bar va más allá de la comida en el plato o la bebida en la copa. Es el resultado de un esfuerzo cohesivo donde cada miembro del equipo desempeña un papel crucial. Desde los Cocineros, ayudantes de cocina , lavaplatos, Bartenders, sala Garzones, administración ...etc


La Importancia de la Propina un Reconocimiento al Esfuerzo


La propina es una manera de que los clientes reconozcan y valoren el esfuerzo de todo el equipo. Al dejar una propina generosa, se agradece no solo la atención recibida en el servicio, sino también el trabajo en cocina y la preparación que ha llevado cada plato o bebida a la mesa. Es un gesto que, más allá de la cantidad, refleja una apreciación personal por la experiencia recibida.


Un Complemento al Ingreso


En muchas ocasiones, la remuneración base de quienes trabajan en la gastronomía es relativamente baja. La propina actúa como un importante complemento a este salario. En muchos lugares, se estima que una parte significativa de los ingresos de los garzones y bartenders proviene de las propinas, lo que les permite alcanzar un nivel de vida más cómodo y recompensar sus esfuerzos.


La Cultura de la Propina


La propina también es parte integral de la cultura gastronómica en muchos países. Cada lugar tiene sus propias costumbres y normas respecto a su utilización. En algunos países, dejar un porcentaje específico del total de la cuenta es la norma, mientras que en otros, la propina se considera completamente opcional y depende de la experiencia individual del cliente. Sin embargo, independientemente de la cultura local, su papel en el servicio es esencial.

La Gestión de la Propina: Un Asunto de Justicia


No Incluir la Propina Como Parte del Sueldo


Es fundamental que los dueños y gerentes de restaurantes y bares no consideren la propina como parte del sueldo base de sus empleados. Esto no solo es una cuestión ética, sino también de justicia. La propina debe ser vista como un reconocimiento voluntario del cliente en respuesta a la calidad del servicio recibido. Si bien es normal que los propietarios establezcan salarios base, es injusto y poco motivador contar con las propinas como parte del ingreso regular, ya que esto puede generar una falsa seguridad en los ingresos de sus trabajadores.


Clima Laboral Justo


Cuando la propina se convierte en un complemento real y no en una expectativa de ingreso fijo, se fomenta un ambiente laboral más justo. Los trabajadores se sienten incentivados a brindar un excelente servicio, lo que se traduce en experiencias más gratas para los clientes. Además, un buen clima laboral puede conducir a una menor rotación de personal, lo que también se traduce en beneficios económicos a largo plazo para el establecimiento.


Transparencia en la Distribución de Propinas


Es igualmente importante que los restaurantes tengan políticas claras acerca de la distribución de las propinas. La transparencia en cómo se administran las propinas, sobre todo en un sistema donde diferentes roles colaboran, ayudará a mantener la moral alta entre el personal. Un enfoque en el trabajo en equipo, donde todos contribuyen al éxito de la experiencia gastronómica, crea un ambiente positivo y cooperativo.


La propina es un elemento esencial en la gastronomía que refleja el esfuerzo conjunto de todo un equipo de un establecimiento gastronómico  debe ser gestionada de manera justa y transparente. Al no considerarla como parte del ingreso base, se promueve un ambiente donde el trabajo en equipo y la excelencia en el servicio son recompensados adecuadamente. Al final, cuando se deja una propina, no solo se reconoce un buen servicio, sino que también se celebra el arduo trabajo de todos los que contribuyen a crear experiencias gastronómicas memorables. En definitiva, la propina es más que dinero: es un símbolo de aprecio en el arte de la gastronomía.


Por César Mesina


 
 
 

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