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3 ago
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OPINIÓN 03/08/2026




Por: Ramón Freixa





Ahora que ya pasó la frenética atención mediática del mundial de fútbol, recuerdo cuando estuve como periodista relatando el Mundial de México 86 en México, donde me tocó realizar el seguimiento a la selección argentina, que en los partidos electrizantes del combinado albiceleste, el gran Maradona de los diez o doce balones que tocaba 3 de ellos eran jugadas magistrales.


Todavía tenemos impregnadas nuestras pupilas con las jugadas y goles frente a Inglaterra.


Mutatis mutandis, en el evento para aterrizar en Santa Cruz la cocina de ARAMI, restaurante paceño de Marsia Taha, de los diez o doce platos que presentó y disfrutamos, igual que Maradona, tres de ellos eran magistrales, excelsos y el resto muy buenos. Así que en esta crónica, recordando las notas que escribí en su día sobre Maradona, pretendo escribir en esta columna de opinión de Gourmet Magazine Bolivia solo de tres de los 12 platos que tuvimos la gran suerte de degustar en la velada organizada con dedicación y detalle por los propietarios de HORECA, la familia Siles.


De este encuentro culinario de ARAMI en HORECA viene, después de una semana, a mi memoria, en primer lugar, el plato maestro de Lagarto donde minúsculos trozos de esta carne navegan en salsa de pasifioras y Payuje. Desde mi punto de vista fue una creación de fusión tropical audaz, destacando por su carne magra de textura firme, pero en plato suave y melosa, con una emulsión densa de perfil fresco y su marcado carácter tirando a cítrico y cierto ajuste o tendencia al picante sin opacar la esencia del plato cuya textura estaba muy cercana al salmorejo.


La salsas que contenía pasifiora equilibró notablemente este plato dando a la carne del reptil su toque ácido. Por su parte, la interdisciplinidad con el Payuje, daba al plato y a su salsa esta trama espesa y aromática que destaca por su sencillez y vigor nutritivo.


Personalmente el mejor plato de la noche fue la corvina de río sazonada con leche de castañas amazónicas, sacha cilantro y flor de hibiscos. Esta combinación nos trajo a las papilas gustativas un contraste exótico de perfil amazónico-tropical, destacando por una textura firme pero tierna en el pescado, complementada por una salsa cremosa, un fondo herbal punzante y un toque vibrante y ácido.


El sabor delicado, limpio y ligeramente dulce, menos graso de este tipo de pescado, absorbió con facilidad los aromas de los acompañamientos, la leche de castañas amazónicas untuosa, y con notas profundas a frutos secos adhiriéndose un dulzor natural muy sutil. La sacha cilantro se desvaneció en el plato con un aroma intenso y penetrante con notas herbales y un toque semipicante resinoso.


El tercer plato que queremos resaltar y creo que también rozó la perfección fue la piraña con chivé y arroz con coco... este plato de la familia de los peces “Serrasalmidae” puede asustar al neófito por su presentación, ya que visualmente te enfrentas con la amenazante dentadura de la piraña con cara de “pocos amigos”, este pez amazónico tiene un perfil de texturas crocante en sus extremos; piel y aletas fritas al límite que estallan al primer contacto. Pero lo sorprendente y es muy extraño en este tipo de preparación culinaria es la firmeza exterior que presentaba este plato realizado por Marsia; donde además de esta capa superficial dorada que sella la pieza; ofrecía en boca una ternura interna, carne jugosa y delicada cerca de la espina central.


La piraña bajo un fondo de chivé seco acompaña a la palometa para equilibrar sabores fuertes, formando un equilibrio donde por un lado el arroz y el coco confluyen en una armonía de sabores silvestres, además suaviza las notas minerales y profundas propias del pescado de río. El acompañamiento del chivé y el arroz con coco, le dio un redoble de toques herbales y cuasi dulces y cítricos aportados por los sabores nativos propios del fruto de las “Arecaceae”. Todo ello se vierte en una sutil mesura gracias a la esencia de la fritura, el contraste graso con aceite limpio que realza la potencia natural del pescado sin opacarlo.



Como ven, Marsia Taha, nos ofreció cabriolas magistrales en la cocina, al estilo Maradona en el terreno de juego, donde para lograr tal virtuosismo no se ataba los borceguíes en los entrenamientos y así se auto ponía dificultades para que el regate le saliera sin dificultad, y esto es la clave de sus saltitos y “dribblings” en el césped cuando el partido ya iba en serio.


No sabemos cuál es el truco de la joven Chef de ARAMI para poder realizar estas obras maestras, pero como Maradona sospechamos que en sus prácticas y entrenamientos se pone también algunos retos que luego se plasman en sus platos. Pero de mi punto de vista el secreto está en su exploración sobre el terreno con el producto autóctono y la fusión de este en una deconstrucción gourmet al llevar los alimentos desde el “Thinking” a la mesa; por eso de ella además de los platos que rozan la excelencia, esperamos como agua de mayo, al igual que los grandes chef profesionales, publicaciones sobre su investigación alimenticia culinaria y sus propuestas gastronómicas.


Ante este minucioso relato, el lector se puede preguntar cuáles son las claves de la cocina de Marsia Taha, modestamente creo que su cocina está basada en materias primas y su influencia andina con fusión amazónica. La Chef clasifica los ingredientes según los pisos ecológicos de los terrenos bolivianos y llega a un ensamblaje creativo que le presenta la biodiversidad del terroir, uniendo elementos puros de la naturaleza para reflejar paisajes enteros en un solo plato. En este entorno culinario tienen un papel fundamental las salsas, caldos, jugos y extractos ya sea en adobes, reducciones e infusiones botánicas basadas en la esencia de este entorno.


Marsia tiene un estilo donde su cocina se conoce a través de altitudes, la selva, los valles en un ecosistema que envuelve la pureza del territorio andino y amazónico, con regates de corta distancia y certeros finales. No en vano se refleja en ella la filosofía gastronómica, de su mentor el Chef Claus Meyer, como una gastronomía de origen, territorio y rescate social, donde los ingredientes puros de cada ecosistema cuentan una historia viva. Es un reflejo exacto del paisaje transformado en el arte culinario que descubrió este nórdico en Bolivia y ha puesto en escena Marsia en esta presentación de ARAMI en HORECA Bolivia Santa Cruz.


PROGRAMA* “ORIGAMI” DE ARAMI EN HORECA BOLIVIA // SANTA CRUZ 22 Julio 2026:(* NOMBRE DE LOS PLATOS SEGÚN CARTA MENÚ DISTRIBUIDA POR LA ORGANIZACIÓN)


Comenzamos con dos detalles o bocaditos, para abrir boca maridado con un espumante “Sin Nombre” de la Bodega del Cinti Jardín Oculto servido por María José Granier:

• Cordero Papaya verde & Ajo negro

• Trucha con palta y kari Kari

• Pan de algarrobo con mantequilla de palmito y miel de joc


Las siguientes porciones degustación fueron:

• Lagarto amazónico sumergido en pasifioras y Payuje

• Corvina, leche de castañas amazónicas, sacha cilantro y flor de Hibiscus.

• Cerdito arazá y motacú

• Fungui y Lacayote

• Paiche y waluso

• Piraña chivé acompañada de arroz con coco

• Poto arándanos silvestres y maíz blanco• Choco hongo frutos rojos


Rematamos:

• Guazumoy chila

• Vainilla del Amazonas con miel de Isaño y miso


VINOS: Bodega JARDÍN OCULTO Cinti / MAGNUS Tarija / 1750 Uvairenda Samaipata y Casilla 8 vermuth de Magnus Tarija

 
 
 
28 may
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OPINIÓN 28/05/2026




Por: Ramón Freixa





Somos lo que somos, somos nuestras decisiones. Y con ellas hemos construido una gran historia; tuvimos el valor inconsciente de seguir lo que nos dictaba el corazón gracias a las intuiciones de un creador y de nuestra sinapsis.


Hemos llegado a ser lo que somos, y todos somos distintos.

Este ser personal que somos -cada uno distinto- es lo importante; todo lo demás es secundario, siempre y cuando lo que somos se ajuste al modelo que la historia tenía pensado para nosotros, la intimidad de nuestra libertad descubriendo y encauzando el deber ser, en el ser actual.


Pero tenemos que tener en cuenta que lo más maravilloso es el hoy y ahora; pues mientras hay vida seguimos libremente modelando nuestro ser; solo hay fracaso si en esta vida nos hemos movido en una dirección opuesta.


¿Cuál sería esta contradirección?... La dirección opuesta es haber remado hacia ti y no haberte dado a los demás. Pero en este hoy y ahora, todavía estamos a tiempo de cambiar de cauce y poner la mirada en los otros y no en nosotros mismos.

Siempre he dicho que el gran éxito no se construye sobre los aciertos, sino que está construido sobre los fracasos, la frustración y la desgracia.


En esta vida, sin pensarlo ni planearlo estratégicamente, nos damos cuenta de que cuando el sufrimiento nos invade hay que abrazarlo; y este, paradójicamente, es el momento en que nace el cambio; y nos lleva a una capacidad transformadora y reveladora que nos permite empatizar con seres humanos cuyas experiencias nunca hemos compartido.


¿Por qué?... Me contesta Mark Twain, cuando aseveró que los dos días más importantes de tu vida son: el día que naces, pues es el momento en que comienza tu existencia y recibes la oportunidad de vivir. Y el día que descubres los porqués; ya que es el momento en que encuentras tu propósito, tu pasión y el sentido de tu vida.


A veces estos porqués se encuentran en el último aliento de la vida, en la recta final; cuando parece que el mundo se desmoronara allá afuera, pero en realidad, en tu interior es un gran momento para volverse un poco loco, seguir y no renunciar a nuestros sueños; por eso ahora, cuando todo parece que se va al traste, que ya no tienes aliento, fuerza, aparece una nueva capacidad de emocionarse con algo y ser incontenible y tenaz para abrazar tus sueños; convirtiendo tus últimos proyectos en un compromiso de excelencia para los demás.


Ahora es el momento y si no lo haces ahora no lo harás nunca, el secreto de avanzar es empezar... ¡Nunc coepi! «Ahora comienzo».


Esto es lo que debe gritar un alma que renueva su deseo de superación, sin importar los errores o fracasos del pasado. Lo único que importa es el hoy y ahora, que es un recelo de eternidad.

 
 
 
8 jul 2025
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SOLO VINO/ OPINIÓN





Por Ramón Freixa




08/07/2025


Salimos a aprender y no a demostrar. Lugares comunes del vino y por qué tenemos que dejar que los sumilleres hagan su trabajo.


Detectamos que hay un género de comensal que sale a comer para hacerse notar. En lugar de permitir que le traspasen los bares, restaurantes o coctelerías que escoge, y que dejen un poso y un aprendizaje en él, opta por mostrarse impermeable a los nuevos conocimientos.


Este comensal abre la puerta del restaurante con la confianza de que aquí podrá demostrar todo aquello que sabe, sea correcto o incorrecto, sea un habitual o no, y que nadie le dirá la verdad: que es un bocazas y que, como decía aquel, ahora eso no toca.


Es un disparate que alguien te explique cómo hacer tu trabajo o, incluso, que te quieran decir cómo lo has hecho o cómo lo tienes que hacer. No estamos hablando de preguntar cómo se ha marinado un atún, o adivinar la pimienta que se ha utilizado en un guiso, sino hacer comentarios a los cocineros o al personal de sala que den a entender que tú, comensal, sabes más que ellos. Da igual si no has trabajado una hora en la hostelería o si has hecho más que un reloj, porque cualquier palabra en esta dirección está totalmente fuera de contexto.


Creo que, a menudo, quien se esfuerza en poner de manifiesto todo aquello que sabe o que cree que sabe lo hace, primeramente, para sentirse por encima, agrandado, seguro de sí mismo en un entorno que quizás, en algún momento, le ha hecho sentirse pequeño.


Y, en segundo lugar, seguramente lo hace porque piensa que no sabe lo suficiente y, por si acaso lo engatusan, deja caer una retahíla de nombres y datos a fin de que hagan el hecho. Eso lo observo, sobre todo, cuando se pide un vino. Las peticiones están llenas de lugares comunes que, de hecho, no quieren decir nada.A menudo, quien se esfuerza en poner de manifiesto todo aquello que sabe o que cree que sabe lo hace para sentirse seguro de sí mismo en un entorno que le ha hecho sentirse pequeño; y, en segundo lugar, seguramente lo hace porque cree que no sabe lo suficiente.


El vino es infinito y son pocos los expertos que realmente comprenden las diferencias entre añadas, las evoluciones o las diferentes maneras de elaborar, entre muchas otras variables. Por lo tanto, encuentro que tenemos que dejar de hacer perder el tiempo a los sumilleres enredándolos, haciéndoles pensar que sabemos cuando no sabemos ni tanto ni más que ellos.


Dejémosles hacer su trabajo, que aprenderemos mucho más. Quizás así, por fin, empezaremos a entender la uva de nuestra tierra y un poco más allá, dejarnos recomendar o pedir por nosotros mismos vinos que realmente nos gustan.


Compadezco a los sumilleres que se ven inmersos, día sí y día también, en estas situaciones y en el dilema de seguir aquella máxima tan errónea de “el cliente siempre tiene la razón” y darle aquello que quiere, aunque no sea la elección óptima, o de esforzarse con alguien que quiere que lo que dice vaya a misa. ¡Santa paciencia!

 
 
 

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