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OPINIÓN 29/06/2026



Por: Ramón Freixa



Los que pueden subir al altar, tienen que ser vinos -sean de la bodega que sean- muy marcados por características sensoriales no habituales de los procesos de vinificación.


Solo los vinos cargados de roble, extremadamente florales o con especies -que ni la comida hindú- son los que verdaderamente prenden a la comida, el anillo realizando una verdadera boda; desgraciadamente la mayoría de vinos son simples juntes que terminan en el tribunal de la Rota.


El vino es vino, y este es necesario e imprescindible para acompañar a los buenos platos, pero de ahí a casarse entre ellos va un abismo. Esto es lo que vivimos en la Armonía organizada en los Hierros entre los Vinos de la Bodega Rolland y la cocina de RAFFINE.


Por separado los novios son sensacionales, de lo mejor, incluso mejor de lo mejor, tanto los mostos como en los platillos. Pero juntos, por mucho que se empeñe Manuel, hay que tener fe, una fe que se corta, para atisbar matrimonio.


Solo el Mariflor Cabernet Franc le hizo cosquillas a la impresionante innovación gourmet de las mollejas ahumadas con una especie de pil pil cremosa de coliflor, el toque de ahumado que destacaba. Le echó verdaderamente los tejos y remató por la escuadra, la propuesta del vino bordelés de los campos argentinos del Mariflor, con una estructura tánica más firme, mayor acidez y un perfil herbado y especiado. Ahí las papilas otorgaron un contrato matrimonial por todo lo alto entre los ahumados y las especies.


La otra gran boda en este evento, sin lugar a dudas, fue el corte de bife de chorizo de res criada en confinamiento en los campos cruceños, que entró de la mano y con sinfonía nupcial con el Mariflor Val de Flores, una pequeña producción que se elabora artesanalmente en la vanguardista bodega del Valle del Uco.


Este Malbec que ronda ya el medio siglo, se caracteriza por su visualidad emblemática, brillante e intensa, con densos aromas a frutos negros y especias, aportando un laberinto de sabores, pasión y extrema sensibilidad a estos vinos. Esta rotunda personalidad no dejó de mirar constantemente al bife que orillaba sus sabores potenciando el dejillo de la res.



Así que, de cinco platos, los matrimonios sacramentados solo fueron dos los que firmaron el acta sacramental, el resto, que fueron extraordinarios, pasaron por el templo gastronómico, pero no lograron rubricar el acuerdo “para siempre” en el altar.


Pero centrémonos más en las novias “la comida”... Él, el vino venido de Michel y Dany Rolland, no tiene mucho que comentar; podemos definirlo tan solo con una palabra: extraordinarios; un vino francés que baila tangos.


Las propuestas a cuatro manos de Alejandro y Saul, unos chef de lujo, estuvieron por encima de lo normal; nos presentaron el Snack de entrada “Amuse bouche”, tres bocaditos para entretener la boca: fueron Taquito de lengua con toque de vinagreta, Tartarela de Pastranami de Res y “Beta vulgaris” y un Sando de Morcilla, tres joyitas cada cual mejor.


Luego las mollejas ahumadas con un innovador pil pil, que de pil pil que suele acompañar a las cocochas tenía poco, ya que su base era la coliflor. Pero como ya comentamos fue de lo mejor de la noche; que pelearon por la medalla de oro con el pato a tres texturas es de lo mejor que he probado últimamente. El pato le abrió la puerta al bife de chorizo de la brasa de los Hierros y la marcha nupcial la entonó un maravilloso dúo de chocolate que pedía las “dos orejas y el rabo”, que es tal como premian los taurinos.


El evento de verdadera armonía estuvo maravillosamente organizado por sus propietarias, Moira Gasser, hija de Buby, y las hermanas Carola Olivia Cronenbol, junto al gran profesional Dante, que ha cambiado el tradicional establecimiento cruceño, desde el gran equipo de cocina y sala a la apuesta de la carta, donde este restaurante es algo más que carne, y de esta manera lo han posicionado en las ligas mayores de la gastronomía boliviana.

 
 
 
  • 4 jun
  • 3 min de lectura

OPINIÓN 04/06/2026





por Borja Cortés





Frente a mi casa había un bar-taberna donde los obreros antes de entrar en la fábrica tomaban un “barrexa” (mezcla) de coñac con anís, algunos le echaban un café o bien se lo bebían de un golpe sin café.


En este tipo de tabernas, bares o restaurantes, se respetaba una carta de cocina tradicional, alejada de la moda de la cocina de autor. Ahora, la taberna Casa María ya no existe, pero de existir, sería conocido como un restaurante fiel a la cocina sostenible, de terroir o de kilómetro cero, pura cocina de mercado.


Estos establecimientos eran bautizados con nombres de los dueños propietarios, de su entorno, o lo costumbrista propio de la historia y las leyendas de cada villa. Si se llamaba Casa María, es obvio que en su entorno había alguna María, ya sea la “mastresa” (propietaria), la abuela cocinera o la moza de la familia; de esta costumbre nacieron los Casa Lucio de Madrid, Casa Manolo detrás del Congreso de los Diputados, “La Papeta Bruta” (Pepita la sucia) en el barrio de la Bonanova de Barcelona; o “El Marrano” en la calle San Nicolás de Pamplona, llamado así pues solo servían potes con sardinas y obviamente el suelo estaba muy marrano con el aceite que convertía el suelo en una pista de patinaje.


Ahora los sabios del marketing son los que quitan y ponen nombres gancho y estilísticos a los restaurantes y bares... Zimo, Palo Santo, Serafina, Caudilla, Tinto o Los Hierros. Paradójicamente, en las ciudades con influencias de migrantes chinos que compran un negocio gastronómico, son los únicos que mantienen los nombres de antaño, aunque la oferta cambie sustancialmente. No es de extrañar encontrar una carta de “cocina tradicional francesa”, donde lideran los rollitos primavera o el arroz tres delicias.


Así pues, con las Marías, los Lucio o los Manolos, los nuevos dueños optan por el minimalismo, los juegos de palabras o cacofonías a la hora de escoger el nombre de su local, para que tenga más gancho para un público dentro de esta superficial globalización mal digerida. Se apuesta por nombres que pueda pronunciar un cliente con pose cosmopolita y cuyo eco sea vendible. Se buscan palabras de atractivo sensorial, los léxicos relacionados con la memoria sentimental, o lo que sonora o visualmente causa sorpresa, pavor o espanto.


Unos, como es el caso de “Manda Huevos”, “El Mal Parido”, “Brutal”, que sirve cerveza con orinal, buscan provocación. A otros les gusta poner nombres con juegos de palabras del tipo “Beer para Creer”, “La Tapilla Sixtina”, “Pita Pan”, “Wine O'Clock”. También están los que apuestan por el minimalismo: KAO, ZIMO, IN o OUT, el menos es más gourmet dedicado al genio de la arquitectura Mies van der Rohe.


También se tiene la lista de los nombres malsonantes como ALCOHOLEGIO (Ven a tomar las mejores clases de chelas), KAKA, “A pedos y tragos”, “Bar Borracho”, “Si no te cura, se te olvida”.


Existen nombres experienciales, como Fogón, A Fuego Lento, Brasas, BrasArgen, descriptivos a un tipo de gastronómica del local. Pero todavía no hemos llegado al nombre de la música esperpento, como es el de “Tarzán y su puta madre buscan piso en el 3er anillo”. Como se puede observar, se busca el impacto inmediato, que viene a ser un fenómeno congruente con el signo de los tiempos. O bien más culto, como el iluminado que cree que puede poner una pollería y una sala de lectura en el mismo local, para comer un cuarto de pollo con la obra de Charles Dickens, y llamarle al local como reclamo “Charles Chikens”; gilipolleces como esta encontrarás a montones.


Ahora, en serio, ¿se han preguntado cómo se llaman los 10 mejores bares del mundo? Les dejamos con algo serio en esta loca columna de opinión. Por cierto, gracias por leerla.

 
 
 
  • 28 may
  • 2 min de lectura

OPINIÓN 28/05/2026




Por: Ramón Freixa





Somos lo que somos, somos nuestras decisiones. Y con ellas hemos construido una gran historia; tuvimos el valor inconsciente de seguir lo que nos dictaba el corazón gracias a las intuiciones de un creador y de nuestra sinapsis.


Hemos llegado a ser lo que somos, y todos somos distintos.

Este ser personal que somos -cada uno distinto- es lo importante; todo lo demás es secundario, siempre y cuando lo que somos se ajuste al modelo que la historia tenía pensado para nosotros, la intimidad de nuestra libertad descubriendo y encauzando el deber ser, en el ser actual.


Pero tenemos que tener en cuenta que lo más maravilloso es el hoy y ahora; pues mientras hay vida seguimos libremente modelando nuestro ser; solo hay fracaso si en esta vida nos hemos movido en una dirección opuesta.


¿Cuál sería esta contradirección?... La dirección opuesta es haber remado hacia ti y no haberte dado a los demás. Pero en este hoy y ahora, todavía estamos a tiempo de cambiar de cauce y poner la mirada en los otros y no en nosotros mismos.

Siempre he dicho que el gran éxito no se construye sobre los aciertos, sino que está construido sobre los fracasos, la frustración y la desgracia.


En esta vida, sin pensarlo ni planearlo estratégicamente, nos damos cuenta de que cuando el sufrimiento nos invade hay que abrazarlo; y este, paradójicamente, es el momento en que nace el cambio; y nos lleva a una capacidad transformadora y reveladora que nos permite empatizar con seres humanos cuyas experiencias nunca hemos compartido.


¿Por qué?... Me contesta Mark Twain, cuando aseveró que los dos días más importantes de tu vida son: el día que naces, pues es el momento en que comienza tu existencia y recibes la oportunidad de vivir. Y el día que descubres los porqués; ya que es el momento en que encuentras tu propósito, tu pasión y el sentido de tu vida.


A veces estos porqués se encuentran en el último aliento de la vida, en la recta final; cuando parece que el mundo se desmoronara allá afuera, pero en realidad, en tu interior es un gran momento para volverse un poco loco, seguir y no renunciar a nuestros sueños; por eso ahora, cuando todo parece que se va al traste, que ya no tienes aliento, fuerza, aparece una nueva capacidad de emocionarse con algo y ser incontenible y tenaz para abrazar tus sueños; convirtiendo tus últimos proyectos en un compromiso de excelencia para los demás.


Ahora es el momento y si no lo haces ahora no lo harás nunca, el secreto de avanzar es empezar... ¡Nunc coepi! «Ahora comienzo».


Esto es lo que debe gritar un alma que renueva su deseo de superación, sin importar los errores o fracasos del pasado. Lo único que importa es el hoy y ahora, que es un recelo de eternidad.

 
 
 

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