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  • 10 dic 2025
  • 3 Min. de lectura

OPINIÓN SCZgm 10/12/2025



\Por Consejo de Redacción de SCZ






Hemos leído en los medios locales que los Restaurantes de Santa Cruz restringen el ingreso a "tiktokers": Varios restaurantes en la capital cruceña han comenzado a limitar o prohibir la entrada de TikTok  y a Influencers que buscan obtener comidas gratuitas o que le paguen a cambio de supuestos videos promocionales. 


Esta medida interna de los restaurantes, busca regular la práctica y evitar el aprovechamiento y a la desinformación de  los actuales Influencers que meten la pata gravemente denostando la gastronomía Boliviana como ustedes mismos y en medios internacionales logran ridiculizar la gastronomía boliviana. 


La culpa de esto no es de los jóvenes que nos parece muy bien que estén interesados por la gastronomía, pero deberían formarse académicamente en el periodismo, comunicación y en gastronomía-

La culpa es de los restaurantes que han visto que este tema se les ha ido de las manos,  invitando y pagando a estos supuestos comunicadores, hacen que su local se vea como mediocre y falso pues estos informadores carecen de toda credibilidad y veracidad; llegando a un público mediocre y no al target que se quiere para un restaurante.


El tema es de una lógica aplastante, De qué hablará un muerto de hambre sobre tu restaurante si le pagas o le regalas la comida, hablará que todo es estupendo que todo es una maravilla, aunque le des un plato fermentado y hediondo. 


Los críticos gastronómicos de verdad creíbles, los evaluadores de los rankings no cobran de los restaurantes, es mas pagan, no se dan a conocer en las RRSS, suelen ser humildes y sencillos. No son protagonistas...


Como ya hemos comentado otras veces en varias notas de SCZgm, uno de los grandes males de la comunicación y la información en la actualidad son los mal llamados INFLUENCERS.


Hoy les dejamos un ejemplo para que lo lea, lo compare y juzgue y le dejamos las páginas de SCZgm para que opine. Pero es una pena que por culpa de estos descerebrados epicúreos la Gastronomía salga mal parada y la boliviana más, como vemos en este ejemplo 


PRIMERO LEA lo que ha salido sobre unas cambas que se las dan de Influencer en la prensa española con este titular:  UNA 'INFLUENCER' BOLIVIANA SIEMBRA POLÉMICA POR SU 'RUTA DE LA TAPA' EN ALICANTE: "LOS SITIOS EQUIVOCADOS"

(Hacer click a este link y vaya al original )

COMPARE esta imagen con la otra imagen que dio la ACADEMIA BOLIVIANA de GASTRONOMIA en Alicante, donde BOLIVIA fue país invitado a ALICANTE GASTRONOMICA en la Feria mas importante de Europa y que han podido seguir desde este medio.


Y no es casualidad, pero las dos noticias se han dado en ALICANTE 


Este tema ya esta de boca en boca en los establecimientos gastronómicos que están restringiendo el ingreso a "tiktokers": Varios restaurantes en la capital cruceña han comenzado a limitar o prohibir la entrada de TikTokers y a Influencers que buscan obtener comidas gratuitas o que le paguen a cambio de supuestos videos promocionales.

 

Esta medida busca regular la práctica y evitar el aprovechamiento y a los desinformados como los actuales Influencers que meten la pata gravemente denostándola profesión y la comida boliviana. Creemos que la culpa de esto no es de los jóvenes que nos parece muy bien que estén interesados por la gastronomía, la culpa es de los mismos restaurantes que invitando y pagando a estos supuestos comunicadores, hacen que su local se vea como mediocre y falso pues estos informadores carecen de toda credibilidad y veracidad; llegando a un público mediocre y no al target que se quiere para un buen restaurante.


Asì que después de darles estos datos, usted JUZGUE, si hubiera un tribunal de ética informativa, esta señorita y otros muchos tendrían que retirarse de la comunicación gastronómica o comunicación en general, comenzar a estudiar comunicación en una buena universidad y pedir públicamente perdón. 


Ustedes opinen, pero es una pena que, con frivolidades propias de la inmadurez adolescente, sea la imagen de Bolivia en España. Lo mas triste es que hay restaurantes y establecimientos gastronómicos en SCZ que confían su comunicación a estos indocumentados. Pero gracias a Dios ya vemos que se están dando cuenta y están dando un paso al costado en este tema, cerrando la puerta a los FAKEINFLUENCERS.

 
 
 
  • 18 nov 2025
  • 3 Min. de lectura

OPINIÓN SCZgm 18/11/2025




por Juan M. Marqués Perales




Pasada la media mañana, a la hora en la que se supone que el Papa ya permite beber con su ejemplo, Armando nos ofreció una copa de una botella de color negro que depositó sobre una mesa llena de amigos como el que se desprende de una compleja herramienta que no atina a calibrar. ¿Y este vino? Admiración.


"No sé, yo no entiendo de vinos", confesó el anfitrión, que nos adelantó que la botella llevaba abierta varias semanas en la nevera. Si no se había estropeado, se debía a que era un amontillado jerezano de unos 18 años de envejecimiento medio, al que se había añadido un poco, pero sólo un poco, de Pedro Ximénez para darle el regusto dulzón. Un amontillado abocado. Un doble aplauso, a pesar de la precaución inicial de los comensales a valorar la copa y a meterse en camisa de once varas en un asunto tan complicado como este.


La caída del consumo de vino es una tendencia mundial. El consumidor de vino es tan variado como el propio producto, hay quien lo bebe sin más pretensiones que consumir una bebida alcohólica que sepa bien y no altere la vida diaria y, en el otro extremo, hay sibaritas expertos que se desplazan cientos de kilómetros para descorchar un tinto de un terruño del que ha leído una interesante reseña en una revista de domingo. Hay quien bebe PINGÜINO con algo de soda en el almuerzo y quien paga para asistir a una cata que se vende a seis dólares la copa de jerez.


Entre ambos extremos hay una extensa variedad de grises, pero son los consumidores más sencillos los que se han ido descolgando del vino y, en especial, los más jóvenes, que ni siquiera llegaron a entrar en la ronda. Con las empresas ocurre lo mismo, hay grandes multinacionales que están bien financiadas y aguantan los vaivenes de los mercados, y pequeñas empresas, muchas familiares, que elaboran muy buenos vinos de proximidad y que, en muchas ocasiones, son las que han introducido las innovaciones en el sector.


Estas son las más frágiles, las que tienen que hacer frente tanto a la caída de las ventas como a otros problemas naturales, como el cambio climático, la falta de lluvias y la proliferación de algunas plagas.


Eric Asimov es el crítico de vinos del New York Times, lleva 30 años escribiendo sobre enología y gastronomía. Recientemente, ha publicado un artículo en el que realiza una propuesta al sector para salir del estancamiento de ventas. Algunas tienen su razón de ser sólo en Estados Unidos, como la necesidad de bajar los precios, pero otras lecturas son universales.


Una de ellas, por ejemplo, es la complejidad. Hay un sector del vino que se hizo snob hace unos 20 años, y sus enólogos dirigen catas hoy como si fueran profesores de universidad, nos hablan de crianzas biológicas, oxidativas, del componente glicérico y de la característica peculiar de un tipo raro de uva, de cómo la levadura que se utiliza consigue una transformación más eficiente del azúcar a la vez que nos cuentan que el roble americano no es tan preciado como el francés, aunque ellos utilizan uno portugués que ensamblan en una aldea gallega que está al borde del mar. ¡Y la fermentación maloláctica! ¿Cómo se atreven a ningunear a la maloláctica?


En definitiva, que hay muchos consumidores potenciales, como mi amigo Armando, que no es un ignorante, sino profesor, pero que se asoma al vino con precaución, con temor. Para entendidos.


Cuando pido queso en un restaurante o lo compro en una tienda, puedo recibir cierta explicación, pero nadie me informa sobre qué leche usaba el ganadero, cómo se llama la levadura utilizada, el tiempo de fermentación y si la maduración fue en bodega o al aire libre. Y si el queso es para la pasta o las pizzas, con la marca o el precio me vale.


El vino está destinado a proporcionar placer, alegría, fomenta la conversación entre amigos, acompaña al buen rato y ama la buena vida, no sólo sirve para dar formación intelectual al consumidor. El vino debería ser la chispa de la vida si Coca-Cola no hubiera inventado este eslogan hace unas cuantas décadas.


FUENTE El Conciso

 
 
 
  • 12 nov 2025
  • 2 Min. de lectura

OPINIÓN SCZgm 12/11/2025




Por Valentina Artieda (Nutricionista)




La forma en que cocinamos no solo define el sabor de un plato, sino también su valor nutricional. Cada técnica —hervir, asar, saltear o fermentar— transforma los alimentos de maneras que pueden potenciar o disminuir sus beneficios.


Cocinar es, en cierto modo, una forma de hacer alquimia: con calor, tiempo y paciencia. Lo curioso es que, al incorporar la mano y la creatividad, podemos mejorar la absorción de los nutrientes, aumentar sus antioxidantes, destruir los antinutrientes o incluso generar compuestos nuevos que promueven la salud.


Por ejemplo, el licopeno del tomate es un potente antioxidante, pero solo aumenta su biodisponibilidad al calentarse. Por eso, una salsa casera o un tomate asado puede aportar más beneficios que uno crudo en una ensalada.


En cambio, la vitamina C de los vegetales es sensible al calor prolongado. Se evapora fácilmente. Se conserva mejor en preparaciones rápidas como salteados o cocciones al vapor, como por ejemplo los pimentones.


El ajo libera su compuesto activo, que se llama la alicina, solamente cuando se pica o se aplasta. Si se lo deja reposar unos minutos antes de cocinarlo, se conserva mejor su poder antiinflamatorio a la hora de comer. Al contrario, la espinaca contiene oxalatos que, si no se cocinan, no se absorbe el hierro presente en ella.


La moda de los prebióticos ha atacado también en el clásico arroz y papa. Se ha visto que, al enfriar las papas o el arroz ya cocido, parte de su almidón se transforma en almidón resistente, un tipo de fibra que favorece la microbiota intestinal y mejora la respuesta glucémica. Es decir, mientras más viejo esté el arroz, mejor digestión.


Incluso la forma de combinar alimentos importa: las grasas saludables del aceite de oliva o de la palta facilitan la absorción de las vitaminas liposolubles como la A, D, E y K presentes en las verduras. Por eso, una ensalada sin aceite no solo pierde sabor, también pierde potencial nutritivo.


La cocina moderna tiene el desafío de unir la técnica con la conciencia nutricional. No se trata solo de cocinar bien o de comer sano: se trata de entender cómo el proceso culinario puede convertir un plato sabroso en un aliado de la salud. Porque, en definitiva, nutrirnos también es un arte.

 
 
 

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