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25 sept
2 min de lectura

RECETARIO 25/09/2026


El gruyère y el emmental son los quesos tradicionales de Croque Madame, pero si no los consigue puede usar un buen queso madurado que derrita bien.


La clave para preparar este Croque Madame está en no escatimar ni en bechamel ni en queso a la hora de su preparación.


Un poco de la historia del sándwich tradicional


El sándwich tiene su origen en el siglo XVIII. Cuenta la historia que existió un aristócrata inglés, John Montagu, que decidió incluir este plato para no ensuciarse los dedos mientras jugaba a las cartas.Aunque se desconoce el origen de la receta, su elaboración es quizá una de las más sencillas de la culinaria, ya que se elabora con dos rebanadas de pan que contienen ingredientes como la carne, tomate, queso, lechuga y salsas. En diferentes partes del mundo este alimento también es conocido como “bocadillo”. Existen ciudades costeras británicas que le hacen un homenaje a esta receta tradicional, ofreciendo cualquier cantidad de variaciones en su receta original, por ser uno de los aperitivos más famosos del mundo.


Les dejamos la fórmula mágica para que pueda preparar 2 porciones


INGREDIENTES


· 1 cucharada de mantequilla (para la bechamel)

· 1 cucharada de harina de trigo

· 1 taza de leche

· 1 pizca de nuez moscada

· ½ cucharadita de sal

· 1 cucharadita de mostaza Dijon

· 150 gramos de queso emmental rallado (más o menos 1 ½ tazas)

· 150 gramos de queso gruyère rallado (más o menos 1 ½ tazas)

· 2 cucharadas de mantequilla (para dorar el pan)

· 4 tajadas de pan (tipo brioche o pan de molde grueso)

· 150 g de jamón ahumado (de bondiola ahumada o el de tu preferencia)



PREPARACIÓN


  • En una olla a fuego medio, funde una cucharada de mantequilla y agregala harina. Mezcla muy bien hasta que la harina se hidrate por completo y quede una pastica suave. Cocina un minuto revolviendo para que pierda el sabor a harina cruda.

  • Agrega la leche poco a poco sin dejar de revolver. Suma la nuez moscada, la sal y la mostaza. Cocina revolviendo hasta que espese. Retira del fuego e incorpora un puñado de queso emmental y gruyère para que quede más cremosa y quesuda.

  • Aparte, en una sartén con mantequilla, dora las tajadas de pan por ambos lados hasta que queden crujientes y doraditas.

  • Sobre una tajada de pan pon una capa de bechamel, luego el jamón, y encima más queso gruyère y emmental. Tapa con otra tajada de pan. Baña la parte de arriba del sánduche con más bechamel y cúbrelo con bastante queso. Llévalo al horno en función de gratinar hasta que el queso se derrita y quede dorado y burbujeante.

  • Mientras gratina, fríe los huevos dejando la yema líquida. Lo que diferencia al Croque Madame del Croque Monsieur es justamente el huevo frito encima.


    Apenas esté listo, sírvelo de una vez.


 
 
 
28 ago
4 min de lectura

RECETARIO 28/08/2026


¿Te han salido alguna vez las manos anaranjadas después de una temporada comiendo zanahorias?


¿Has ido al baño tras una crema de remolacha y, durante unos segundos, has imaginado el peor diagnóstico posible?


Hay alimentos que dejan una huella mucho más visible de lo que esperamos. Los espárragos cambian el olor de la orina, el ajo puede acompañarnos durante horas, ciertos suplementos vuelven el pis casi fluorescente y un exceso de vegetales anaranjados puede modificar el tono de la piel.


No es magia y, en la mayoría de estos casos, tampoco es una enfermedad. Son pigmentos, compuestos volátiles y productos de la digestión que el organismo absorbe, transforma y elimina de maneras bastante indiscretas.


POR QUÉ COMER MUCHAS ZANAHORIAS PUEDE DEJAR LAS MANOS NARANJAS


Las zanahorias, la calabaza y el boniato contienen abundantes carotenoides, los pigmentos responsables de sus tonos amarillos y anaranjados. Entre ellos destaca el betacaroteno, que el organismo puede utilizar para producir vitamina A.


Cuando la ingesta es muy elevada y se mantiene durante semanas, parte de esos pigmentos puede acumularse en la capa más externa de la piel. El resultado es la carotenodermia, una coloración amarillenta o naranja que suele apreciarse especialmente en las palmas de las manos, las plantas de los pies y alrededor de la nariz.


Este fenómeno está detrás de la creencia de que comer zanahorias ayuda a ponerse moreno. En realidad, el betacaroteno no produce un bronceado: tiñe ligeramente la piel desde dentro. En cantidades moderadas puede aportar un tono dorado, pero llevado al extremo el efecto se parece más a un autobronceador de los años noventa.


A diferencia de la ictericia, la carotenodermia de origen alimentario no suele colorear la parte blanca de los ojos. Generalmente es benigna y desaparece poco a poco al reducir el consumo excesivo de alimentos ricos en caroteno.


REMOLACHA, ESPÁRRAGOS Y VITAMINAS: CUANDO EL BAÑO REVELA EL MENÚ


La remolacha contiene unos pigmentos rojos llamados betalaínas. Aunque gran parte se descompone durante la digestión, algunas personas eliminan una cantidad suficiente como para teñir temporalmente la orina de rosa o rojo. El fenómeno recibe el nombre de beeturia y también puede colorear las heces.


El efecto suele aparecer pocas horas después de comer remolacha y desaparece por sí solo. Su intensidad depende de la cantidad ingerida y de factores individuales relacionados con la digestión y la absorción. Por eso, dos personas pueden compartir el mismo plato y solo una encontrarse con la sorpresa.


También puede cambiar el color de las heces tras tomar suplementos de hierro, que con frecuencia las vuelven más oscuras. El carbón activado produce un resultado todavía más evidente: entra negro en el aparato digestivo y sale prácticamente del mismo color, sin que eso demuestre ninguna supuesta acción “detox”.


Los suplementos con mucha riboflavina o vitamina B2 pueden convertir la orina en un líquido amarillo muy intenso, casi fluorescente. Al tratarse de una vitamina hidrosoluble, el organismo elimina por la orina la cantidad que no necesita. El resultado puede parecer alarmante, pero es habitual tras consumir ciertos complejos vitamínicos.


Con los espárragos, la sorpresa no es visual, sino olfativa. Contienen ácido asparagúsico, que durante la digestión genera compuestos volátiles con azufre. Estos llegan rápidamente a la orina y producen un olor intenso que puede recordar a la col cocida.


No todo el mundo lo percibe de la misma forma. Existen diferencias tanto en la producción de esos compuestos como en la capacidad genética para detectarlos. Es posible que tu orina huela después de comer espárragos y que tu nariz, sencillamente, no se haya enterado.


EL AJO, EL ALCOHOL Y LA DIETA CETOGÉNICA TAMBIÉN SALEN POR EL ALIENTO


Lavarse los dientes después de comer ajo ayuda a eliminar los restos que quedan en la boca, pero no siempre resuelve el problema. Algunos de sus compuestos sulfurados se absorben, pasan a la sangre y llegan hasta los pulmones, desde donde se expulsan en cada respiración.


Entre ellos se encuentra el sulfuro de alilo metilo, uno de los responsables de que el olor pueda mantenerse durante horas. Parte de estos compuestos también se elimina a través de la piel, de modo que el ajo puede aparecer simultáneamente en el aliento y en el sudor.


Algo parecido sucede con el alcohol. Una pequeña parte del etanol consumido se elimina sin transformar mediante el aire espirado, la orina y el sudor. Por eso, ducharse, mascar chicle o utilizar un perfume especialmente ambicioso no siempre consigue ocultar una noche de copas.


El aliento también puede revelar lo que no hemos comido. Cuando se reducen mucho los hidratos de carbono, como ocurre en una dieta cetogénica, el organismo utiliza más grasa como combustible y produce cuerpos cetónicos. Uno de ellos es la acetona, una molécula volátil que puede dar al aliento un olor dulce o afrutado.


La mayoría de estos cambios son pasajeros y tienen una explicación sencilla. Antes de entrar en una espiral de búsquedas médicas, conviene recordar qué hemos comido, bebido o suplementado durante las últimas horas.


Eso no significa que deban ignorarse todos los cambios. La presencia de sangre, una orina roja sin una causa alimentaria clara, unas heces negras y pegajosas, el dolor, el mareo o cualquier alteración que persista deben consultarse con un profesional sanitario. La remolacha puede provocar un buen susto, pero no todo lo rojo procede de una ensalada.


Al final, nuestro organismo es bastante menos discreto de lo que creemos. La piel, el aliento y hasta una visita al baño pueden terminar contando, con todo detalle, lo que cenamos ayer.


FUENTE: Redacción Excelencias Gourmet

 
 
 

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