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TENDENCIAS 13/08/2026


Hoy te traemos algunos consejos para aprender a cocinar desde cero, a todos nos toca en algún momento dar sus primeros pasos en la cocina: empezar por lo básico, no agobiarse, aprender técnicas o tener un cuchillo decente nos ayudaron en los nuestros.


Olvídate de la épica del cuchillo japonés y los platos listos para fotografiar: empezar a cocinar es, sobre todo, una rutina que implica errores, manchas de aceite y algún arroz pasado en el proceso.


EMPIEZA POR LO BÁSICO (Y REPÍTELO)


Cosas tan poco glamurosas como una tortilla francesa decente, un sofrito bien reducido, pasta con tomate, una crema de verduras sabrosa, arroz blanco que se quede suelto o un huevo frito o planchado: no suena impresionante, pero con eso resuelves muchas cenas. Puedes añadir a la lista un par de postres resultones: fruta asada con yogur y canela, plátano a la plancha con nueces y chocolate rallado, unos albaricoques macerados con lima y menta. No son alta repostería, pero funcionan.


Te recomendamos que tengas la cocina un espacio cómodo. Con esto no se refiere a tener una cocina grande con isla y un sofá, sino a hacer que sea un lugar de la casa en el que estar no sea estresante. ¿Cómo se consigue? Hay que tener la encimera lo más despejada posible, ya que será tu zona de trabajo: si es muy pequeña y es inevitable tener algo encima. Mantenerla limpia y ordenada también es importante.


Parece una obviedad, pero entrar a una cocina sucia y desordenada es el repelente perfecto para no cocinar, más vale limpiar y ordenar cada vez que se cocina y no esperar a que se acumule la suciedad para hacer una limpieza profunda cada muerte de obispo. Un consejo extra: Lo que se ensucia se limpia siempre.


HAZTE AMIGO DEL CUCHILLO (Y CON UNA TABLA QUE NO PATINE)


Antes de gastarte el sueldo en una mandolina japonesa, soluciona lo que de verdad importa: cómo cortas. Aprende a coger bien el cuchillo y hazte con una buena tabla, que sea gruesa y grande. Lo del cuchillo parece una tontería, pero creo que es el conocimiento más útil que existe en la cocina: te ahorrará tiempo y hará que cortar sea una actividad menos costosa y más disfrutable.


Lo segundo va por el mismo camino: una tabla pequeña en la que no cabe nada o fina, de las que se mueven constantemente, es una tortura, y le quita disfrute al acto de cocinar. Un cebollero decente afilado, y una tabla grande que no se mueva: si después de cinco minutos picando cebolla te duele la muñeca, es que estás cogiendo mal el cuchillo.


TEN POCO EQUIPAMIENTO, PERO BIEN ESCOGIDO


Añade a la lista algo que parece ridículo, pero no lo es: bayetas en condiciones y tres o cuatro paños buenos, de algodón, que no suelten pelusa, lavados con frecuencia y secos (importante para coger cosas sin riesgo de quemaduras).


No sirve de nada tener veinte cuchillos, cinco ollas, tres sartenes y cuatro tablas; más vale tener lo necesario y siempre a punto (por ejemplo, cuchillos afilados). Hay un cacharro con el multiplicas el repertorio. Incluye en el equipamiento básico una batidora de mano, un instrumento con el que podrás hacer salsas, cremas, hummus y aliños que darán mucho juego a tus platos.


SIGUIENTE PASO PREGÚNTATE PARA QUÉ QUIERES COCINAR


Antes de comprar la sartén, conviene pararse un momento a pensar para qué quieres meterte en este lío. Búscale un sentido a tu cocina. Pregúntate y descubre para qué quieres aprender a cocinar, ¿quieres hacer felices a los demás, cuidarte y dedicarte un poco de tiempo, experimentar y probar, simplemente apañarte y ser independiente? Entender por qué y para qué te apetece hacerlo es importante, cada motivación lleva a recetas y ritmos distintos.


COCINA LO QUE DE VERDAD TE APETECE COMER (MEJOR AÚN SI SE COMPARTE)


Si cocinas lo que te gusta, repites, y eso es lo que te va a enseñar a cocinar. Hay, además, un atajo emocional muy potente: cocinar algo que se comparte. Intenta aprender a cocinar algo que te guste y se pueda compartir, porque siempre es una buena motivación. Si es algo que te preparaban en casa, por ejemplo tu madre o tu abuela, y tienes la suerte de poder preguntarles, hazlo (hablar con ellas siempre es una buena idea).


Sin ser el plato más fácil, la paella valenciana suele ser uno de estos platos, por la tradición y los momentos vividos. Después las cocinas tú para familia o amigos y es más la experiencia total que el plato en sí mismo. Aprenderse el plato familiar tiene tres ventajas: sabes cómo debería saber, tienes a quién preguntar y, cuando te salga bien, estarás dándole de comer a la gente que te importa. Bingo.


Seamos también honestos, todos comemos alguna vez platos que se nos han pasado de cocción, nos han quedado sosos o con exceso de algún ingrediente, y mira, la vida sigue. A veces el arroz se pasa, la mayonesa se corta, un guiso se pega: bienvenido al club, somos millones. Los errores en la cocina no son un fracaso, son la asignatura. De hecho, muchos platos clásicos –desde la tarta Tatin hasta cualquier sopa de aprovechamiento– han salido de un accidente, así que equivócate con alegría. Hay que animarse a tirarse a la piscina para aprender mediante ensayo y error; que la sartén te tenga miedo a ti, no al revés.


FUENTE Mònica Escudero COMIDISTA EL PAÍS

 
 
 
  • 6 ago
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TENDENCIAS 06/08/2026


Al comprar un alimento nos encontramos con términos como "vender antes de" y "consumir preferentemente antes de", pueden parecer sinónimos, pero no lo son, y es posible que no revelen tanta información como crees.


Parece bastante lógico fijarse en la fecha que figura en la etiqueta de un alimento antes de decidir si comprarlo o consumirlo. Sin embargo, una encuesta de 2025 realizada a más de 2.000 adultos en EE. UU. reveló que casi la mitad de ellos malinterpreta el significado real de los términos asociados a esas fechas.


Términos como "best by", "use by", "sell by", "best before" y "expires on" pueden parecer sinónimos, pero no lo son. Y esta confusión puede llevar a la gente a desechar alimentos innecesariamente, lo que supone un derroche de dinero —por valor de 150.000 millones de dólares entre los hogares estadounidenses, según la encuesta— y contribuye al problema mundial del desperdicio alimentario.


"Las fechas de los productos alimenticios rara vez indican cuándo es seguro consumir el alimento", afirma Nicole Arnold, profesora adjunta y especialista en seguridad alimentaria de la Universidad Estatal de Ohio.


En cambio, añade, "casi todas las fechas de los productos alimenticios en Estados Unidos indican durante cuánto tiempo un producto mantendrá su máxima calidad", lo que puede referirse al tiempo que conservará características como el sabor, el color, la textura y el valor nutricional.


Para complicar aún más las cosas, algunos de estos términos son meras sugerencias sobre la calidad del alimento, mientras que otros tienen más peso. Y a veces hay una fecha estampada en el envase de un alimento sin ninguna de estas frases, lo que puede resultar realmente desconcertante.


Algunos miembros del Congreso han presentado la Ley de Etiquetado de Fechas en los Alimentos de 2025, de carácter bipartidista, para reducir la confusión de los consumidores y el desperdicio de alimentos limitando la jerga a solo dos términos: "consumir preferentemente antes del" para la calidad óptima y "consumir antes del" para la seguridad. El proyecto de ley sigue pendiente. Mientras tanto, los expertos afirman que hay algunas reglas generales que puedes seguir dependiendo del tipo de alimento que quieras consumir.


ALIMENTOS EN LOS QUE DEBES RESPETAR LA FECHA


Los embutidos envasados y las salchichas deben desecharse según la fecha de la etiqueta por motivos de seguridad alimentaria; lo mismo ocurre con las carnes, las aves, el pescado y el marisco envasados. En todos estos casos, la preocupación es que las bacterias (como la listeria, la E. coli y la salmonela) presentes en el producto puedan multiplicarse con el paso del tiempo, lo que significa que podrías contraer una intoxicación alimentaria al consumirlo.


Con estos productos perecederos, "no se puede recurrir al aspecto, el olor ni el sabor para evaluar su seguridad, ya que las bacterias patógenas son invisibles", afirma Donald W. Schaffner, profesor de ciencia alimentaria en la Universidad de Rutgers.


Además de la leche de fórmula para lactantes, los alimentos envasados para bebés deben desecharse una vez pasada la fecha de consumo preferente, afirma Sara Morris, investigadora sénior en seguridad alimentaria y trazabilidad del Instituto de Tecnólogos Alimentarios. "El sistema inmunitario de los niños pequeños aún se está desarrollando y no es tan fuerte como el de los adultos, así que hay que prestar atención a la fecha".


PRODUCTOS EN LOS QUE HAY CIERTO MARGEN DE FLEXIBILIDAD


Existe cierto margen de flexibilidad en lo que respecta a las fechas impresas en los envases de los productos lácteos, como la leche, la nata agria y el yogur. Siempre que se conserven refrigerados a 40 grados Fahrenheit o menos, es posible que aún se puedan consumir una vez pasada la fecha de caducidad.


Por lo general, la leche se puede consumir entre cinco y siete días después de la fecha de consumo preferente; el queso duro, entre tres y cuatro semanas después de la fecha indicada (los quesos blandos tienen una vida útil considerablemente más corta); el yogur, entre una y dos semanas después de la fecha de la etiqueta; y la mantequilla, entre uno y tres meses después de la fecha indicada, según Julia Zumpano, dietista titulada del Centro de Nutrición Humana de la Clínica Cleveland.


Por su parte, los huevos se pueden consumir si se cocinan una o dos semanas después de la fecha indicada en la etiqueta. Sin embargo, recuerda que, una vez abiertos los envases de leche, queso o yogur, el contenido se vuelve más perecedero al quedar expuesto al aire, la luz y la humedad. Para ir sobre seguro con todos estos alimentos, los expertos aconsejan olerlos, probarlos y examinarlos visualmente en busca de signos de moho antes de utilizarlos o consumirlos.


ALIMENTOS EN LOS QUE PUEDES USAR TU BUEN JUICIO


En el caso de los aperitivos, cereales, galletas saladas, galletas dulces, condimentos, salsas, zumos, pasta, arroz y aderezos, puedes utilizar tus sentidos —olfateando, observando y probando el producto— para evaluar si te apetece comerlo después de la fecha indicada en el envase.


"No creo que comer cereales rancios sea perjudicial para la salud", afirma Zumpano. "Simplemente puede que no sepa bien". En cuanto a otros productos que pueden llevar o no una fecha impresa en la etiqueta, también es aconsejable utilizar los sentidos para evaluar su frescura. "En caso de duda, tíralo", aconseja Arnold. "Si notas olores extraños o cambios notables en la textura, como verduras crudas blandas, deshazte de los productos".


Del mismo modo, desecha los frutos secos o los aceites si huelen a rancio; aunque no te provoquen molestias digestivas, pueden estropear el sabor de lo que estés preparando. Estas estrategias prácticas te ayudarán a minimizar el desperdicio de alimentos y a maximizar la calidad de tus comidas, tanto desde el punto de vista nutricional como en cuanto al disfrute. Otra buena estrategia: "Sé consciente de lo que hay en tu nevera y en tus armarios y ve rotando tus provisiones de atrás hacia delante", de forma regular, según sus fechas de caducidad, aconseja Zumpano. De esa forma, utilizarás primero los productos más antiguos.


Además, asegúrate de mantener limpio el interior de tu nevera, añade, "porque si hay bacterias en la nevera, es más probable que contaminen los alimentos que hay dentro". Y eso es lo último que quieres que ocurra. En cuanto a las fechas que aparecen en las etiquetas de los alimentos, ¿a cuáles debes prestar atención? "Los consumidores deben prestar atención a todas ellas para gestionar los alimentos que llevan a sus hogares", afirma Schaffner. "Nadie quiere comer alimentos de mala calidad".


FUENTE: Stacey Colino // National Geographic

 
 
 
  • 13 jul
  • 2 min de lectura

TENDENCIAS 13/07/2026


Muchos países ya están legislando para que no se bote la comida sobrante de los establecimientos gastronómicos y restaurantes. En Bolivia los restaurantes hacen caso omiso a la recuperación de comida sobrante.


La filosofía y el sentido común deberían tener una norma clara: antes de que un alimento termine en la basura, debe priorizarse su aprovechamiento siguiendo una jerarquía que da prioridad al consumo humano, ya sea mediante redistribución o donación, antes de otras salidas como alimentación animal, compostaje o valorización energética.


En hostelería, la única medida visible para el consumidor es el “Tapeke”, facilitando que el cliente pueda llevarse los alimentos no consumidos, siempre que sean seguros para el consumo, mediante envases aptos para ello que suministra el mismo restaurante.


Pero más allá de lo que ve el cliente, el impacto real está en la organización interna. La norma impulsa que los operadores desarrollen planes de prevención del desperdicio alimentario y analicen dónde se generan pérdidas.


Para seguir en esta línea nos preguntamos: ¿Llegarán las medias raciones y los menús más flexibles?


Dentro de las buenas prácticas asociadas a la reducción del desperdicio, una de las líneas que gana fuerza es la flexibilización de la oferta gastronómica: permitir diferentes tamaños de ración, adaptar guarniciones o facilitar decisiones más ajustadas al apetito real del cliente.


No se trata necesariamente de una obligación generalizada hoy, pero sí de una dirección clara dentro de la conversación regulatoria y de sostenibilidad.


Porque ofrecer medias raciones no siempre supone simplemente servir menos comida; implica rediseñar escandallos, cocina, pricing, tiempos de servicio y márgenes.


También la donación de alimentos aptos para el consumo es uno de los pilares del nuevo modelo.


Sobre el papel, el planteamiento parece incuestionable: si un excedente puede alimentar a personas, no debería desperdiciarse.


No estamos hablando de los alimentos que se derivan al BANCO DE ALIMENTOS, que está realizando en Bolivia una estupenda gestión. Nos referimos a los alimentos de supermercados y sobre todo de los establecimientos gastronómicos que se derrochan en gran cantidad.


La verdadera sostenibilidad de la hostelería entra en una etapa donde desperdiciar menos dejará de ser una opción reputacional para convertirse, cada vez más, en parte estructural del negocio; no solo económicamente, sino también como un logro de imagen y reputación.

 
 
 

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