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  • 29 abr
  • 3 min de lectura

GastroTOUR 29/04/2026


La cocina puede ser un espacio de rebeldía en un mundo de algoritmos que limitan los hallazgos fortuitos. ¿Y si, en lugar de comer lo que ya sabemos que nos gusta, hiciéramos lo contrario?


Existe una brecha evidente entre el comportamiento racional que se presume que el sentido común airea y lo que la gente realmente hace.


Vivimos convencidos de nuestra racionalidad, pero nuestras decisiones cotidianas desmienten esa fe en la lógica. En el libro Las trampas del deseo, el catedrático de Psicología y Economía Conductual Dan Ariely lo demuestra: los humanos somos predeciblemente irracionales, porque repetimos nuestros errores de forma sistemática, lo que vuelve nuestros fallos completamente previsibles.


De ahí que, en un menú con tres opciones de precio, el más caro actúe como señuelo para que los clientes se decanten por el de en medio, del mismo modo que los algoritmos utilizan sesgos semejantes para influir en nuestras decisiones. Esa ilusión de autonomía es la misma que gobierna buena parte de nuestra vida digital.



Las redes sociales, las plataformas de streaming o las tiendas en línea no hacen más que explotar esa previsibilidad. No buscan lo que es objetivamente mejor, sino aquello que maximiza el tiempo de permanencia en una aplicación o la probabilidad de compra.



El sistema no necesita adivinar lo que nos gusta: basta con observarnos repetir el mismo patrón una y otra vez. Luego nos conduce por el atajo más corto —rutas de bajo esfuerzo y alta predictibilidad— hacia la repetición del mismo comportamiento. El célebre comentario de Henry Ford capta el mecanismo de nuestro pensamiento: “Si le hubiera preguntado a la gente qué es lo que querían, me hubieran respondido que caballos más rápidos”. Dicen los que saben de estas cosas que la rigidez psicológica deriva de la tendencia a evitar opciones en las que la probabilidad de éxito es incierta y a preferir aquellas con resultados ya probados o conocidos.


Eso explicaría esa proclividad tan humana a dar por cerrado el catálogo de la propia vida: ya tienen los amigos que necesitan, los platos que les gustan, los destinos que repiten cada verano. Pura economía cognitiva: el cerebro ahorra energía y se protege de la incomodidad de lo nuevo. Daniel Kahneman tradujo estas desviaciones de la lógica en sesgos cognitivos y demostró que la aversión a la pérdida y la resistencia al statu quo son patrones universales de conducta. Como recordó Bourdieu, el gusto es también una declaración de identidad y pertenencia: cada preferencia cuenta una biografía. Por eso, cuando alguien dice “ya sé lo que me gusta y no soy muy dado a probar cosas nuevas”, no está cerrando una puerta, sino reforzando una demarcación.


El problema reside en que habitamos un ecosistema digital cada vez más sustentado en programas diseñados para aprender y priorizar nuestros gustos, acortando los tiempos de búsqueda. Al ahorrarnos el esfuerzo, corremos el riesgo de clausurar toda posibilidad de hallazgo fortuito y de enriquecimiento accidental en nuestro catálogo de intereses individuales.


La verdadera pregunta es: ¿por qué no emplear esa enorme capacidad predictiva para recorrer el camino contrario? ¿Por qué no instruir a la inteligencia artificial para que, conociendo nuestras jerarquías de prioridad, nos conduzca —de forma deliberada y ocasional— por la ruta nunca transitada? En ese razonamiento se encuentra el motor de la idea del desalgoritmo que inspira la cocina de Mugaritz.


Una ruptura de inercia, como la de Alicia en el País de las Maravillas, cuando decía: “Si yo hiciera mi mundo, todo sería un disparate. Porque todo sería lo que no es. Y entonces, al revés, lo que es, no sería, y lo que no podría ser, sí sería”. Una forma de pensar y crear fuera de las rutinas; lejos de lo previsible, provocando preguntas y desestabilizando certezas, asumiendo la búsqueda como método. En contraposición a las fórmulas asumidas, proponer una inteligencia poética de la duda, donde cada plato es una hipótesis, un interrogante servido. En el fondo, se trata de una ética de la curiosidad: cocinar no para tener razón, sino para seguir buscando; para despertar el hambre de descubrir.

 
 
 
  • 3 dic 2025
  • 3 min de lectura

GastroTOUR SCZgm 03/12/2025


Estamos en plena vorágine de estrella, galardones, premios y soles; todos los años en estas fechas llegan todas las listas y rankings para Chef Restaurantes y premios y galardones en General, los hay mundiales, locales como el de nuestra revista SCZgm y regionales para todos los gustos. Pero la verdad es que muchos están sesgados y son más un truco comercial que una verdadera TOP of LIST.


Sin ir más lejos, la famosísima lista “50 Best Restaurants” no es completamente fiable debido a la influencia del marketing y las relaciones públicas, la falta de pruebas exigidas a los votantes y el posible impacto de viajes de prensa patrocinados por las ciudades. Además, la lista puede ser subjetiva y no siempre concuerda con las opiniones de la crítica gastronómica tradicional.


El ranking más serio y verídico de este rubro son la estrella Michelin, que no tienen ni trampa ni cartón, y sus jueces son verdaderos kamikazes de la gastronomía que no se casan ni con su padre. Michael Ellis, exdirector de la Guía Michelin, da sus trucos y nos descubre secretos para reconocer un restaurante ‘atrapa turistas’.


Detectar restaurantes de calidad dudosa no es tarea sencilla, pero existen señales que pueden orientar a los comensales más exigentes hacia la auténtica cocina casera, para que no te den gato por liebre.




Elegir un buen restaurante para salir a comer puede ser toda una odisea. Especialmente si nos encontramos en ciudades que nos son desconocidas, lejos de nuestros locales de confianza y nuestras apuestas seguras. Y más aún si esa nueva ciudad que visitamos se encuentra inundada por el turismo, algo que potencia, en muchos casos, la proliferación de restaurantes de peor calidad diseñados para un público visitante.


Se conocen como restaurantes ‘atrapa turistas’, un término despectivo que habla de aquellos lugares con una aparente fachada de tradición, pero que, en realidad, cuentan con una carta compuesta de productos preparados y recetas con poco mimo. Aunque a veces sea fácil diferenciarlos a simple vista, y contemos además con recursos como las reseñas o las guías gastronómicas para ayudarnos, no siempre es tan sencillo.


Para Michael Ellis, quien fue director de la Guía Michelin en Francia, hay algunos indicadores clave que pueden ayudarnos a distinguir una cocina de calidad de una que deja que desear. Los ha desvelado en una entrevista reciente en el pódcast Legend, en la que enumeraba aquellas señales inequívocas que nos deberían animar a sentarnos a la mesa a disfrutar de una buena cocina casera.


¿Auténtica cocina casera o ‘trampa turística’?\


Ellis recomienda, en primer lugar, fijarse muy bien en la oferta de la carta para buscar platos regionales cocinados a fuego lento, lo que él llama “platos burgueses”. Se refiere a aquellas recetas locales que sigan las técnicas de toda la vida, la de los asados y los guisos, platos que exijan largas cocciones y el uso de fondos, caldos y salsas.


“Los platos guisados, en general, no son solo una combinación de ingredientes, son auténtica cocina”, señala el experto. “Hay que mirar la carta y ver si hay platos cocinados que sean un poco burgueses, como el pollo al vino, la ternera con zanahorias o el pot-au-feu”, asegura, mencionando algunos de los platos más típicos de la gastronomía tradicional francesa. Lo mismo podríamos aplicar al resto de países; en España concretamente hablaríamos de guisos de ternera, pollos asados, potajes y cocidos…


El segundo truco es aún más fácil de identificar si cabe, y tiene que ver con un objeto muy común en los restaurantes de cocina casera: la pizarra. Cuando un restaurante escribe su oferta del día en una pizarra en la puerta, es un signo de que la carta suele cambiar regularmente, pues depende de productos frescos que llegan a diario del mercado. Nada de preparados ni congelados. Una carta extensa y estática, por el contrario, podría ser un indicio de que el restaurante se sustenta en precocinados y quinta gama, para así contar con una mayor variedad y disponibilidad de platos.


Por el contrario, al responder a cuáles son esas señales de alarma que le hacen alejarse de un lugar, el experto lo tiene claro: “Cuando veo la carta y veo que solo hay ensaladas César, hamburguesas con queso, cosas internacionales... Pueden estar buenas, ¿por qué no? Pero yo busco algo fuera de lo común, algo que esté cocinado con amor y con atención".


FUENTE Ana Plaza INFOBAE

 
 
 
  • 17 sept 2025
  • 4 min de lectura

GastroTOUR SCZgm 17/09/2025


La delegación de la ACADEMIA BOLIVIANA DE GASTRONOMÍA ya está en camino a la gran feria europea ALICANTE GASTRONÓMICA 2025 en España, donde representa a BOLIVIA como País Invitado. Por esto, desde esta embajada gastronómica queremos reportear temas que nos encontramos y no existen en Bolivia y, de esta manera, aumentamos nuestra cultura gastronómica.


En Bolivia no tenemos mar y los redactores de SCZgm nos encontramos en rincones, paisajes y ambientes que son imposibles en nuestra querida tierra: el mar. Y el mar, cuando repercute en la gastronomía, aparece con una palabra mágica: LA LONJA DEL PESCADO, que nos lleva a escribir de tradición, frescura y cultura gastronómica marinera. Estos espacios son el corazón de los puertos pesqueros, donde el mar y la tierra se encuentran para dar vida a una de las actividades comerciales más antiguas: la venta directa de pescado recién capturado para los hogares y los restaurantes.


Por eso, ahora que estamos en el Reino de Valencia, entre la capital del Turia y Alicante, frente al Mediterráneo, no podemos dejar de rendir homenaje a un lugar que no solo abastece nuestras cocinas, sino que forma parte de la esencia gastronómica que defendemos día a día: la lonja.


¿QUÉ ES LA LONJA DEL PESCADO?


La lonja es el punto de conexión entre el trabajo incansable de los pescadores y la mesa del consumidor. En ellas, el pescado se vende a través de un sistema de subasta que garantiza transparencia, calidad y trazabilidad.


Aunque la mayoría funcionan de madrugada, su actividad sostiene la cadena de suministro que hace posible que, cada mañana, desde nuestro restaurante podamos ofrecer pescado de primera calidad a sus comensales.


ORIGEN Y EVOLUCIÓN HISTÓRICA DE LA LONJA DEL PESCADO


Las primeras lonjas nacieron como lugares de intercambio en los puertos pesqueros mediterráneos y atlánticos. Su función inicial era sencilla: permitir a los pescadores vender sus capturas a precios justos y abastecer a la población local. Con el tiempo, se profesionalizaron, se regularon y se convirtieron en centros neurálgicos del comercio pesquero.


Actualmente, las lonjas son espacios que concentran cultura, tradición y economía. Para pueblos costeros, su importancia va más allá de la transacción comercial, ya que refuerzan la identidad y preservan técnicas artesanales de pesca que, de otro modo, podrían perderse.


¿CÓMO FUNCIONA UNA LONJA DE PESCADO?


El funcionamiento de una lonja sigue un ritual preciso: las embarcaciones llegan al puerto, descargan la mercancía, se clasifica por especies y calibres, se registra en el sistema, se exhibe y finalmente se subasta. Esta subasta puede ser presencial en el mismo puerto o de forma remota.


Para los profesionales de los establecimientos gastronómicos, saber de dónde viene el pescado y cómo se ha tratado en cada etapa nos permite ofrecer a sus clientes la máxima frescura y un producto respetuoso con las temporadas de captura.


REGULACIONES Y NORMATIVAS EN LAS LONJAS


Cada lonja opera bajo estrictos controles sanitarios y normas de trazabilidad. Estos protocolos aseguran que el pescado servido cumpla con todos los estándares de calidad y seguridad alimentaria, algo que valoran tanto los comensales como los chefs.


La lonja no es solo un lugar de abastecimiento, sino una fuente de inspiración gastronómica. Los chefs acuden de forma regular a las lonjas de la Comunidad Valenciana para seleccionar personalmente mariscos y pescados que cumplan con criterios de frescura, trazabilidad y pesca sostenible. De esta forma, apoyamos directamente a pescadores locales y garantizamos que cada pieza que llega a nuestra cocina haya sido capturada respetando las temporadas y tallas mínimas.


Gracias a esta relación directa con la lonja, los restaurantes del Mediterráneo valenciano ofrecen en sus cartas sugerencias especiales cada semana en función de la oferta disponible. Puede tratarse de una lubina salvaje, unas cigalas frescas, unos carabineros, unas quisquillas, un gallo San Pedro o un lote de gamba roja de Gandía recién subastada. Los restaurantes quieren sorprender a sus clientes con platos únicos, con el sabor auténtico del Mediterráneo y que reflejan la riqueza del mar en cada temporada.


LA PESCA DEL DÍA: UN RITUAL CULINARIO


Cada sugerencia se prepara con técnicas que respetan el producto y realzan su sabor natural. Desde planchas suaves que conservan la jugosidad hasta guisos marineros que evocan recetas tradicionales de la costa valenciana.


De este modo, “La pesca del día” se convierte en una experiencia gastronómica que cambia con las mareas y las capturas. Por eso, cada visita a los restaurantes de mar valencianos es una experiencia diferente y memorable.


CONCLUSIÓN: LA RIQUEZA DE LA LONJA DEL PESCADO


La lonja del pescado es el alma del comercio pesquero, un eslabón esencial que conecta el trabajo de los pescadores con la mesa del consumidor. En ellas se respira tradición, se fomenta la pesca responsable y se garantiza que el producto llegue fresco y con la máxima calidad. Gracias a su papel en la economía local y a la diversidad de especies que ofrecen, se han convertido en un símbolo de identidad para las comunidades costeras.


Acudir a la lonja, para un chef, seleccionar personalmente cada pieza y llevarla a su cocina es un ritual que les permite ofrecer a sus clientes lo mejor del mar. Es una propuesta reflejo de ese compromiso: mariscos y pescados frescos que cambian cada semana según la oferta de la lonja, preparados con el respeto y la técnica que merecen.

Si quieres descubrir el auténtico sabor del Mediterráneo, sentir la frescura del producto recién llegado y disfrutarlo frente al mar, te invitamos a visitar los restaurantes de esta zona del Mediterráneo y vivir la experiencia completa de la lonja en tu plato.

 
 
 

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