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NOTICIAS 08/04/2026

Hay más dudas: ¿De qué submundo de la alta cocina dice proceder el cocinero nacido en Macedonia, que emigró al país nórdico e hizo milagros con su escasa despensa y con el apoyo de un país que apostó por la alta cocina para brillar? ¿Acaso no venía de grandes restaurantes europeos de nuestro tiempo, no de las cavernas?

¿Somos los periodistas que escribimos sobre gastronomía, corresponsables de que algunos de esos genios de la cocina se hayan creído de otro mundo hasta perder el oremus? ¿Lo son los comensales que se derriten de placer ante todo un equipo en formación para darles la bienvenida, o ante un hermoso ramillete de flores y hierbas comestibles que alguien recogió con mimo, quién sabe si al alba o de rodillas, para el deleite de sus paladares y sus vanidades? ¿Qué más quiere el sibarita?

En esta fría Cuaresma, tiempo de reflexión y penitencia, algo huele a fermentado en la alta cocina. Aun así, no hay que olvidar que las gentes que trabajan en los fogones se dejan la piel; desde el que friega los platos –en el caso de Noma, el friegaplatos Ali Sonko es una de las figuras más carismáticas del restaurante–, hasta el super chef.

Eso es tan evidente como que Redzepi es un gran cocinero, que además fue capaz de cambiar algunos de los restos de una rancia puesta en escena por una modernidad cercana y atractiva. De recordarnos que el lujo podía ser diferente y que vengas de donde vengas –si ahorras para sentarte a la mesa– no vas a sentirte un outsider como un día pudo sentirse él mismo, un chaval hijo de un taxista y de una trabajadora de la limpieza.

Los leones buscan carne fresca en las redes. Y hay quien hubiera preferido otra respuesta que ese humilde arrepentimiento que los desarma.
En su día reconoció el danés cierto resentimiento de clase social.

Pero se convirtió en ejemplo, como tantos otros en el pasado, del poder de la cocina como ascensor social. ¿Qué pasará si el ídolo se tambalea? Redzepi también mostró arrepentimiento por haber llegado a actuar mal, haciendo a otros lo que él mismo se había dicho que nunca haría cuando fuera el jefe después de haberlo sufrido en sus carnes cuando estaba empleado en otras cocinas.

¿Se acuerdan de las terribles novatadas en la mili o en algunas universidades? ¿Hay alguna explicación para hacer a los demás algo horrible que a ti te hicieron? Seguramente sí, y puede ser que esté más desarrollado en el cerebro masculino que en el de las mujeres.

En esta sociedad polarizada, que hoy te acomoda en un trono y mañana te tira al contenedor de orgánicos, quizá sería bueno tomarse un tiempo para reflexionar. Y más que condenar o, al contrario, pasar por alto los pecados de los ídolos, pensar en qué se podría hacer mejor.

Los leones buscan carne fresca en las redes. Y hay quien hubiera preferido otra respuesta que ese humilde arrepentimiento que los desarma. Dice Redzepi: “Aunque no reconozco todos los detalles de estas historias, puedo ver reflejado lo suficiente en mi comportamiento pasado en ellas como para comprender que mis acciones perjudicaron a quienes trabajaron conmigo. A quienes han sufrido bajo mi liderazgo, mi mal juicio y mi enojo, les pido disculpas profundamente y he trabajado para cambiar”. Insiste el chef en que “la organización que somos hoy es muy diferente a la que teníamos al principio. Estoy agradecido a nuestro equipo y a la forma en que han ayudado a transformar la cultura de nuestra cocina, así como a su dedicación a impulsar la industria”. Un equipo, afirma, que lo ayuda a mejorar cada día. “No puedo cambiar quien fui, pero asumo mi responsabilidad y seguiré trabajando para ser mejor”. Mientras, desde Noma advierten que están investigando con una auditoría independiente cada una de las acusaciones. Y, no lo duden, en muchos restaurantes del mundo habrá quien esté poniendo las barbas a remojar.
Contribuir a endiosar a alguien solo sirve para crear monstruos que se sienten dueños del universo. Lo vemos en la política más que nunca y nos da miedo. La alta cocina, en cambio, procura el placer de quienes se sientan a la mesa. Es un lugar en el que la competitividad enfermiza y testosterónica ha de calmarse y dejar que afloren la creatividad y la hospitalidad que le dan todo el sentido.





















