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  • 10 jun 2022
  • 2 Min. de lectura

Actualizado: 1 jul 2022

GASTRO TEST/INF/SCZgm/ 10 Junio 2022


¡Quién dijo que el frío no se disfruta, claro que se disfruta! Sobre todo, si aprovechamos la temporada más fresca del año para darnos el gusto con platos más calóricos y consistentes que alimentan el alma.

Aquí en el GASTRO TEST de SCZgm les traemos la receta del clásico guiso de lentejas que todos amamos, pero mejorado con costilla ahumada, bondiola y chorizo ahumado de La Porcina. Ya sebès las lentejas o las tomas o las dejas.



INGREDIENTES PARA 5 PERSONAS


• 600 grs. de Costilla ahumada de cerdo La Porcina


• 300 grs de Chorizo ahumado La Porcina


• 500 grs de Bondiola deshuesada La Porcina en trozos


• 450 gramos de lentejas


• 1 cebolla blanca picada.


• 3 dientes de ajo picados


• 1/2 pimentón (verde o rojo) picado


• 1-2 tomates maduros


• 2 zanahorias cortadas en rodajas finas


• Una pizca de azúcar


• Comino en polvo, pimentón dulce o paprika 1 cdita


• 3 hojas de laurel


• Tomillo a gusto


• 2-3 c/s de aceite de oliva o neutro


• Sal a gusto (la costilla ahumada es salada, tomar en cuenta)

Preparación

1- La noche previa deja en remojo las lentejas para que se hidraten.

2- Poner la olla a calentar con el aceite, incorporar las costillas de cerdo, la bondiola y sellar. Cuando estén doradas por todos lados, baja el fuego casi al mínimo y añade los ajos, la cebolla picada, la zanahoria y el pimentón.

3- Cocina a fuego lento hasta que sude la cebolla, incorpora el tomate rallado, el azúcar y mezcla bien, dale unos dos minutos y añade las lentejas (previamente escurridas), la mezcla de especias y el tomillo. Sofreír un par de minutos y añade agua hasta cubrir dos o tres dedos por encima las lentejas.

4- Llevar a hervor y después baja el fuego, cocinar con la olla tapada durante 30-40 minutos, hasta que las lentejas estén tiernas.

5- Agregar el chorizo ahumado en rodajas, rectificar sal o especias si fuera necesario.

6- Apagar el fuego y deja reposar cinco minutos. Y a comer!!!


FICHA NUTRICIONAL: Las lentejas con chorizo tienen 350 kcal / lo que respecta a sus nutrientes cada 100 gramos aporta: Grasas 1.8 gr, Zinc 3.1 gr, Hierro 7,1 gr, Fibra 11.7 gr, Proteínas 23.8 gr, Hidrato de carbono 54 gr, Magnesio 78 gr, Fósforo 240 gr, Calorías 351 y Potasio 737 gr.


 
 
 
  • 9 jun 2022
  • 2 Min. de lectura

Actualizado: 1 jul 2022

NOTICIAS/ INF/ SCZgm y Cds / 09 Junio 2022


Un acontecimiento gastronómico extraordinario, este viernes 10 de Junio en la escuela Gastronómica de la UDI by DOSSIER estará el “crack” de la cocina creativa boliviana, Juan Pablo Gumiel, quien presentará su nuevo menú degustación.

La aventura de Gumiel comenzó hace 10 años cuando vio un programa en la televisión de Anthony Bourdain. Empezò a innovar y a experimentar en su propia cocina y le gustó la posibilidad de crear.

Fue entonces cuando dejó la carrera de odontología para buscar la magia de la gastronomía. Estudio en la Escuela Hotelera de La Paz y realizó su pasantía en el Sucre Kolping. Las personas que más lo influenciaron fueron Roger Maldonado que le enseñó a darle un plus al plato en la presentación y Andrés Muñoz con las técnicas y los sabores.

Fue becado en Los Tajibos, Santa Cruz; en la Escuela de Gallia en Lima y en las Islas Canarias en España, tiempo en el que conoció a personalidades de la gastronomía latinoamericana y europea.

En Sucre comenzó en el restaurante “Le Biscuit”, trabajo en el desaparecido restaurant Mooy, en la Escuela Entec y asesoró varios restaurantes. El momento más precioso de su carrera fue hacerse cargo del restaurant “Salamandra” donde pudo crear sus propios platillos, lo cual le dio la posibilidad de ingresar al Medio de Integración de la Gastronomía Bolivia (MIGA). Durante ese tiempo profundizó su estudio de la cocina chuquisaqueña que para él es la mejor que existe en Bolivia y tiene proyectado publicar los resultados de su investi-

gación.


Actualmente trabaja como chef ejecutivo de El Portal, Centro de Convenciones en Cochabamba. Afirma que cada milésima de segundo lo tiene en su corazón para amar más lo que hace y se siente completamente orgulloso de ser un cocinero.




Fuente; Producción SCZgm y Correo del Sur Tarija

 
 
 
  • 9 jun 2022
  • 3 Min. de lectura

Actualizado: 1 jul 2022

TENDENCIAS/PR/SCZgm/ 09 Junio 2022


Diez años, ya van diez años que vivo en Bolivia. Como muchos extranjeros, llegue al país como cooperante. Sociólogo, vine con la cooperación Suiza, pero me llevó muy poco para entender que la cooperación no era lo mío y lo digo con todo el respecto al mundo de la cooperación.

Con mi compañera, hace 9 años, fundamos Casa Venturini, una empresa suizo/boliviana.Han habido muchas personas que en el transcurso de estos años me preguntaron porque quesos, si quesos, esto es lo que producimos. Claro que no son simples quesos, en realidad son muchos más.


Contestar a esta pregunta siempre fue fácil: he aprendido a producir lo que me hacia falta, sabores con los que nací, que me han acompañado por casi toda mi vida y que, lastimosamente, en Bolivia no podía encontrar.

No digo que acá no se producen buenos quesos, pero ustedes saben…estos sabores de tu infancia no son fáciles de encontrar si cambias de continente.



Así que comenzamos con la Formagella, un queso de mi región, el Ticino, pequeño departamento de Suiza donde se habla italiano. El país es Suiza pero la cultura gastronómica es totalmente Italiana. Con nuestros primos italianos compartimos, a parte del idioma, el gusto por la buena comida.



Pero estoy divagando, discúlpenme.

La idea entonces era producir productos y sabores que no encontraba en mi nuevo país.

Como dije la formagella fue el primer queso, después llegaron el taleggio (queso típico del valle de Taleggio en el norte de Italia), il formaggio dell’alpe (típico de mi región), otro queso fresco también típico de mi región y por último un tete de moine que traducido en castellano sonaría como cabeza de monje, seguramente por su forma, producido en la parte francesa de Suiza.



A parte el queso fresco, los otros tienen una maduración que va desde un mes a 5 meses, obviamente maduran en una cueva bajo tierra, construida en piedra, donde hay una temperatura y una humedad optima.

Así, produciendo estos quesos, pasaron los años. Y sabemos que, si hacemos siempre la misma cosa, que nos guste o no, nos agarra la famosa rutina. ¡Había que inventar algo nuevo y, sobre todo, inventarlo muy rápido!

Comenzamos a construir un nuevo laboratorio y una nueva cantina, esta vez para producir cárnicos. Otros productos que, de igual manera, me habían acompañado por toda la vida.

Cuando terminamos de construir el lugar me fui un mes de vacaciones a Suiza para tratar de convencer un amigo carnicero a darme sus recetas, sus secretos. No fue fácil convencer un carnicero de setenta años a desvelarme los secretos de familia. En general estos secretos se guardan como oro en una bóveda, por donde sea que uno este.


El hecho es que, después de mucha insistencia y varias botellas de vino, este hermoso señor me dio las recetas de algunos productos y, terminadas mis vacaciones, volví a Cochabamba lleno de entusiasmo y expectativas y empecé la producción.

¡Nada salía como tenía que salir!


Entendí entonces que no es suficiente tener una receta para que todo salga bien, lo más importante es el aprendizaje, la experiencia. Agarre el teléfono y me toco otro gran reto…tenía que convencer mi amigo carnicero a viajar a Bolivia. ! Un hombre de 70 años que viaje a Bolivia no es la cosa más fácil del mundo, aun mas si pensamos que era uno de esos hombres que nunca se han alejado mucho de su pequeño pueblo !

Pero a veces la vida nos sorprende. Una mañana me llama avisándome que tenía el pasaje y que yo debía estar en el aeropuerto a la hora exacta. Se quedo diez días en mi casa y el primer de estos días me dijo: -“amigo, concéntrate bien porque no voy a viajar otra vez del otro lado del mundo y tienes muchas cosas para aprender”.

Me enseñó a producir salami, jamones, bresaola y tocinos como, antes de el hacia su padre y, antes, su abuelo. Viendo al Giano trabajar, ese es su nombre, aprendí que quiere decir dedicación y pasión.


Pero más aun aprendí que la tecnología y la velocidad no lo son todo.

Estos productos artesanales, traspasados de generación en generación, necesitan sabiduría, maestría y, sobre todo, tiempo. Tiempo y paciencia hasta cuando, con la debida experiencia, el maestro decide que el producto esta listo para llegar a la mesa de los clientes.


 
 
 

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