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  • hace 3 días
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SOLOVINO 12/05/2026


Les presentamos las conclusiones del informe del estudio de mercado del vino en Bolivia


• El estudio de mercado fue realizado con un total de quince empresas, de las cuales diez son productoras y cinco importadoras. Estas empresas representan el 98% de la producción nacional y aproximadamente el 67% de los volúmenes importados de vino.


• La producción de uva registrada para la cosecha 2015-2016 alcanzó 1.500.000 qq de uva, destinándose el 44% a la fabricación de vino, generando alrededor de USD 20 millones de ingresos para el país.


• Se evidenció una tendencia creciente en la producción de vino a lo largo del período enero 2012 – junio 2016, incrementándose de 57.594 hectolitros en 2012 hasta 88.978 en 2015, un incremento de aproximadamente 54%, con una tendencia a incrementarse durante la gestión 2016, que para el primer semestre registró 43.438 hectolitros.


• La demanda presentó una tendencia creciente en el período enero 2012 – junio 2016, partiendo en el año 2012 en ventas de Bs 126,59 millones hasta Bs 193,67 millones el año 2015, representando un crecimiento del 53,0% en cuatro años, estimándose que para el año 2016 se tenga la misma tendencia al alza en ingresos por ventas.


• Se percibe durante los últimos cinco años un nivel de concentración superior a los 2.000 puntos según el Índice Hirschmann – Herfindahl, medido de acuerdo al nivel de ingresos por ventas; en consecuencia, se trata de un sector altamente concentrado.


• En general, las ventas de vino nacional según su tipo están distribuidas de manera uniforme entre blancos y tintos; sin embargo, en función a su variedad, las preferencias se dirigen en un 25% hacia los vinos de altura, en particular, el Cabernet Sauvignon (13%) y el Syrah (12%).


• Las ventas de vinos importados según su tipo están dirigidas al tipo tinto, en alrededor del 90% en el período analizado, siendo las variedades que representan más del 80% de las preferencias las Bonarda, Cabernet Sauvignon-Syrah, Torrontés y Chardonnay, en promedio con el 45,32%, 13,34%, 12,72% y 8,90%, respectivamente.


• Los departamentos que más vino demandan son Santa Cruz y La Paz con un 58,81% y 36,77%, respectivamente; el primero por tener un mayor desarrollo económico y el segundo por ser la sede de gobierno, ambos con una concentración poblacional.



• La oferta de vino procede en su mayoría del departamento de Tarija con un 90,9%, debido a la concentración de las empresas productoras; 0,1% de Chuquisaca, y 9% del departamento de Santa Cruz con una empresa productora y cinco empresas importadoras.


• La diversidad de precios de venta de vino está en función al tipo, variedad, empresa productora, importador y marca, existiendo una marcada diferencia en los precios de vinos nacionales en relación a los importados, salvo los denominados vinos nacionales de altura que reflejan precios concordantes con los extranjeros.


• En función a si se trata de un vino producido a nivel local o de origen extranjero, los canales de distribución son similares, siendo los principales centros de venta los supermercados, licorerías y restaurantes.


• Para la gestión 2015 en Bolivia se contó con una capacidad instalada de producción de vino de aproximadamente 8.490.540 litros, determinándose una subutilización de la capacidad instalada para la producción de vino de aproximadamente un 16%.

 
 
 
  • 5 may
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SOLO VINO 05/05/2026


Elegir vino en un restaurante puede parecer una decisión sencilla, pero esconde más estrategia de la que muchos clientes imaginan. Existe una creencia bastante extendida sobre el hecho de evitar el vino más barato para no parecer tacaño y optar por una opción ligeramente superior en precio.


Sin embargo, los expertos en vino coinciden en que esa elección puede ser precisamente la peor posible. Y es que la colocación de los vinos en la carta no es casual. Responde, en muchos casos, a una lógica comercial diseñada para maximizar beneficios a costa de adelantarse a lo que piensa el cliente.


Jugar con los precios y con la forma de pensar más habitual en los clientes de los restaurantes. El truco del “segundo más barato”. Muchos restaurantes saben que el cliente medio no quiere pedir el vino más económico. Por eso, sitúan una opción ligeramente superior que parece más equilibrada, pero que en realidad suele ser la que mayor margen de beneficio genera y no la que más se acomoda a lo que quiere disfrutar un comensal habitual que no es experto en vino.


La realidad es que ese segundo vino más barato suele ser el que el restaurante compra a menor coste en proporción a su precio de venta. Es decir, es el producto con mayor margen oculto. Este comportamiento está ampliamente estudiado en restauración. Se juega con la percepción del cliente, que busca una opción razonable sin darse cuenta de que está eligiendo una de las menos interesantes en términos de calidad-precio.


Frente a esta estrategia, los expertos recomiendan una alternativa clara, como lo es optar por el vino de la casa. Aunque muchos lo asocian a una opción básica, en realidad suele ofrecer una buena relación calidad-precio.


El motivo es muy simple. El restaurante compra grandes cantidades de ese vino, lo que le permite ofrecerlo a un precio más competitivo sin necesidad de inflar tanto el margen. Además, en muchos casos se trata de vinos correctos, pensados para acompañar bien la comida sin complicaciones ni buscar maridajes complicados o extravagantes. La realidad es que no siempre el precio refleja la calidad, y menos en una carta diseñada con criterios comerciales y no está elaborada por un experto en vino.


Para evitar caer en este tipo de trampas, los expertos recomiendan no dejarse llevar solo por el precio. También es útil pedir consejo al personal o fijarse en denominaciones de origen conocidas. Otra estrategia es evitar elegir automáticamente la segunda opción más barata y analizar el conjunto de la carta con más criterio. De este modo, es posible encontrar vinos interesantes sin gastar de más. Así pues, la próxima vez que tengas una carta de vinos delante, conviene pensarlo dos veces.


Porque, como advierten los expertos, el peor vino no siempre es el más barato, sino el que parece una elección inteligente sin serlo. Pero de nada vale todo esto si vemos que en algunos restaurantes no se cuida la guarda del vino y este se estropea notablemente y lo que es caro o barato está para botarlo.

 
 
 
  • 28 abr
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SOLOVINO 28/04/2026


En un wine party debemos tener en cuenta, obviamente, un buen vino, y luego dos flancos importantísimos: las cinco herramientas para descorchar una botella y un buen grupo de amigos.


Se trata de un tema práctico, realmente útil para disfrutar de una botella de vino en plenitud. El menaje, para quien ande perdido, es el conjunto de herramientas y accesorios especializados para abrir, servir, decantar y conservar el vino, fundamentales para mejorar la experiencia de cata y servicio. Y es que hay mucho artilugio de dudosa utilidad, por no decir de ninguna; es por ello que este texto lo voy a dedicar a objetos que sí son diferenciales y os van a ayudar a mejorar vuestra experiencia vinera.


COPAS


Empecemos por lo más evidente: las copas. Porque no tiene ningún sentido plantearse beber bien, que no tiene solo que significar caro, si no disponemos de recipientes adecuados. Elegid el que queráis, pero que sea una copa de vino en sentido estricto y dejáos de vidrios gruesos, toscos, con colorines o biselados, en definitiva, poco apropiados.


Las mejores copas relación calidad-precio son las Spiegelau Definition; aunque es cierto que cada vez ese precio es superior, aun así, siguen siendo las mejores en ese aspecto. Su modelo Universal os servirá para cualquier vino, ya sea rosado, blanco, tinto, dulce, naranja o espumoso. Vienen en pack de 2, que siempre lo suyo es descorchar en compañía.


El cristal no es lo único que importa: cómo elegir la mejor copa para cada tipo de vino (y qué ejemplos lo demuestran).


SACACORCHOS DE LÁMINAS


Para ser sincero, este objeto del menaje de vinos es algo más profesional y requiere de cierta práctica y maña con él. Es cierto. No obstante, el sacacorchos de láminas es ideal si os gusta abrir referencias con algunos años encima.


Que, ojo, ya no solo me refiero a añadas preconstitucionales, que en ese rango ya están las añadas noventeras y de principios de siglo. Sí, vamos a morir todos. Además, su precio es realmente asequible; hay que tenerlo. Y, por supuesto, también el “normal”. Dejaos de eléctricos, a pilas y demás chorradas.


DECANTADOR


Es tan cierto que yo no soy muy aficionado al decantar como que es otro de los objetos imprescindibles para un amante del vino. Me explico. Cuando no hay prisa ni necesidad de tomarse el vino de inmediato —la inmensa mayoría de veces—, no me gusta jarrear vinos, porque esa sobreoxigenación puede acelerar un proceso que es muy disfrutable vivirlo lentamente.


Ahora bien, a poco que descorchéis vinos, más temprano que tarde os encontraréis con un vino al que sí le haga falta ese golpe de oxígeno o bien haya presencia de precipitados que haga recomendable el cambio de botella a decantador. Los hay de muchos precios; pero os aconsejo que prioricéis su facilidad en el lavado.


MARCACOPAS


Puede parecer una completa tontería, pero si sois de montarla en casa —me refiero a wine parties—, este ítem os puede resultar de lo más útil —más aún si vuestra cristalería es toda del mismo modelo—. Tened en cuenta que la gente se despista, sale a fumar, va al baño y se enreda. Es entonces cuando llegan las famosas “¿cuál era mi copa?” y “¡ojo, que esa no es tuya!”.


Además, es una buena idea para regalar, porque, obviamente, de todo este menaje de vinos, dicho objeto es el más emulable de manera casera a través de rotuladores, pegatinas o colgantes varios. Eso es cierto.


RECIPIENTES GUARDA VINOS


Cierro con el más sofisticado, también más caro, y de utilidad más diversa, sobre todo para profesionales. Hay diferentes modelos, pero, de una u otra manera, su funcionalidad radica en servirte un vino y que puedas conservar el resto de la botella desde semanas a años.


Desde el antiguo Egipto, los recipientes que se usaban para transportar los líquidos más apreciados, como el aceite y el vino, eran ánforas de arcilla y barro que, gracias a sus dos asas superiores, eran fáciles de manejar. Sin embargo, su transporte era complicado por tierra; al ser tan frágiles, se rompían, y en barco se transportaban en las bodegas cubriendo parte del suelo con arena y enterrando parcialmente la base cónica del ánfora.


Al no ser un recipiente hermético, cuando el ánfora contenía vino, se oxidaba demasiado rápido y tenía que consumirse antes de que se estropeara.


Hasta existe un modelo específico para espumosos. Los hay a partir de los 200 euros y, si sois de mucho abrir y poco terminar, es vuestro gadget definitivo. De nada.

 
 
 

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