top of page

SoloVINO 27/01/26


Quizá en estos momentos usted tenga tiempo y dinero para hacer una escapadita a un château francés, a un pueblo de Occitania lindando con España. Vuelo a Madrid y AVE a Barcelona y a tres horas a dormir y comer en un castillo de hadas entre viñedos.


En Tarija no tendremos castillos de hadas, pero sí casas chapacas como la de TINTO, restaurantes de bodegas como Atmosfera y José Luis, y buen vino no falta ni en Narbona ni en Tarija.


A pocos minutos de Narbona (Francia), a menos de tres horas de Barcelona, en un macizo rocoso rodeado de viñedos, esta bodega reconvertida en hotel de lujo discreto invita a desconectar en un entorno natural privilegiado.


Un tapiz marrón de viñedos, hasta donde alcanza la vista, da la bienvenida mientras los primeros rayos se reflejan, allá a lo lejos, en el Étang de Campignol, una laguna que funciona de antesala acuática del Mediterráneo. Esta es tierra de flamencos y garzas, de lavanda y otras hierbas aromáticas, y de cientos de hectáreas de sarmientos nudosos que, en pocos meses, volverán a ofrecer sus vides para producir algunos de los mejores vinos del sur de Francia.


Caminando entre parcelas de Syrah, Marsanne, Garnacha negra y blanca o Bourbolenc que crecen en el macizo de La Clape, cerca de Narbona, entre los pinos emerge una centenaria casa señorial con sus ventanas altas y su torre rematada por una cúpula cónica. Este es el corazón de Château Capitoul, una antigua bodega que propone desconectar entre vinos, gastronomía de alta gama, paseos en la naturaleza y relax en el spa.


El château es la punta del iceberg de las experiencias que se puede tener en este complejo a 10 minutos del centro de Narbona, porque además de las ocho habitaciones y suites de ese edificio histórico hay que descubrir la elegante propuesta de las villas, las 44 construcciones que parecen un calco de un pueblo occitano. Las más pequeñas (un adjetivo que se queda corto) tienen dos habitaciones y dos baños; hasta las más grandes que presumen de contar con cuatro dormitorios.


Todas cuentan con cocina completamente equipada y sala de grandes dimensiones, terraza y jardín privado con plantas autóctonas, además de detalles como contraventanas de madera y tejas de terracota que refuerzan esta estética pueblerina.“Igual que los mejores vinos franceses, buscamos ofrecer un coupage de experiencias”, nos cuentan en Château Capitoul.


¿De qué se trata? Pues de tener la opción de alojarse en la residencia o en las villas, de elegir salir a caminar entre los viñedos o contemplar el paisaje desde la terraza, de optar por un restaurante de menús degustación o de saborear carnes y pescados a las brasas en otro restaurante, de decidirse por las diferentes alternativas de catas y enoturismo, o de dejar que el cuerpo y la mente pongan el contador a cero en el spa.


Propuesta de alojamiento es el último capítulo de un establecimiento que hunde sus raíces en la larga tradición vinícola de la región, desde que los griegos plantaron las primeras vides en el V a. C., y que siglos después eran un apreciado premio que el Imperio Romano otorgaba a sus legionarios. Pero la primera fecha concreta en que se cita a Capitoul procede de 1324: por lo que se sabe, a mediados del s. XV las tierras eran propiedad de los canónigos de Saint-Just, quienes en Narbona levantaron una catedral que jamás se terminó.Las generaciones siguientes vieron pasar períodos de decadencia y prosperidad, como el boom comercial tras la filoxera, que llevó a la familia Riviere a levantar el château en el estilo tradicionalista que ostenta actualmente. La nueva etapa de la finca llegó cuando la familia Bonfils adquirió la propiedad en 2011, y pocos años después inició las obras que transformarían a Château Capitoul —una de las 17 bodegas del grupo familiar— en un exclusivo complejo enoturístico.


Los vinos del château, cultivados en las 62 hectáreas del complejo, se pueden disfrutar de varias formas. Una es participando en algunas de las catas que se ofrecen en la bodega, ya sea la que invita a probar sus tintos, blancos y rosados de la AOP La Clape, a combinarlos con caminatas, paseos con e-scooter o con maridaje de quesos. Sea cual sea la opción, las explicaciones de guías como Sandra Milhau invitan a entrar en un mundo nuevo.


Otra alternativa es acompañando las comidas y cenas de los dos restaurantes del château, Mediterráneo y Asado. El primero, ubicado en la planta baja de la residencia, ofrece tres menús degustación: uno de tres pases, otro de cinco (L’Expression) y uno de siete (Le Reflet de Valère), donde la chef Valère Diochet crea platos de gran complejidad que resumen, como bien dice su nombre, los sabores del mar que baña las costas de Narbona. Si está recomendado por la Guía Michelin, por algo será.


Asado, también lo sintetiza su nombre, rescata la tradición de las carnes, pescados y verduras a las brasas. Montado en la antigua bodega, con una estética ampulosa de lámparas art decó, una nevera presenta diferentes cortes de vaca, con diferentes períodos de maduración, donde se extraen chuletones de 1 kg o más acompañados de guarniciones (patatas fritas, ensaladas y nabo caramelizado) que se puede servir sin límite. Como si uno pudiera quedarse con hambre tras semejante plato.


En este mismo restaurante se sirve el desayuno, donde se evita la abundancia innecesaria, con una interesante variedad de panificados, quesos, embutidos, preparaciones de huevos y zumos. Una alternativa interesante es pedir la canasta que trae muchos de estos ingredientes para desayunar en la villa, ya sea en la terraza que prologa la piscina infinita (hasta que no vuelva el calor, solo estará como reclamo decorativo), o en la sala donde el terruño se despliega desde los grandes ventanales.

 
 
 

SOLOVINO 20/01/2026


El sector vitivinícola en España y América Latina lidera la exportación mundial de vino.


También impulsa la sostenibilidad, refuerza la identidad cultural y dinamiza el desarrollo económico en regiones clave. Solo en España, se exportan vinos a más de 180 países.


Más allá de su impacto económico, la viticultura representa tradición, patrimonio y paisaje.


A través de las denominaciones de origen y las rutas enoturísticas, el sector promueve el desarrollo rural y la innovación agrícola.


También la proyección internacional de sus territorios. Así, el vino no solo genera riqueza, sino que construye cohesión social, identidad local y resiliencia frente a desafíos globales.


El sector vitivinícola es uno de los pilares económicos de España.


Representa cerca del 2 % del PIB, proporciona más de 360.000 empleos y juega un papel crucial en la economía rural.


De acuerdo con la Federación Española del Vino (FEV), el país produjo más de 32 millones de hectolitros en 2023.


“España está llena de pequeñas bodegas en diferentes regiones y creo que esto es precisamente lo que le otorga al sector su singularidad y su importancia”, señala José Luis Benítez, ingeniero agrónomo por la Universidad Politécnica de Madrid y director general de la federación.


España es, además, el primer exportador mundial en volumen y el tercero en valor. Sus vinos se venden en 180 países de todo el mundo, sobre todo en Alemania, EE. UU., Reino Unido y Francia. En 2023, el país contaba con casi 4.000 bodegas exportadoras.


Además, en España, por ejemplo, la superficie de viñedo ecológico ha registrado un importante crecimiento durante los últimos años. De acuerdo con la Interprofesional del Vino, en 2024 el país contaba con 142.100 hectáreas de viñedo ecológico para vinificación, el equivalente al 15,3 % de la superficie total de viñedo del territorio.


Chile se presenta como el principal productor de América Latina en la actualidad y también como un importante exportador. De acuerdo con la Organización Internacional del Trabajo (OIT), se trata de uno de los países más dinámicos en el comercio internacional de vino y del cuarto exportador más importante del mundo.


En 2023, la superficie nacional de vides dedicadas a la producción de vino alcanzaba las 124.000 hectáreas.


En ese mismo año, las exportaciones de vinos y mostos alcanzaron los 772 millones de litros y un valor de más de 1.600 millones de dólares.


“En términos económicos, el vino es una de las principales exportaciones agrícolas chilenas y genera millones de dólares de ingresos anuales. Además, forma parte de la identidad nacional y es la raíz de tradiciones que giran alrededor de las fiestas de la vendimia y de la gastronomía, que impulsan cada vez más el desarrollo local y el enoturismo”, señala Patricio Parra, gerente general del Consorcio I+D Vinos de Chile.


Se calcula que Argentina es el séptimo mayor productor de vino del mundo y el segundo de América del Sur, solo por detrás de Chile.


En 2024, según datos del Instituto Nacional de Vitivinicultura (INV), la producción de vino argentino registró una recuperación y alcanzó los 10,8 millones de hectolitros.


México es otro de los países latinoamericanos con un sector vitivinícola potente, capaz de generar más de 500.000 empleos directos en la actividad primaria de cultivo de la vid y otros 10.000 puestos indirectos.


En 2022, contaba con una superficie sembrada de 36.000 hectáreas y produjo casi 40 millones de litros de vino.


Con tradición e innovación, el vino proyecta a España y América Latina como referentes mundiales de desarrollo sostenible.


Ambos territorios siguen consolidando su liderazgo global gracias a un sector que combina tradición, sostenibilidad e innovación, y que aporta valor económico y cultural a sus regiones.


FUENTE: Informe BBVA

 
 
 
  • 13 ene
  • 4 Min. de lectura

SoloVINO 13/01/2026


Los vinos de Bolivia son un tesoro por descubrir. Te hablamos de su historia, viñedos, sus principales características y mucho más sobre estos vinos de altura.


Bolivia lleva siglos haciendo vinos que, por las condiciones propias del país sudamericano, se elaboran a más de 1.600 metros de altura, llegando a superar los 2.000 metros en algunas zonas. Vinos estructurados, con mucha calidad, elaborados con artesanía y buen hacer… los vinos de Bolivia buscan hacerse un hueco en el complicado y agresivo mercado vinícola.


HISTORIA DE LOS VINOS DE BOLIVIA


La vitivinicultura en Bolivia comenzó con la llegada de la uva durante la colonización española a través de dos rutas: la Conquista del Perú y la Conquista del Río de la Plata. Desde Panamá hasta Cuzco, la uva llegó a los valles, donde se establecieron las primeras viñas. Paralelamente, la uva llegó desde España a Asunción y luego a los valles cruceños, expandiéndose a otras áreas como Chilón, Mizque y Vallegrande.


En los 1600s, la región de Charcas, especialmente Tarija, se convirtió en un centro vitivinícola. Durante el Imperio Español (1540s-1825), diversos grupos étnicos y religiosos impulsaron la producción local con apoyo de la corona. Las Reformas Borbónicas y la Guerra de la Independencia fortalecieron la producción en Santa Cruz, Tarija y los cañones de Cinti y Cotagaita. Sin embargo, la República de Bolivia experimentó una decadencia en la producción agrícola, aunque regiones como Tarija y Santa Cruz mantuvieron viñedos caseros y Cinti destacó por sus haciendas.


La Revolución de 1952 revitalizó la producción vitivinícola mediante cooperativas en Cinti. En los 1970s, figuras como Julio Kohlberg Chavarría introdujeron nuevas técnicas en Tarija, y en los 1990s, la producción se diversificó con vinos varietales de cepas internacionales. En los 2000s, proyectos como Vinos 1750 en Samaipata contribuyeron al renacimiento vitivinícola, posicionando nuevamente a Bolivia en el mapa mundial.


REGIONES Y VIÑEDOS EN BOLIVIA


Los vinos de Bolivia se caracterizan porque toda la producción se establece en la categoría de vinos de gran altura, dado que la producción de todas las uvas en Bolivia se cultivan en altitudes que van entre los 1.600 a los 2.600 msnm, lo cual otorga un ecosistema particular a los valles. Los viñedos son producto de una trayectoria llena de desafíos, lo que permite en el producto final un terroir característico de los valles bolivianos.


Gracias a esta altura, el vino boliviano es singular y expresivo, con aromas intensos, colores y taninos fuertes, y sabores especiales que reflejan la esencia de la tierra, los principales valles son:


Valle de Tarija: Este valle es uno de los más importantes y reconocidos en Bolivia. Ubicado al sur del país, a una altitud que varía entre 1.600 y 2.000 metros sobre el nivel del mar, Tarija se caracteriza por su clima templado y soleado, lo que permite una maduración óptima de las uvas. La región es famosa por producir vinos de alta calidad, con un buen equilibrio entre acidez y cuerpo, y singanis aromáticos y frescos.


Samaipata: Situado en el departamento de Santa Cruz, a una altitud de alrededor de 1.750 metros sobre el nivel del mar, Samaipata se beneficia de un microclima único que combina temperaturas moderadas y una gran luminosidad. Los vinos de esta región son conocidos por sus sabores frescos y frutales, con una buena acidez por la característica de los suelos.


Valle de Cinti: Este valle, al lado de Tarija, es conocido por sus viñedos centenarios y producción de variedades criollas, situados a altitudes que pueden alcanzar los 2.600 metros sobre el nivel del mar.


LAS UVAS CON LAS QUE SE ELABORAN LOS VINOS BOLIVIANOS


El principal cultivo de uva en Bolivia es Moscatel de Alejandría, variedad emblema del país y materia prima en la elaboración de vinos y singanis, además de consumirse como uva de mesa.


Gracias a la investigación y años de trabajo de diferentes bodegas nacionales, hoy Bolivia ofrece una amplia variedad vinífera destinada exclusivamente a la elaboración de vinos. Entre las principales cepas se puede mencionar a Cabernet Sauvignon, Syrah, Tannat, Merlot, Malbec, Petit Verdot, Sangiovese, Marselan, Cabernet Franc, Pinot Blanc, Ugni Blanc y Riesling, entre otras.


¿CÓMO SON LOS VINOS DE BOLIVIA?


Los vinos de Bolivia se caracterizan por ser “vinos de altura”, por su origen en viñedos que se encuentran a una altitud que varía desde los 1.600 a 2.600 m.s.n.m. La viticultura boliviana es considerada “heroica”, justamente por su difícil condición geográfica, ya que las viñas se cultivan donde generalmente el resto del mundo vitícola deja de producir, es decir, en alturas mayores a los 1.600 m.s.n.m., y refiriéndose a que Bolivia se encuentra fuera de las franjas vitícolas mundiales (latitudes norte y sur), ubicándose en la franja de los 21° latitud sur (valle central de Tarija).


La altura de sus valles (superiores a los 1.600 m.s.n.m.) logra una corrección del clima, de lo contrario sería un clima tropical o subtropical, lo cual permite una viticultura propicia para la elaboración de vinos. Esto les da unas características a los vinos con un perfil aromático distintivo y una notable concentración de polifenoles y flavonoides, como el resveratrol y la quercetina, que además de contribuir al sabor, son beneficiosos para la salud.


La altura y el clima, particularmente la luminosidad, favorecen el sabor de los vinos, donde la concentración de compuestos beneficiosos es mayor. En definitiva, el espíritu del singani y los vinos bolivianos de altura está en el clima y los suelos donde se originan y en la tradición de los emprendedores vitivinícolas, cuyo esfuerzo ha sido galardonado internacionalmente, enalteciendo principalmente a Bolivia.


OTROS DATOS DE INTERÉS: BODEGAS, PRODUCCIÓN, EXPORTACIÓN…


Según datos del Observatorio Vitivinícola de Bolivia, el país cuenta con alrededor de 4.960 hectáreas de vid, con el departamento de Tarija como el principal productor, representando el 71 % de las plantaciones y el mejor rendimiento por unidad de superficie.


Bolivia tiene al menos 65 bodegas de vinos y singanis que producen aproximadamente 12 millones de litros anualmente. Aunque la mayor parte de la producción se consume internamente, la exportación de vinos ha crecido en los últimos años, destacándose en el mercado internacional gracias a premios en concursos y la participación en la feria Prowein en Alemania.El consumo interno de vino en Bolivia es bajo; en 2012, el consumo per cápita era de 1,5 litros anuales, y se prevé que actualmente es de 2 litros per cápita anuales.


FUENTE: Jesús Sánchez Celada: periodista gastronómico y director de la revista Con Mucha Gula.

 
 
 

COPYRIGHT ©2026, Gourmet Magazine Bolivia. TODOS LOS DERECHOS RESERVADOS

Desarrollada por ACADEMIA BOLIVIANA DE GASTRONOMÍA Y DEL VINO.

bottom of page