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SOLO VINO 03/02/2026


La guía que cambió la gastronomía ahora pone la mirada en el viñedo.


Durante más de un siglo, la Guía Michelin ha sido sinónimo de excelencia, rigor y prestigio gastronómico. Sus estrellas han marcado destinos gastronómicos, carreras de chefs y la manera en que el mundo entiende la alta cocina.


Sin embargo, en un movimiento que marca un antes y un después, Michelin ha decidido ampliar su universo y entrar oficialmente en el mundo del vino.


Aunque el vino siempre estuvo presente en la experiencia Michelin —en las cartas, en los maridajes, en el discurso gastronómico—, nunca había tenido un reconocimiento propio.


Hasta ahora. Con la creación de las “Uvas Michelin”, la guía propone una nueva forma de valorar el vino, centrada no solo en la copa, sino en el camino que la hace posible.


“El vino no es un complemento de la gastronomía, es una parte esencial de su identidad”, afirmó Gwendal Poullennec, Director Internacional de la Guía Michelin.


Más que una puntuación


A diferencia de otras guías basadas en números, Michelin apuesta por un enfoque más humano y experiencial.


Las Uvas Michelin reconocen la coherencia del productor, el respeto por el terruño, la filosofía de trabajo y la consistencia a lo largo del tiempo.


El proyecto comienza en regiones históricas como Borgoña y Burdeos, pero su proyección es global.


Para el consumidor, representa una herramienta clara y confiable; para el productor, un reconocimiento que va más allá del marketing.


Michelin entiende algo fundamental: el vino no solo se evalúa, se vive.Raquel Morales Tejerina / Head Chef & Head Sommelier


 
 
 

SoloVINO 27/01/26


Quizá en estos momentos usted tenga tiempo y dinero para hacer una escapadita a un château francés, a un pueblo de Occitania lindando con España. Vuelo a Madrid y AVE a Barcelona y a tres horas a dormir y comer en un castillo de hadas entre viñedos.


En Tarija no tendremos castillos de hadas, pero sí casas chapacas como la de TINTO, restaurantes de bodegas como Atmosfera y José Luis, y buen vino no falta ni en Narbona ni en Tarija.


A pocos minutos de Narbona (Francia), a menos de tres horas de Barcelona, en un macizo rocoso rodeado de viñedos, esta bodega reconvertida en hotel de lujo discreto invita a desconectar en un entorno natural privilegiado.


Un tapiz marrón de viñedos, hasta donde alcanza la vista, da la bienvenida mientras los primeros rayos se reflejan, allá a lo lejos, en el Étang de Campignol, una laguna que funciona de antesala acuática del Mediterráneo. Esta es tierra de flamencos y garzas, de lavanda y otras hierbas aromáticas, y de cientos de hectáreas de sarmientos nudosos que, en pocos meses, volverán a ofrecer sus vides para producir algunos de los mejores vinos del sur de Francia.


Caminando entre parcelas de Syrah, Marsanne, Garnacha negra y blanca o Bourbolenc que crecen en el macizo de La Clape, cerca de Narbona, entre los pinos emerge una centenaria casa señorial con sus ventanas altas y su torre rematada por una cúpula cónica. Este es el corazón de Château Capitoul, una antigua bodega que propone desconectar entre vinos, gastronomía de alta gama, paseos en la naturaleza y relax en el spa.


El château es la punta del iceberg de las experiencias que se puede tener en este complejo a 10 minutos del centro de Narbona, porque además de las ocho habitaciones y suites de ese edificio histórico hay que descubrir la elegante propuesta de las villas, las 44 construcciones que parecen un calco de un pueblo occitano. Las más pequeñas (un adjetivo que se queda corto) tienen dos habitaciones y dos baños; hasta las más grandes que presumen de contar con cuatro dormitorios.


Todas cuentan con cocina completamente equipada y sala de grandes dimensiones, terraza y jardín privado con plantas autóctonas, además de detalles como contraventanas de madera y tejas de terracota que refuerzan esta estética pueblerina.“Igual que los mejores vinos franceses, buscamos ofrecer un coupage de experiencias”, nos cuentan en Château Capitoul.


¿De qué se trata? Pues de tener la opción de alojarse en la residencia o en las villas, de elegir salir a caminar entre los viñedos o contemplar el paisaje desde la terraza, de optar por un restaurante de menús degustación o de saborear carnes y pescados a las brasas en otro restaurante, de decidirse por las diferentes alternativas de catas y enoturismo, o de dejar que el cuerpo y la mente pongan el contador a cero en el spa.


Propuesta de alojamiento es el último capítulo de un establecimiento que hunde sus raíces en la larga tradición vinícola de la región, desde que los griegos plantaron las primeras vides en el V a. C., y que siglos después eran un apreciado premio que el Imperio Romano otorgaba a sus legionarios. Pero la primera fecha concreta en que se cita a Capitoul procede de 1324: por lo que se sabe, a mediados del s. XV las tierras eran propiedad de los canónigos de Saint-Just, quienes en Narbona levantaron una catedral que jamás se terminó.Las generaciones siguientes vieron pasar períodos de decadencia y prosperidad, como el boom comercial tras la filoxera, que llevó a la familia Riviere a levantar el château en el estilo tradicionalista que ostenta actualmente. La nueva etapa de la finca llegó cuando la familia Bonfils adquirió la propiedad en 2011, y pocos años después inició las obras que transformarían a Château Capitoul —una de las 17 bodegas del grupo familiar— en un exclusivo complejo enoturístico.


Los vinos del château, cultivados en las 62 hectáreas del complejo, se pueden disfrutar de varias formas. Una es participando en algunas de las catas que se ofrecen en la bodega, ya sea la que invita a probar sus tintos, blancos y rosados de la AOP La Clape, a combinarlos con caminatas, paseos con e-scooter o con maridaje de quesos. Sea cual sea la opción, las explicaciones de guías como Sandra Milhau invitan a entrar en un mundo nuevo.


Otra alternativa es acompañando las comidas y cenas de los dos restaurantes del château, Mediterráneo y Asado. El primero, ubicado en la planta baja de la residencia, ofrece tres menús degustación: uno de tres pases, otro de cinco (L’Expression) y uno de siete (Le Reflet de Valère), donde la chef Valère Diochet crea platos de gran complejidad que resumen, como bien dice su nombre, los sabores del mar que baña las costas de Narbona. Si está recomendado por la Guía Michelin, por algo será.


Asado, también lo sintetiza su nombre, rescata la tradición de las carnes, pescados y verduras a las brasas. Montado en la antigua bodega, con una estética ampulosa de lámparas art decó, una nevera presenta diferentes cortes de vaca, con diferentes períodos de maduración, donde se extraen chuletones de 1 kg o más acompañados de guarniciones (patatas fritas, ensaladas y nabo caramelizado) que se puede servir sin límite. Como si uno pudiera quedarse con hambre tras semejante plato.


En este mismo restaurante se sirve el desayuno, donde se evita la abundancia innecesaria, con una interesante variedad de panificados, quesos, embutidos, preparaciones de huevos y zumos. Una alternativa interesante es pedir la canasta que trae muchos de estos ingredientes para desayunar en la villa, ya sea en la terraza que prologa la piscina infinita (hasta que no vuelva el calor, solo estará como reclamo decorativo), o en la sala donde el terruño se despliega desde los grandes ventanales.

 
 
 

SOLOVINO 20/01/2026


El sector vitivinícola en España y América Latina lidera la exportación mundial de vino.


También impulsa la sostenibilidad, refuerza la identidad cultural y dinamiza el desarrollo económico en regiones clave. Solo en España, se exportan vinos a más de 180 países.


Más allá de su impacto económico, la viticultura representa tradición, patrimonio y paisaje.


A través de las denominaciones de origen y las rutas enoturísticas, el sector promueve el desarrollo rural y la innovación agrícola.


También la proyección internacional de sus territorios. Así, el vino no solo genera riqueza, sino que construye cohesión social, identidad local y resiliencia frente a desafíos globales.


El sector vitivinícola es uno de los pilares económicos de España.


Representa cerca del 2 % del PIB, proporciona más de 360.000 empleos y juega un papel crucial en la economía rural.


De acuerdo con la Federación Española del Vino (FEV), el país produjo más de 32 millones de hectolitros en 2023.


“España está llena de pequeñas bodegas en diferentes regiones y creo que esto es precisamente lo que le otorga al sector su singularidad y su importancia”, señala José Luis Benítez, ingeniero agrónomo por la Universidad Politécnica de Madrid y director general de la federación.


España es, además, el primer exportador mundial en volumen y el tercero en valor. Sus vinos se venden en 180 países de todo el mundo, sobre todo en Alemania, EE. UU., Reino Unido y Francia. En 2023, el país contaba con casi 4.000 bodegas exportadoras.


Además, en España, por ejemplo, la superficie de viñedo ecológico ha registrado un importante crecimiento durante los últimos años. De acuerdo con la Interprofesional del Vino, en 2024 el país contaba con 142.100 hectáreas de viñedo ecológico para vinificación, el equivalente al 15,3 % de la superficie total de viñedo del territorio.


Chile se presenta como el principal productor de América Latina en la actualidad y también como un importante exportador. De acuerdo con la Organización Internacional del Trabajo (OIT), se trata de uno de los países más dinámicos en el comercio internacional de vino y del cuarto exportador más importante del mundo.


En 2023, la superficie nacional de vides dedicadas a la producción de vino alcanzaba las 124.000 hectáreas.


En ese mismo año, las exportaciones de vinos y mostos alcanzaron los 772 millones de litros y un valor de más de 1.600 millones de dólares.


“En términos económicos, el vino es una de las principales exportaciones agrícolas chilenas y genera millones de dólares de ingresos anuales. Además, forma parte de la identidad nacional y es la raíz de tradiciones que giran alrededor de las fiestas de la vendimia y de la gastronomía, que impulsan cada vez más el desarrollo local y el enoturismo”, señala Patricio Parra, gerente general del Consorcio I+D Vinos de Chile.


Se calcula que Argentina es el séptimo mayor productor de vino del mundo y el segundo de América del Sur, solo por detrás de Chile.


En 2024, según datos del Instituto Nacional de Vitivinicultura (INV), la producción de vino argentino registró una recuperación y alcanzó los 10,8 millones de hectolitros.


México es otro de los países latinoamericanos con un sector vitivinícola potente, capaz de generar más de 500.000 empleos directos en la actividad primaria de cultivo de la vid y otros 10.000 puestos indirectos.


En 2022, contaba con una superficie sembrada de 36.000 hectáreas y produjo casi 40 millones de litros de vino.


Con tradición e innovación, el vino proyecta a España y América Latina como referentes mundiales de desarrollo sostenible.


Ambos territorios siguen consolidando su liderazgo global gracias a un sector que combina tradición, sostenibilidad e innovación, y que aporta valor económico y cultural a sus regiones.


FUENTE: Informe BBVA

 
 
 

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