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SOLOVINO 22/09/2026

Los cambios que entraña la extensión del uso de IA están afectando a las relaciones sociales, incluidas aquellas que se dan en bares y restaurantes.


Camareros y sumilleres explican cómo los clientes, enlugar de dejarse recomendar un vino, conversación mediante, prefieren preguntara su IA de preferencia cuál sería el mejor vino de la carta.


La sumiller Judit Ayago, del restaurante Mastade Barcelona, piensa que los clientes recurren a la IA “por cierto reparo que les da el vino, por esa solemnidad que lo envuelve y por el miedo a equivocarse”.


Responsabiliza en parte al gremio, que en ocasiones ha sido demasiado técnico y distante, y aplica lo contrario en Masta: hospitalidad, un tono cercano y transmitir una voluntad de ayudar. “Es doloso que lo usen para escoger un vino, y que crean que lo que dice es la verdad absoluta. Que el cliente sienta desconfianza por el sumiller y sus recomendaciones, me da pena”.


Desde A Coruña, la sumiller y copropietaria del restaurante 55 Pasos, Nataly Rodríguez, se declara “anti-IA”.


Cuenta que han conseguido ganarse la confianza de su clientela respecto al vino y que “la IA nunca sabrá hacer nuestro trabajo mejor que nosotros”.



Se enorgullece de explicar que en su restaurante, donde no hay wifi, pocas personas miran el teléfono: “somos tan lentos que la gente sabe que venir con su persona favorita, para hablar y compartir”.


El sumiller Jofre Farran, de los restaurantes Alkimia y Alkostat, cree que la expansión del uso de la IA para pedir un vino es una consecuencia “de que los sumilleres, históricamente, no hemos hecho bien nuestro trabajo”. Farran cree que esta práctica irá in crescendo, ya que “cada vez más parece que preferimos restringir las comunicaciones, que en lugar de hablar y preguntar, quizás para aparentar que sabemos más de lo que sabemos”.


Cree que el sumiller no ha generado la confianza suficiente para evitar esto y que la profesión “ha llegado a degradarse mucho: faltan sumilleres en los restaurantes y no se le ha dado a la figura la importancia que tiene.


Debemos hacer retrospectiva y mirar qué podríamos hacer para que la gente se acerque más al vino”.


Maikel Rodríguez, sumiller del restaurante Iván Cerdeño, afirma que el 90 % de los clientes siguen sus recomendaciones. “Los que no, suelo verlos haciendo fotos a la carta de vinos enseguida, y usando la IA de WhatsApp para preguntarle.


Es cierto que mucha gente lo hace aposteriori, con el vino ya elegido, para saber un poco más del vino”, explica. Defiende la figura del sumiller por encima de la IA y enfatiza en el hecho de que el cliente tiene que confiar en el profesional y en la persona. “Nuestra función es aconsejar y recomendar, y tenemos algo que no tiene la IA: empatía y psicología. El sumiller es mucho mejor que la IA”.

Patricio Zárate, sumiller del restaurante Hermanos Torres, ha observado también este comportamiento. “Vemos cómo determinados clientes hacen fotos de la carta y lo pasan por una IA, y reciben lo que supuestamente se adapta al criterio escogido y, también, lo que piensan de ese vino usuarios de internet”, comenta. Para el restaurante lo más importante es el confort del cliente, subraya Zárate, y si esa elección a través de la IA se lo proporciona, lo aceptan. Sin embargo, son conscientes de que algo se pierde: “no podrá descubrir algo que el sumiller pueda recomendarle basándose en sus gustos”.


El sumiller dice entender por qué alguien podría sentirse volcado a recurrir a la IA: “si no conoce al sumiller, puede tener dudas de si la recomendación será acertada o no, y a nadie le gusta pagar por algo que no disfruta. Pero creo que un sumiller tiene la sensibilidad, la educación y el razonamiento como para sorprender a quien tiene sentado enfrente. En cambio, una IA sigue un algoritmo que es una fórmula matemática, intentando darte una opción que vaya sobre seguro o que minimice el error. Y para mí no hay nada más lejos del mundo del vino que la conjetura de un programa informático: el vino es un transmisor de emociones, ¿y cómo algo que no está vivo va a entender eso?”.


“En nuestro caso, descargan la carta de la web y la suben a la IA. Si el cliente la ha ido alimentando durante tiempo, es probable que la IA afine bastante con su recomendación, porque conoce en cierto modo más al cliente que nosotros mismos. Por una parte, nos facilita el trabajo, pero por el otro, es frustrante y nos deshumaniza”, explica Carles Pérez de Rozas, propietario de los restaurantes Berbena y Pompa. El hostelero considera que el cliente que así procede suele ser el que no bebe vino regularmente y desconoce todo lo que significa el vino: “una conversación, un debate, una confrontación de opiniones, un aprendizaje y, sin duda, dejarse recomendar. Quien quiere evitar esa confrontación es quien siente cierta inseguridad. Las IA nos hacen la vida más fácil y menos confrontacional, son muy serviles, mientras que nosotros servimos pero no somos servilistas”.


En las Bodegas Berbena y Pompa vivieron esas primeras veces en las que el cliente usó la IA para escoger el vino “como algo ofensivo” y dicen que ahora ya se han resignado, pero que les resulta igualmente doloroso que se ignore todo el esfuerzo y el trabajo que se han invertido en la selección, compra y conocimiento de esos vinos. “Queremos hacer el vino democrático para todo el mundo, así que supongo que parte de eso ahora pasa por dejar que el cliente use las herramientas que le convengan para elegir su vino. Eso sí: como no se ha dejado recomendar, la botella es su completa responsabilidad y no aceptamos cambios. La IA nunca llegará a sustituir la figura del sumiller”. Pérez de Rozas valora que la IA construye un muro entre cliente y sumiller y que esta tecnificación de las relaciones humanas quizá sacaba generando todo lo contrario, por “quizás se acaba dando la vuelta y buscaremos que ir a un restaurante sea un espacio de relación, de una experiencia muy humana”.

 
 
 
6 may 2025
2 min de lectura

SoloVINO 06/05/2025


Cómo se elabora un vino desde la viña hasta la copa. Detrás de cada copa de vino hay una historia de paciencia, conocimiento y arte. Desde la vid que brota en primavera hasta el brindis final, el vino atraviesa un proceso largo y fascinante.


Entender cada una de sus etapas no solo permite apreciar mejor lo que bebemos, sino también reconocer el trabajo y la pasión que hay en cada botella.Este es el viaje del vino, paso a paso.


1. LA VID: ORIGEN DE TODO


Todo comienza en el viñedo. La calidad del vino depende, en gran medida, del cuidado de la vid y del tipo de suelo donde crece. Factores como el clima, la altitud y la variedad de uva son fundamentales.




2. VENDIMIA: MANUAL O MECÁNICA


La vendimia puede realizarse a mano, para una selección más cuidadosa de las uvas, o de forma mecánica en grandes producciones.


En ambos casos, el objetivo es trasladar la uva a la bodega lo más rápido posible para evitar su deterioro.


En algunas regiones, se vendimia de noche para preservar mejor los aromas y evitar la oxidación.


3. DESPALILLADO, ESTRUJADO Y MACERACIÓN


Una vez en la bodega, las uvas pasan por el despalillado (separar las bayas del raspón) y el estrujado (romper ligeramente las uvas para liberar el mosto).


En los vinos tintos, este mosto se deja en contacto con las pieles durante la maceración, lo que aporta color, taninos y aromas.


En los blancos, se suele evitar el contacto prolongado para mantener frescura y ligereza.


4. FERMENTACIÓN: DONDE NACE EL VINO


La fermentación alcohólica transforma los azúcares de la uva en alcohol, gracias a las levaduras naturales o seleccionadas.


Este proceso puede durar desde unos pocos días hasta varias semanas, dependiendo del estilo de vino que se busque.


En algunos casos, como los grandes tintos, se realiza una segunda fermentación, llamada fermentación maloláctica, que suaviza la acidez y aporta cremosidad.


5. CRIANZA: EN BARRICA, EN DEPÓSITO O EN BOTELLA


Una vez fermentado, el vino puede madurar en distintos recipientes: depósitos de acero inoxidable, barricas de roble o incluso ánforas de arcilla.


El tiempo de crianza moldea el carácter del vino: puede aportar notas de vainilla, tostados o especias en barrica, o mantener una expresión más fresca y frutal si se cría en acero.


6. EMBOTELLADO Y AFINADO



Antes de embotellar, el vino suele clarificarse y filtrarse para eliminar impurezas.


Luego se embotella y, en algunos casos, se deja reposar en botella durante meses o incluso años, afinando sus aromas y redondeando sus sabores.


7. DE LA COPA AL BRINDIS


Finalmente, el vino llega a nuestras copas, listo para ser disfrutado. La elección del momento de servicio, la temperatura adecuada y la elección de la copa pueden realzar aún más sus cualidades.


Cada sorbo es el resultado de un trabajo minucioso que comienza en la viña y culmina en nuestra mesa.


Elaborar vino es conjugar naturaleza, técnica y sensibilidad. Un proceso donde cada detalle importa y donde el tiempo, como en las mejores cosas de la vida, juega un papel esencial.


FUENTE: LA VANGUARDIA

 
 
 
22 abr 2025
2 min de lectura

SoloVino 22/04/2025



Servir y conservar un vino parece sencillo, pero a menudo cometemos errores que afectan su aroma, sabor e incluso su longevidad. La buena noticia es que la mayoría son fáciles de evitar con unos cuantos gestos simples. Hoy en SCZgm te explicamos cuáles son los más comunes y cómo hacerlo bien para disfrutar cada botella como se merece.




1. SERVIRLO A LA TEMPERATURA EQUIVOCADA


Uno de los errores más habituales. Un vino tinto demasiado caliente puede volverse pesado y alcohólico; uno blanco demasiado frío pierde sus aromas


.¿Cómo evitarlo?

  • Tintos: entre 15 y 18 °C.

  • Blancos y rosados: entre 8 y 12 °C.

  • Espumosos: entre 6 y 8 °C.Un pequeño termómetro para vino puede ser un gran aliado.


2. LLENAR LA COPA HASTA EL BORDE



Cuando llenamos demasiado la copa, impedimos que el vino se oxigene y liberamos menos aromas. Además, dificulta agitarlo sin derramar.


¿Cómo evitarlo? 

Llena solo un tercio de la copa. Así puedes mover el vino y apreciar mejor su evolución en nariz y boca.


3. NO USAR LA COPA ADECUADA


No todas las copas son iguales. El tipo de cristal, su forma y tamaño influyen mucho en la percepción del vino.


¿Cómo evitarlo? 

Elige copas de cristal fino, de forma alargada (tipo tulipán) y con boca ligeramente cerrada. Mejor una copa universal de vino que una copa incorrecta.


4. GUARDARLO EN LA COCINA O EN UN LUGAR INESTABLE


El vino es muy sensible a la temperatura, la luz y las vibraciones. Guardarlo cerca del horno o sobre el frigorífico puede acortar su vida útil.


¿Cómo evitarlo? 

Conserva las botellas en un lugar fresco, oscuro y con temperatura constante (idealmente unos 12–15 °C). Si es posible, en posición horizontal para mantener húmedo el corcho.


5. USAR SACACORCHOS DE BAJA CALIDAD



Un mal sacacorchos puede romper el corcho o, peor aún, dejar restos en el vino.


¿Cómo evitarlo? 

Invierte en un buen sacacorchos de dos tiempos (el clásico de sumiller) o, si prefieres algo más sencillo, en un sacacorchos de palanca.


6. OLVIDAR DECANTAR (CUANDO ES NECESARIO)


Algunos vinos jóvenes o tintos con mucha estructura necesitan airearse para expresar todo su potencial.

¿Cómo evitarlo? 

Si el vino es muy tánico o cerrado en nariz, decántalo o, al menos, sírvelo en copa y déjalo respirar unos minutos

.


7. DEJAR EL VINO ABIERTO SIN PROTECCIÓN


Una vez abierta, la botella comienza a oxidarse y puede perder calidad en cuestión de horas.


¿Cómo evitarlo?

Cierra la botella con su propio corcho o usa tapones especiales al vacío. Guarda el vino en el frigorífico, incluso los tintos, para alargar su vida uno o dos días más.


Un gran vino merece pequeños gestos de cuidado. Corrigiendo estos errores, no solo conservamos mejor cada botella, sino que también potenciamos su verdadero carácter en cada copa.

 
 
 

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