CAÑA CHAMUSCADA
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Opinión 17/08/2026

Por Borja C. Ubach

Los primeros grandes espacios digitales de conversación gastronómica no fueron las redes sociales tal y como las entendemos hoy, sino los foros y, sobre todo, los blogs gastronómicos. Los foros permitieron agrupar intereses y crear conversación alrededor de temas concretos, aunque todavía eran territorios minoritarios. Los blogs, en cambio, abrieron una puerta mucho más amplia.
A mediados de los años 2000, se comenzaron a publicar recetas, fotografías, trucos y relatos personales sobre gastronomía y la cocina. Eran contenidos sencillos, pero muy eficaces: una receta explicada con claridad, una imagen del resultado, una comunidad que comentaba, probaba y recomendaba. Aquello ya contenía algunos de los ingredientes que hoy siguen funcionando en redes: utilidad, cercanía y confianza.
Aquí comenzó también nuestra aventura en las redes después de un amplio recorrido en los medios de España y Bolivia, siendo este medio el decano de la información gastronómica de Bolivia con 5 ediciones distintas en diferentes épocas.
Nuestro medio de comunicación tuvo su fuerza en la pandemia del COVID y ahí nacieron las recetas perfectas que conectaron con una audiencia que buscaba compañía y utilidad. Lo más importante fue en esta época la ayuda desde la red a los profesionales de la gastronomía de Santa Cruz y Bolivia y convertimos a la gastronomía en una temática muy aspiracional. Donde restaurantes, las recetas bolivianas, el producto local, las marcas, el vino, los supers y tiendas se posicionaron y con este empuje cambiamos la imagen pública de cocineros y chefs hablando de ellos, de sus éxitos y también del lado duro del oficio; por eso fuimos los primeros en reconocerlos socialmente por su trabajo, esfuerzo y dedicación.
Luego llegaron las redes, algunas muy acertadas llevadas por verdaderos profesionales y otras un tanto arribistas e indocumentadas que se mueven por apariencia y puro mercantilismo monetario y carecen de formación gastronómica. Si bien el público se dejó llevar, ahora es consciente del engaño de los “influencers de pacotilla”.
Según los expertos, el mecanismo es sencillo y poderoso, aparece, casi sin pedir permiso, en el flujo diario del móvil. Para la gastronomía, esto tiene una consecuencia enorme: las redes no solo informan, también influyen. Pueden activar una reserva, despertar el deseo por un producto, convertir una receta en tendencia o situar un destino gastronómico en el mapa mental del consumidor. Y esa influencia no siempre se percibe como publicidad.
Por eso siempre prima la autenticidad frente a saturación del marketing, donde cada vez queda más patente y falso las publicaciones que van de “Yo te pago y hablas bien de mí”; el público ya ha descubierto a estos trileros digitales de la comunicación que marcan tendencias sin criterio y por los caminos de la vil plata.
Por eso la presencia digital debe ser coherente con la experiencia real. Si un restaurante ofrece una vivencia extraordinaria y después su presencia real es otra, de nada le ha servido esta inversión. Lo que se dice en las redes debe ser el reflejo de qué eres, haces y dices. Tenés que ser de verdad auténtico, que es uno de los grandes retos de la comunicación gastronómica actual.
Pero muchos presentan en sus establecimientos una perfección que puede resultar fría, repetida o sospechosa. Y se olvidan de que lo humano, lo cercano y hasta lo imperfecto empiezan a tener más fuerza.
La autenticidad no consiste en simular espontaneidad, sino en trasladar la verdad de un proyecto: quién cocina, quién produce, qué historia hay detrás, cómo se atiende, cómo se compra, qué se defiende y qué experiencia se quiere construir.
Hay en general un hartazgo ante las plataformas, “sin manchas en los manteles”, donde en pocos segundos conviven recetas, bromas, viajes, música, publicidad, noticias y contenidos que nada tienen que ver entre sí.
Frente a ese ruido, puede crecer el deseo de entrar en espacios donde el usuario encuentre exactamente lo que busca: cocina, recetas, productos, vinos, restaurantes o destinos gastronómicos auténticos sin trampa y cartón. El público vuelve a valorar la selección, el criterio y la calma.
Cualquiera puede escribir, grabar, editar, publicar, promocionar, vender, montar un podcast o crear una comunidad desde casa. Esa evolución, creo que ha beneficiado a la gastronomía; pero ahora le toca descifrar al cliente cuál es la información sincera y que te informa, o la que luce y deslumbra como castillo de fuegos artificiales y luego solo queda una caña chamuscada.



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