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  • 23 jun
  • 5 min de lectura

SOLOVINO 23/06/2026


La costumbre de brindar podría remontarse al siglo XVI: “Al golpear con fuerza las copas, el vino salpica y se mezcla para demostrar que ninguna está envenenada”. No hay evento que se precie que no vaya acompañado de un brindis, pero este gesto que hoy hacemos para celebrar no siempre fue así.


El deseo de un futuro brillante, la demostración de que confías en el otro, una simple propuesta estética, o incluso una manera de mantener alejados los malos espíritus, son algunas de las teorías que han viajado a través del tiempo y del espacio para explicar una de las costumbres más universales que giran en torno al vino y otras bebidas: el brindis.


Chocar las copas antes de dar el primer sorbo es una de esas tradiciones que observamos desde pequeños y que practicamos de adultos sin más pretensión que la de celebrar algún evento o acontecimiento, sin cuestionarnos de dónde viene este 'chinchín'.


Su origen, como suele pasar con las largas tradiciones, no está claro. Es más, las teorías al respecto se mezclan a lo largo de la historia. Una de las más extendidas se remonta al siglo XVI, y se enmarca dentro de las guerras del emperador Carlos I de España. Tras una victoria, sus soldados habrían levantado sus copas exclamando bring dir’s (te lo ofrezco). “Esta teoría es muy sugerente porque conecta con la idea esencial del brindis: ofrecer algo al otro”, apunta Inma Bezunartea Pinilla, codirectora de la Escuela de Sumillería SAVIA y miembro de la Asociación Cultural de Sumilleres de La Rioja.


Pero hay más interpretaciones posibles. “Una de ellas apunta a la Edad Media, cuando el temor al envenenamiento en banquetes hizo que chocar las copas pudiera entenderse como un gesto de confianza: al golpearlas con fuerza, parte del líquido podía mezclarse entre ellas, demostrando que nadie tenía intención de dañar al otro”, prosigue Bezunartea.


“Otra teoría, más simbólica, sostiene que el sonido de las copas completaba la experiencia sensorial del vino, incorporando el oído a la vista, el olfato, el gusto y el tacto. Incluso hay quien relaciona ese ruido con la idea de alejar los malos espíritus”, sostiene la experta.


“Sea cual sea su origen exacto, lo interesante es que todas estas teorías hablan de lo mismo: confianza, unión, ofrecimiento y celebración”, añade Mavi Balabanian, también codirectora de la Escuela de Sumillería SAVIA y experta en marketing vinícola. “Desde la sumillería, el brindis no es solo un gesto decorativo. Es una herramienta de hospitalidad. En sala, marca el inicio emocional de una comida, concentra la atención de la mesa y convierte una bebida en una experiencia compartida”, completa.


Cada situación “pide” un tipo de brindis


Más allá del por qué, Bezunartea se centra en el cómo, es decir, en la forma de brindar y en los tipos de brindis subsiguientes. En este sentido, la experta distingue entre contextos formales e informales. Así, en los primeros, “es habitual chocar las copas, siempre con suavidad, mientras que, en las comidas más protocolarias, actos institucionales o con cristalería delicada, lo más elegante suele ser levantar ligeramente la copa, mirar a los presentes y brindar sin necesidad de tocar los cristales”.


Aunque no existen unas reglas estrictas e inquebrantables respecto al brindis, lo que sí se puede decir es que “un brindis correcto debería ser natural, breve y respetuoso con el contexto”, concreta Juanjo Figueroa Treu, codirector de la Escuela de Sumellería SAVIA y Presidente de la Asociación Gallega de Sumilleres y de la Asociación de Hostelería y Comercio Casco Vello de Vigo quien a continuación detalla cómo debería ser un brindis: “La copa se levanta ligeramente, sin sobrepasar demasiado la altura de los ojos.


Si se chocan las copas, debe hacerse con mucha suavidad, buscando el contacto en la parte más resistente, no en el borde superior. Mirar a los ojos es un gesto muy recomendable: aporta presencia, sinceridad y conexión”.


Además, “el mejor momento suele ser al inicio de la comida, cuando todos tienen la copa servida, o en un momento significativo: un agradecimiento, una celebración, un cierre, una bienvenida”, añade.


Otro de los aspectos a tener en cuenta es la persona que alza la copa. Así, por norma general, “en una comida formal debería iniciar el brindis el anfitrión o la persona que convoca”, apunta Figueroa. Mientras que “en una celebración familiar o entre amigos hay mucho más margen para la espontaneidad”.


“En restauración, el buen servicio también consiste en leer la mesa.

Hay mesas que piden solemnidad y otras que piden naturalidad. El sumiller o el equipo de sala no deben imponer el momento, pero sí pueden acompañarlo: tener las copas listas, servir a la temperatura adecuada y facilitar que el brindis suceda”, sostiene el experto. “Muchos lo tachan de machismo y otros de tradición”: el orden en que se sirve una botella de vino coloca a las mujeres detrás del hombre


Por otro lado, el choque o alzamiento de copas suele ir acompañado de unas palabras. En este punto, la cuestión es si han de ser solo algunas frases o este gesto admite un formato más largo. Según Balabanian “el discurso tiene sentido cuando hay algo que agradecer, celebrar o reconocer: una boda, un aniversario, un homenaje, una inauguración, una despedida. Pero debe ser breve. Un brindis no es una conferencia”. Y añade: “En comidas informales, muchas veces basta con una frase sencilla. Lo importante no es lucirse, sino conectar con quienes están alrededor”.


Ahora bien, sea largo o conciso el parlamento, todos los brindis emplean una palabra como colofón que es propia de cada país. En España decimos ‘salud’; en Alemania, ‘prost’; en Francia, ‘santé’; en Italia, ‘salute’ o ‘cin cin’; en Portugal, ‘saúde’; en los países anglosajones, ‘cheers'; en Japón, 'kanpai'; en China, ‘ganbei’; en Grecia, “yamas”; en hebreo, ‘lejaim’”; resume Bezunartea quien opina que, aunque “las expresiones cambian, el fondo es muy parecido: desear salud, alegría, prosperidad o celebrar el hecho de estar juntos”.


Además de las palabras, “existen culturas donde el gesto cambia mucho o tiene normas distintas. En Japón, por ejemplo, el brindis tiene un componente social muy marcado y conviene no beber antes que la persona de mayor rango en ciertos contextos. En Alemania se da mucha importancia al contacto visual. En Francia se cuidan detalles como no cruzar los brazos al brindar”, enumera Bezunartea quien sostiene que “el gesto es prácticamente universal, pero cada cultura lo adapta a su manera de entender la mesa, la jerarquía, la celebración y la hospitalidad”.


Por último, en general, los errores que se pueden cometer a la hora de hacer un brindis suelen estar relacionados con la intensidad con que se chocan las copas o con la duración del discurso. En este sentido, para Figueroa, el fallo más frecuente es “emplear demasiada fuerza al chocar las copas. Otro es brindar sin mirar a las personas, hacerlo de forma automática o alargar demasiado el discurso”. Y añade que también puede ser un error forzar a alguien a beber alcohol. “El brindis debe incluir, no incomodar. En sala, una buena hospitalidad implica ofrecer alternativas y hacer que todos puedan participar con naturalidad. Y, por supuesto, hay que cuidar la cristalería. Una copa fina no está pensada para recibir golpes”, concluye.


FUENTE EVA CARNERO LA VANGUARDIA

 
 
 
  • 16 jun
  • 2 min de lectura

SOLOVINO 16/06/2026


Nuestra directora de la Academia, la nutricionista Valentina Artieda, nos revela qué opción es menos mala para la salud, explicando los beneficios y los inconvenientes de beber estas dos bebidas tan populares para ver cuál es más saludable.


Ya sea para relajarte después de un largo día o simplemente para acompañar una comida, tanto la cerveza como el vino son opciones habituales. Desde ver el fútbol con amigos hasta una noche con amigas, estas bebidas alcohólicas son dos de las más populares. Pero antes de decidir si te llevas una caja de cervezas o una botella de vino, quizá te preguntes cuál es realmente mejor para la salud. O menos mala.


El vino, especialmente el tinto, suele ser elogiado por su contenido en resveratrol, un antioxidante asociado a posibles beneficios para la salud. Pero, ¿es eso suficiente para compensar los efectos negativos más amplios del alcohol? ¿Y qué pasa con la cerveza? ¿Aporta algo relevante desde el punto de vista de la salud una tarde con lúpulo?


Hace unas semanas publicamos en nuestra revista el estudio de la UNIVERSIDAD de NAVARRA sobre los beneficios del vino, en particular del tinto, que está cargado de polifenoles, antioxidantes que pueden ayudar a proteger el corazón, reducir el colesterol LDL (“malo”) y disminuir la inflamación y ayuda al antienvejecimiento.


En cuanto a la cerveza, también hay buenas noticias: muchas variedades contienen ciertas vitaminas del grupo B, un componente esencial en la dieta. Algunos tipos de cerveza, especialmente las artesanales y las más oscuras, también contienen antioxidantes, aunque normalmente en cantidades menores que el vino tinto.


Además, estudios recientes han demostrado que el consumo moderado de cerveza se asocia con una menor incidencia de enfermedades cardiovasculares y con una reducción de la mortalidad general, sin olvidar otros posibles beneficios metabólicos. Esa cerveza después del trabajo de repente no suena tan mal.


Los inconvenientes de la cerveza y el vino son que aportan calorías, que pueden acumularse rápidamente, especialmente en el caso de la cerveza, que suele consumirse en mayores cantidades”. En general, la cerveza contiene más calorías por ración que el vino, principalmente por su mayor volumen y su contenido más alto en carbohidratos.


El alcohol de cualquier tipo puede afectar negativamente a la salud del hígado, alterar el sueño y aumentar el riesgo de enfermedades crónicas y adicción cuando se consume en exceso.


Y una bebida frente a otra decir que la cerveza aporta más calorías que el vino, una copa estándar de 180 ml de vino con 12% de alcohol contiene alrededor de 133 calorías, mientras que una pinta (aprox. 473 ml) de cerveza al 5% de alcohol aporta unas 239 calorías, lo que hace que una cerveza tenga aproximadamente un 50% más de calorías que una copa.


La conclusión final, ¿es mejor la cerveza o el vino?: Ambas tienen posibles beneficios para la salud si se consumen con moderación, pero es importante subrayar la palabra clave: moderación. El vino tinto se consideraría más saludable que la cerveza debido a su contenido en polifenoles.


En última instancia, disfrutar del vino o la cerveza consiste en encontrar lo que encaja contigo y combinarlo con un estilo de vida saludable. Ambas bebidas pueden aportar placer, ya sea durante una comida o en un encuentro social, siempre que se consuman con responsabilidad.

 
 
 
  • 9 jun
  • 3 min de lectura

SoloVINO 09/06/2026


En “Solovino” de GmBo te traemos hoy una serie de maridajes de vinos innovadores, que es por donde van las nuevas tendencias en el Mundo del Vino de mano de los platos.


El maridaje de vinos es un arte que ha evolucionado a lo largo de los siglos.


Tradicionalmente, los someliers han seguido reglas establecidas para combinar los distintos tipos de vino con ciertos alimentos.


Sin embargo, en los últimos años, ha surgido una corriente innovadora que desafía las normas convencionales y propone combinaciones sorprendentes. Este fenómeno está revolucionando la forma en que los consumidores disfrutan del vino, impulsando nuevas experiencias gastronómicas y generando un gran interés en el sector.


Históricamente, las reglas básicas del maridaje establecían que los vinos tintos se debían combinar con carnes rojas, mientras que los vinos blancos eran la mejor opción para pescados y mariscos. Estas recomendaciones han servido de guía durante décadas, pero con el auge de la cocina de fusión y la experimentación gastronómica, las combinaciones se han vuelto mucho más audaces.


Los expertos en vino y los chefs de renombre están explorando nuevas formas de armonizar sabores, texturas y aromas, dando lugar a maridajes inesperados que sorprenden al paladar.


¿Quién hubiera pensado que un Rioja Crianza podría ser el acompañante perfecto para un clásico «fish and chips» británico? Esta propuesta, defendida recientemente por el músico y apasionado del vino Alex James, demuestra que el mundo del maridaje está en plena transformación.


La innovación en el maridaje ha llevado a la creación de combinaciones que desafían la lógica tradicional. Algunas de las propuestas más destacadas pueden ser estas:


  1. VINO ESPUMOSO CON COMIDA RÁPIDA

Los vinos espumosos, como el Cava o el Champagne, no solo se reservan para las celebraciones.


Su acidez y burbujas los convierten en un excelente acompañante de hamburguesas gourmet, pollo frito y hasta pizza con ingredientes intensos como pepperoni o quesos curados.


  1. VINO TINTO JOVEN CON SUSHI

Aunque el sushi suele maridarse con blancos frescos o sakes, algunos expertos han descubierto que un tinto joven, como un Tempranillo con poca crianza, puede realzar los sabores del atún o el salmón, generando un equilibrio interesante entre la estructura del vino y la suavidad del pescado.


  1. VINO DULCE CON QUESOS FUERTES

El clásico queso azul con vino dulce es un maridaje que sigue vigente, pero cada vez más amantes del vino están probando vinos de vendimia tardía con quesos como el Manchego curado o el Parmesano, creando una combinación de contrastes perfecta.



  1. VINO BLANCO CON CARNES ROJAS

Aunque la norma dice que las carnes rojas requieren tintos potentes, ciertos vinos blancos con cuerpo, como un Chardonnay fermentado en barrica, pueden armonizar de forma sorprendente con cortes grasos como el cerdo ibérico o incluso una hamburguesa gourmet.






  1. VINO ROSADO CON COCINA ASIÁTICA

Los vinos rosados secos, con su frescura y notas afrutadas, son una excelente elección para platos especiados como el curry tailandés, la comida vietnamita o el picante de la cocina mexicana.




CÓMO ELEGIR EL MARIDAJE PERFECTO


Para encontrar la combinación ideal entre vino y comida, es importante considerar varios factores clave:


  • Intensidad de sabores: Un vino potente necesita un plato con sabores igualmente intensos para evitar que uno opaque al otro.

  • Acidez: Los vinos con buena acidez pueden equilibrar comidas grasas o con salsas cremosas.

  • Dulzor: Un vino dulce puede resaltar sabores especiados o salados, creando contrastes atractivos.

  • Textura: Platos ligeros combinan mejor con vinos frescos, mientras que preparaciones contundentes requieren vinos con mayor estructura.


Nace un Nuevo Horizonte para los amantes del vino


Los maridajes innovadores han llegado para quedarse y están redefiniendo la forma en que disfrutamos del vino. La exploración de combinaciones inesperadas abre un abanico de posibilidades tanto para expertos como para aficionados, fomentando una actitud más abierta y experimental en el mundo del vino.


Fuente: LA CAJA DE VINOS

 
 
 

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