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TENDENCIAS 03/06/2026


La gastronomía redefine sus códigos: comer con las manos pasa de ser una falta de etiqueta a una experiencia consciente. De Leonardo da Vinci a comer con las manos: cómo el placer ha vuelto a sentarse a la mesa.



El decálogo del buen comensal atribuido a Leonardo da Vinci tiene algo de manual de urbanidad y algo de acta notarial de lo que sucedía en las mesas antes de que el Renacimiento decidiera meter mano —nunca mejor dicho— en los modales. Porque cuando un genio universal se ve en la necesidad de dejar por escrito que no se debe limpiar el cuchillo en la ropa del vecino, introducir los dedos en la fuente común o apoyar medio cuerpo sobre la mesa, es evidente que el problema no era menor.


Algunas de las normas resultan hoy especialmente elocuentes: no poner los pies sobre la mesa, no escupir frente a otros comensales, no sonarse la nariz con el mantel, no morder el pan y devolverlo al plato común, no dejar que los animales compartan mesa ni utilizar la servilleta para limpiar armas o utensilios ajenos al banquete. Más que recomendaciones de etiqueta, parecen advertencias de emergencia. Si esto era necesario aclararlo, es fácil imaginar hasta qué punto comer podía convertirse en un acto cercano a lo bárbaro.


Leído con perspectiva, el decálogo funciona casi como una sátira involuntaria de la Edad Media. Normas tan básicas que, más que marcar elegancia, delatan un cierto caos previo. Aquello debía de parecerse más a una escena de supervivencia que a un acto social. Y en ese contexto aparece Leonardo, aportando orden, mesura y una primera noción de respeto: hacia los demás, hacia el espacio compartido y, por extensión, hacia la comida misma.


La mesa, antes del Renacimiento, no era ese espacio de calma que hoy idealizamos. Era más bien un territorio sin domesticar, donde comer respondía a una urgencia primaria, casi instintiva. Compartir no implicaba necesariamente respeto, y el alimento era más supervivencia que experiencia. En ese contexto, Leonardo no solo dibujaba máquinas imposibles o estudiaba la anatomía humana: también observaba cómo comían sus contemporáneos… y decidió intervenir.


Lo interesante no es la lista de normas en sí, sino lo que inaugura. Por primera vez, la mesa empieza a entenderse como un espacio social donde el comportamiento importa. Comer deja de ser un acto individual para convertirse en un gesto compartido. Aparece la conciencia.


Durante siglos, esa idea evolucionó hasta volverse casi obsesiva. El control del gesto, la distancia con el alimento, la proliferación de cubiertos… todo parecía responder a una misma lógica: cuanto más lejos estuviera la mano del plato, más cerca se estaba de la sofisticación. El contacto directo se volvió sospechoso. Comer con las manos quedó relegado a lo popular, a lo infantil, a lo que no había sido educado. Pero la historia, como casi todo, tiende a corregirse.


Hoy asistimos a un movimiento curioso —y profundamente revelador— en la gastronomía contemporánea. El comensal ha empezado a desobedecer. No desde la ignorancia, sino desde la elección. Se celebran platos que invitan a tocar, a romper, a mojar, a ensuciarse. Mariscos que desafían cualquier protocolo, panes que se desgarran con las manos, salsas que no se miran: se viven.


No es una vuelta a la barbarie que Leonardo intentó contener. Es algo mucho más sofisticado: una reconciliación con el origen. El comensal del siglo XXI no ignora las normas. Las conoce. Y precisamente por eso puede permitirse reinterpretarlas. Entiende que no se come igual un menú degustación que un pescado a la brasa, que la elegancia no siempre reside en la rigidez, sino en la coherencia con el momento. Ahí es donde aparece la verdadera evolución.


Porque la gastronomía contemporánea ya no busca únicamente impresionar desde la técnica o el protocolo. Busca generar conexión. Y pocas cosas conectan más que el contacto directo con el alimento. Comer con las manos no es una provocación. Es una forma de implicarse, de volver a sentir.


Quizá por eso este cambio genera tanta fascinación. Porque rompe con una idea que llevábamos siglos perfeccionando: que el placer debía ser contenido para ser aceptado. Hoy sucede lo contrario. El placer, cuando está bien entendido, se permite.


Respeto por el producto, por quien lo cocina, por quien comparte la mesa. Respeto por el espacio común. Esa sigue siendo la base. La diferencia es que ahora ese respeto no se mide por la rigidez del gesto, sino por la intención con la que se ejecuta.


Al final, entre el mantel impecable y las manos manchadas de salsa, el buen comensal sigue siendo el mismo. No el que más sabe de normas, ni el que más domina el protocolo, sino el que entiende que comer es un acto profundamente humano.


Y que en ese acto, cuando se hace bien, el placer no está reñido con el respeto. Está construido sobre él.


Fuentes: EXCELENCIAS GOURMET / Maki Naya

 
 
 
  • 7 may
  • 3 min de lectura

TENDENCIAS 07/07/2026


Actualmente tenemos la tendencia de integrar más y más la cocina en el restaurante, sin ir más lejos desde la de los hermanos Torres en Barcelona a la de ZIMO en Santa Cruz hasta podes comer en la cocina o en sala que es también cocina. La cuestión es: Cocina abierta en restaurante: Ventajas y desafíos; no es moderna, las antiguas tabernas como el Pilareta en Valencia funcionan todavía así.


Guía completa cocina abierta en restaurantes: qué es, cómo funciona, ventajas para ticket medio, desafíos operativos, diseño y normativas sanitarias vigentes.


Un restaurante de Madrid, facturaba €18.000 mensuales con cocina cerrada. Derribaron la pared. Instalaron barra frente a los fogones. Tres meses después: €31.000 mensuales. Mismo equipo. Misma carta.


¿Qué cambió? Los clientes dejaron de solo comer. Empezaron a vivir el proceso.


El 68% de los comensales valora positivamente ver la cocina antes de decidir dónde comer. El restaurante con cocina abierta responde a lo que el mercado busca: autenticidad, seguridad, experiencias.


Pero abrir la cocina no es derribar una pared y esperar resultados. ¿Cómo diseñar una cocina abierta que funcione sin caos? ¿Qué errores evitar para que la transparencia juegue a favor?


¿Qué es un restaurante con cocina abierta?Un restaurante con cocina abierta integra el área de preparación directamente en el comedor.Los clientes ven cómo se cocinan sus platos. Quién los prepara. Con qué ingredientes.


LA COCINA ES PARTE DEL ESPECTÁCULO.


Este formato rompe con el modelo tradicional donde la cocina permanece oculta. Aquí, cada movimiento cuenta. Cada detalle se nota. La higiene, la técnica, el orden y la actitud del equipo quedan expuestos.


Los formatos más comunes:• Barra frente a la cocina: Los comensales se sientan mirando directamente a los fogones• Isla central: La cocina ocupa el centro del local, rodeada por mesas• Cocina lateral abierta: Visible desde el comedor, pero sin interrumpir el flujo del servicio• Chef’s table: Mesas exclusivas dentro o junto a la cocina para grupos pequeños


EXPERIENCIA GASTRONÓMICA INMERSIVA

Lo importante: que el cliente sienta que forma parte del proceso, no que lo observa desde lejos. Comer en un restaurante con cocina abierta activa todos los sentidos. El sonido de la plancha al sellar una pieza de carne. El aroma del ajo dorándose en aceite de oliva. La llama alta que salta de la sartén. Los chefs comunicándose con precisión militar.


Todo forma parte de la experiencia. Algunos restaurantes llevan esto más allá: permiten degustaciones directas desde la cocina, explican técnicas en tiempo real o invitan a los comensales a participar en algún paso de la elaboración.


ERRORES COMUNES:


• Colocar la zona de emplatado demasiado lejos de la sala

• Poner la freidora junto a la entrada del comedor (los olores invaden todo)

• No dejar espacio suficiente para que dos personas trabajen simultáneamente


LO QUE FUNCIONA:


• Dividir la cocina en estaciones claras: caliente, fría, postres, emplatado

• Ubicar la zona de emplatado frente al comedor para que los clientes vean el toque final

• Crear un triángulo de trabajo eficiente entre nevera, fogones y zona de corte

• Un buen diseño reduce movimientos innecesarios. Aumenta la velocidad del servicio.


¿Vale la pena abrir la cocina?


Abrir la cocina genera confianza, crea experiencias memorables y diferencia tu marca. La decisión depende de tu capacidad operativa, no solo de diseño.


FUENTE Miguel Ortiz Peralta

 
 
 
  • 6 may
  • 3 min de lectura

TENDENCIAS 06/05/26


El mundo gastronómico es uno de los más complejos a la hora de dedicar tu vida profesional, y es que los enfrentamientos con los clientes, los horarios o las condiciones económicas son, a menudo, el origen de todas las polémicas.


El famoso adagio el cliente siempre tiene razón es una losa para los establecimientos gastronómicos, normalmente no tienen la razón pero algunas veces sí la tienen


La confianza del cliente se pierde en cosas ridículamente pequeñas. Muchas veces se piensa que un cliente deja de volver a un restaurante por algo evidente: la comida, el precio o un mal momento durante el servicio. Sin embargo, la mayoría de las veces la confianza empieza a romperse mucho antes y de maneras casi imperceptibles.


Una de las cosas que un local debe cuidar es su carta, y precisamente uno de los errores es tenerla “pegajosa”. O bien cuando pide una copa de vino y llega ya servida a la mesa. O cuando entra al baño y, sin saber exactamente por qué, siente que algo no termina de estar bien. Nadie suele hacer un comentario ni llamar al encargado por algo así. Simplemente aparece una pequeña incomodidad difícil de explicar, una sensación silenciosa de que quizá”, indica.


Así con cosas invisibles, o el dejar de cuidar los detalles o las cosas pequeñas, hace que un establecimiento pierda su reputación. Pues si en lo pequeño están los fallos, ¿qué será en las grandes?, ¿Cómo será realmente la limpieza en cocina?, ¿qué tan ordenado trabaja el equipo o qué sucede cuando nadie está mirando? “Recuperar esa confianza resulta mucho más difícil de lo que parece.


Lo más curioso es que estos errores rara vez tienen que ver con falta de actitud o de interés por parte del equipo. En la mayoría de los casos aparecen porque nadie dejó definido con claridad cómo deben hacerse las cosas. Los restaurantes que funcionan bien no dependen de la memoria ni de la buena voluntad individual, sino de estándares simples que se repiten todos los días y que siguen ejecutándose incluso cuando nadie supervisa.


Para mantener la reputación de un restaurante, la consistencia es clave: ofrezca calidad innegociable en alimentos y servicio, mantenga higiene impecable (especialmente en baños), gestione activamente las reseñas online y capacite al personal para resolver problemas al instante, garantizando una experiencia memorable y segura.


En Gourmet Magazine Bolivia le dejamos diez reglas fundamentales para proteger la reputación de su restaurante:


  1. Consistencia innegociable en la comida: Garantice que la calidad, sabor y presentación de cada plato sean siempre iguales, utilizando ingredientes frescos y proveedores confiables.

  1. Servicio al cliente excepcional y empático: Capacite al personal para anticipar necesidades, tratar a los clientes con amabilidad y gestionar quejas con profesionalismo, convirtiendo a clientes insatisfechos en aliados.

  1. Higiene impecable (especialmente baños): El baño es el "espejo del restaurante"; un espacio sucio daña gravemente la imagen. Realice rondas de limpieza cada 30-45 minutos.


  1. Monitoreo y respuesta rápida a reseñas en línea: Responda a todas las reseñas (positivas y negativas) en Google, TripAdvisor y redes sociales. Las respuestas deben ser profesionales, rápidas y solucionadoras.

  1. Seguridad y normativas sanitarias estrictas: Asegure temperaturas correctas de cocción, almacenamiento adecuado y lavado de manos. Una inspección sanitaria fallida es catastrófica para la reputación.


  1. Capacitación continua del personal: Un personal bien informado sobre el menú, alérgenos y atención al cliente evita errores graves y mejora la experiencia.


  1. Transparencia en redes sociales y menús: Mantenga la información (horarios, precios, menú) actualizada en línea. Las fotos de los platos deben coincidir con la realidad para evitar falsas expectativas.


  1. Gestión eficiente de tiempos de espera: Evite retrasos largos en la comida y mantenga un sistema de reservas organizado para evitar cuellos de botella. Si no puede servir un plato en 20 minutos, sacarlo de la carta.


  1. Proactividad para solicitar feedback: No espere a una mala reseña; fomente que los clientes dejen comentarios mientras están en el local (usando códigos QR) para identificar problemas a tiempo.


  1. Ambiente y limpieza del local: Ambiente musical discreto que los clientes puedan conversar, y lógicamente ambiente de limpieza en mesas, vajilla, cubiertos y el área de comensales impecablemente limpios y ordenados.


Si no cuida estos detalles, las cosas pequeñas, los detalles su local se llena de errores y del error al cierre hay un paso.

 
 
 

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