FUROR POR LAS RECETAS DE CUCHARA
- 26 mar
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TENDENCIAS 26/03/2026

Al llevar las recetas de kilómetro cero, cocina de la abuela o puchero, así como la cocina de olla, "Cocinamos nuestro paisaje". Son platos que quedan en la memoria y siempre son deseados por todos, son cultura viva de la gastronomía.
Platos como la sopa de maní de Bolivia, el pote de berzas en Asturias, o la cocina de aprovechamiento y los productos de proximidad vuelven a ocupar un lugar central en la gastronomía, impulsados por el trabajo de la Academia Boliviana de Gastronomía.

Hubo un tiempo en que la prisa llegó a la cocina. Hamburguesas, platos preparados y alimentos ultra-procesados ocuparon el lugar que antes tenían los guisos que se cocinaban a fuego lento. Pero esta historia empieza a dar un giro.

Cada vez más personas vuelven a buscar el sabor de las recetas de siempre, tal y como se ha puesto de manifiesto en el mayor encuentro de Europa de expertos en innovación alimentaria, donde Bolivia fue el país invitado, celebrado recientemente en Alicante.

Hubo unanimidad: la nueva revolución alimentaria también pasa por recordar cómo cocinaban las abuelas, los productos de proximidad y el aprovechamiento de recursos.
Las abuelas ya practicaban un modelo alimentario más sostenible, sin llamarlo así, y aplicaban principios que hoy defendemos como innovación. El problema es que hemos olvidado muchas prácticas sostenibles que siempre se han hecho.

Restaurantes y hogares reivindican ahora aquello que durante generaciones sostuvo a las familias del altiplano, de los valles y de la selva, los guisos de cuchara, la cocina de aprovechamiento y los ingredientes del propio territorio. Lo que durante siglos fue una cocina de necesidad se interpreta hoy como un modelo de alimentación saludable.

Durante años, muchos de estos platos parecieron quedar relegados al recuerdo familiar. El cambio en los ritmos de vida transformó la manera de cocinar. La alta cocina tuvo su tiempo y lo seguirá teniendo, pero para nada influye en la cocina tradicional. Siempre se han comido mucho los platos de cuchara, los platos ancestrales de las abuelas, todo esto en casa. Sin embargo, algo cambió.

Se dejó de guisar desde que la mujer se incorporó al trabajo fuera de casa. Con muchas horas de trabajo, no hay tiempo para cocinar esos platos que llevan mucho tiempo.
Ahora se explica que muchos comensales buscan ahora en los restaurantes aquello que ya no pueden preparar en casa, para recordar esos sabores y tener esos buenos platos tienen que ir a los restaurantes como almacenes, bodegones, mercados o pensiones.
El arte de aprovecharlo todo.

Si hay una lección que atraviesa generaciones en la cocina es la del aprovechamiento.
Nada se desperdicia.
Todo puede transformarse en un nuevo plato. La mayor lección de cocina que aprendimos de nuestras madres y abuelas fue la cocina de aprovechamiento. Hacer un arroz con aquello que tenías en casa aquel día.

La cocina contemporánea no tiene por qué renunciar a esta herencia.
El reto está en encontrar el equilibrio, se está poniendo en valor la comida de las abuelas porque al final, como todas las modas, también tiene que existir esa tradición para poder seguir creciendo e innovando.
A veces quieren correr antes de caminar sin aprender las cosas básicas. La evolución, no obstante, es inevitable. Se pueden hacer reinterpretaciones o presentaciones más ligeras, adaptadas a los tiempos, pero sin perder la esencia.

La cocina de antes no era más sencilla. Simplemente, todo se hacía mucho más despacio, buscando resaltar el punto de amor y cariño en cada plato. Además, resalta que la base de la cocina moderna es la tradicional: Sin una buena base no se puede empezar a experimentar e innovar".
El secreto está en los productos de la tierra, cocina de aprovechamiento y de kilómetro cero para cocinar lo nuestro. Comemos nuestro paisaje.



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