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TENDENCIAS 13/07/2026

Muchos países ya están legislando para que no se bote la comida sobrante de los establecimientos gastronómicos y restaurantes. En Bolivia los restaurantes hacen caso omiso a la recuperación de comida sobrante.
La filosofía y el sentido común deberían tener una norma clara: antes de que un alimento termine en la basura, debe priorizarse su aprovechamiento siguiendo una jerarquía que da prioridad al consumo humano, ya sea mediante redistribución o donación, antes de otras salidas como alimentación animal, compostaje o valorización energética.

En hostelería, la única medida visible para el consumidor es el “Tapeke”, facilitando que el cliente pueda llevarse los alimentos no consumidos, siempre que sean seguros para el consumo, mediante envases aptos para ello que suministra el mismo restaurante.
Pero más allá de lo que ve el cliente, el impacto real está en la organización interna. La norma impulsa que los operadores desarrollen planes de prevención del desperdicio alimentario y analicen dónde se generan pérdidas.

Para seguir en esta línea nos preguntamos: ¿Llegarán las medias raciones y los menús más flexibles?
Dentro de las buenas prácticas asociadas a la reducción del desperdicio, una de las líneas que gana fuerza es la flexibilización de la oferta gastronómica: permitir diferentes tamaños de ración, adaptar guarniciones o facilitar decisiones más ajustadas al apetito real del cliente.

No se trata necesariamente de una obligación generalizada hoy, pero sí de una dirección clara dentro de la conversación regulatoria y de sostenibilidad.
Porque ofrecer medias raciones no siempre supone simplemente servir menos comida; implica rediseñar escandallos, cocina, pricing, tiempos de servicio y márgenes.

También la donación de alimentos aptos para el consumo es uno de los pilares del nuevo modelo.
Sobre el papel, el planteamiento parece incuestionable: si un excedente puede alimentar a personas, no debería desperdiciarse.

No estamos hablando de los alimentos que se derivan al BANCO DE ALIMENTOS, que está realizando en Bolivia una estupenda gestión. Nos referimos a los alimentos de supermercados y sobre todo de los establecimientos gastronómicos que se derrochan en gran cantidad.
La verdadera sostenibilidad de la hostelería entra en una etapa donde desperdiciar menos dejará de ser una opción reputacional para convertirse, cada vez más, en parte estructural del negocio; no solo económicamente, sino también como un logro de imagen y reputación.




















