ASÍ SERÁN LOS PLATOS DEL 2026
- Ana Paola Hórnez Rivera
- 15 ene
- 5 Min. de lectura
TENDENCIAS 15/01/2026

Los platos del futuro: qué tendencias gastronómicas marcarán este año 2026. En estas fechas todo son listas que marcar las pautas de lo que se viene. Desde el Wrapped de Spotify en el que la aplicación nos resume la música que escuchamos hasta el color Pantone del año, que se alza como el color que más se verá en el 2026.

Eso sin contar las búsquedas más repetidas en Google o los cientos de calendarios que ya están circulando para que no te pierdas nada en deporte, conciertos o lo que sea que te apasione. Parece que necesitamos que alguien ponga orden al caos y haga el trabajo sucio de planificar y decidir.

En cocina también pasa. La diferencia es que, esta vez, quien pone el foco no es un gurú de Instagram, sino una revisión académica que repasa las corrientes que han ido moldeando la gastronomía moderna y que hoy siguen empujando el “futuro” del plato. Así, la revista científica Journal of Agriculture and Food Research se sumó a esta fiebre con un artículo titulado: Tendencias culinarias en la gastronomía del futuro: una revisión. Así, repasando qué tendencias ha habido en los últimos años y la repercusión que ha tenido que cada una de ellas, se puede “adivinar” de qué se seguirá hablando en el futuro.

La más futurista: la cocina Note by Note, que propone construir sabores y aromas a partir de compuestos. La cocina "Note by Note" (Nota a Nota) es un concepto revolucionario del científico francés Hervé This que propone construir alimentos a partir de compuestos químicos puros (agua, etanol, proteínas, etc.), en lugar de ingredientes tradicionales, para crear sabores, texturas y colores nuevos, similar a cómo la música usa notas para crear melodías, ofreciendo soluciones a problemas alimentarios como el desperdicio, la nutrición y la sostenibilidad.
LAS 6 TENDENCIAS:

Las seis tendencias que han ido marcando la cocina moderna: la primera es la cocina fusión, que nace cuando las fronteras se vuelven porosas y en un mismo plato caben técnicas, ingredientes y guiños de países distintos.

No es solo “mezclar por mezclar”, sino reflejar cómo viajamos, migramos y comemos cada vez más mezclado. Luego aparece la gastronomía molecular, el momento en el que la cocina se apoya en la ciencia para jugar con texturas, temperaturas y formas.

Aquí el foco está en la técnica: convertir líquidos en bocados, espumas, geles o sorpresas que cambian la experiencia del comensal. En el lado opuesto está el Slow Food, que responde a la prisa y al fast food reivindicando el producto, el origen y el tiempo. Más que una moda, funciona como filosofía: comer mejor, con más conciencia y con un vínculo más claro con el territorio.

La revisión también repasa la nouvelle cuisine, que marcó un antes y un después al aligerar platos y presentaciones, dar más protagonismo al ingrediente y abandonar la pesadez de ciertas fórmulas clásicas. Es una tendencia que, aunque ya no se nombre tanto, dejó huella en cómo se cocina y se sirve hoy.

A eso se suma la alta cocina o cocina refinada, entendida como el espacio donde se empuja la técnica, la creatividad y la experiencia. Aunque no sea “lo cotidiano”, muchas ideas acaban filtrándose después a restaurantes y formatos más accesibles. Y, por último, la más futurista: la cocina Note by Note, que propone construir sabores y aromas a partir de compuestos (en lugar de ingredientes tradicionales), como si el plato se compusiera “nota a nota”. Es el extremo experimental del mapa y el que mejor explica por qué el paper habla de “futuro”.
¿QUÉ SE QUEDARÁ?

Si hay dos que ya no parecen una moda, sino un fondo de armario, son la cocina fusión y el Slow Food: la primera porque refleja cómo comemos hoy, mezclando sin pedir permiso; la segunda, porque conecta con una preocupación que no va a menos, la de saber qué comemos y de dónde viene.

En Bolivia ya aterrizó “slowfood.bolivia” como una Organización sin fines de lucro que promueve la alimentación Buena, Limpia, Justa y Biodiversa para todas y todos.
La gastronomía molecular y la nouvelle cuisine seguirán, pero más como herramientas asumidas que como etiqueta. Y la Note by Note queda, de momento, como territorio de laboratorio y alta cocina: fascinante, sí, pero todavía lejos del plato diario.

"Las tendencias gastronómicas las marca el cliente". Las modas siempre vuelven —dicen—, pero para eso primero deben irse. ¿Será este el año que veremos desaparecer las cocinas fantasmas y las apps de comida a domicilio? ¿Diremos adiós, por fin, al omnipresente chocolate Dubái y al impertinente tartar de atún? ¿No más contratos basura en hostelería?
Las tendencias, aparentemente caprichosas y espontáneas, son, en ocasiones, el resultado de un plan de marketing muy bien orquestado, el triunfo de los intereses comerciales de alguna marca con gran influencia económica. Si pierden fuerza, crean otras nuevas, y así hasta el infinito.
TENDENCIAS
EL AÑO DEL REPOLLO

Pinterest Predicts 2026 e informes de tendencias de medios como Food & Wine, Taste of Home o Business Insider mencionan al repollo como uno de los ingredientes estrella de 2026, por delante de otras crucíferas como la coliflor.¿Por qué? Porque une muchas de las cosas que ahora mismo buscan los consumidores: es bueno para la salud intestinal (rico en fibra y bajo en calorías), económico, versátil y fotogénico (chefs y creadores de contenido lo usan en formato steak de repollo a la brasa, hojas laminadas, rollitos o fermentados de colores vivos que funcionan muy bien en foto y vídeo).
SIMPLICIDAD Y NOSTALGIA

Periódicos como The New York Times aseguran que este año habrá menos 'platos para Instagram' y más cocina de recuerdos (clásicos revisados, guisos sin artificio, recetas de abuela con toques internacionales, etc.).
La idea es dejar a un lado el postureo (al menos un poquito) y priorizar el buen producto y las experiencias auténticas que realmente valgan lo que cuestan. Frente al exceso de elaboraciones pensadas para la foto (hamburguesas con panes de color azul y rosa, toppings excesivos y absurdos...), se imponen la calidad y la coherencia.
MENÚS MÁS CORTOS Y CLAROS

Los clientes están cansados de los monólogos eternos para justificar cada plato y prefieren que la receta se explique casi por sí sola. Lo contábamos en este artículo hace un par de días: muchos chefs como Dabiz Muñoz o Juanlu Fernández están cambiando las presentaciones interminables por ilustraciones ingeniosas y fichas de productos, liberando así al comensal de discursos densos y tecnicismos soporíferos.
PLACER CON CONCIENCIA

Un creciente número de jóvenes se define actualmente como "sober curious", un movimiento que trata de repensar la relación que tenemos con el alcohol. La Generación Z está cambiando su forma de socializar: quieren planes, sabor y estética 'de cóctel', pero sin la molesta resaca ni el impacto negativo en la salud.Muchos restaurantes de todo tipo ya se están adaptando a esta nueva demanda, ofreciendo maridajes no alcohólicos y alternativas NOLO (No o Low Alcohol) que ya no se viven como sustitutos tristes, sino como opciones deseables y con identidad propia.
Comunidad y exclusividad

Crecen los clubs privados y las membresías gastronómicas. Una parte del público pide experiencias más exclusivas y cuidadas (cenas privadas, catas a ciegas, eventos con chefs y enólogos solo para socios) para tener la sensación de pertenecer a algo especial, más allá de 'simplemente' reservar mesa en un restaurante.
Para los negocios este nuevo formato tiene numerosas ventajas, ya que aporta cuotas recurrentes (en algunos casos, membresías anuales de hasta 2.000 euros), clientes fieles y la posibilidad de vender eventos culinarios de ticket alto, algo muy valioso en un contexto de costes crecientes y gran competencia. Además, les permite tener un mayor control de la demanda, planificando mejor aforos, personal y producto.



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