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  • 21 ago 2025
  • 2 Min. de lectura

GastroTOUR SCZgm 21/08/2025



Muy pocos conocen que la buganvilla que está en nuestras casas y calles de Santa Cruz es una flor, en el inmenso mundo de las plantas comestibles, donde lo visual y lo culinario a menudo se cruzan.



Esta flor no solo llama la atención por su belleza intensa y su presencia decorativa en muros, terrazas y jardines, sino que también puede llegar a desconcertar al paladar.


La buganvilla, esa planta exuberante y colorida que muchos asocian a zonas como Santa Cruz y en Europa al Mediterráneo, especialmente en lugares como España e Italia, pero cuyo origen verdadero está en Sudamérica.


A pesar de su popularidad en zonas cálidas y su uso extendido como ornamento, muy pocos saben que es comestible.


LA BUGANVILLA: LA CURIOSA FLOR QUE SABE A TOMATE



Lo más curioso: hay quien asegura que sabe a tomate. Esta flor puede comerse y sus datos botánicos son muy reveladores, explican su inusual perfil de sabor.




Todos asociamos ese vibrante color fucsia o morado a la flor de la buganvilla, pero en realidad lo que estamos viendo no es la flor, sino unas hojas modificadas llamadas brácteas.


Estas brácteas tienen como función principal atraer a los polinizadores, pero no son la flor auténtica. La verdadera flor de esta planta es una minúscula estructura blanca o crema situada justo en el centro de ese envoltorio colorido.


Este dato, que puede parecer meramente técnico, en realidad nos da muchas pistas sobre su sabor, porque esas hojas coloridas tienen una composición química diferente a la de la flor, y son justamente las que, al masticarlas, nos recuerdan al sabor de un tomate maduro.


Este perfil gustativo inesperado, que combina una ligera acidez con notas vegetales frescas, convierte a la buganvilla en una opción muy interesante para quienes disfrutan experimentando en la cocina. Aunque no se trata de un ingrediente habitual en recetarios tradicionales, su carácter comestible permite darle un uso creativo en ensaladas, decoraciones de platos o incluso como componente en infusiones o cócteles.


Eso sí, siempre es importante asegurarse de que las flores no hayan sido tratadas con pesticidas o productos químicos si se van a consumir.


La buganvilla, por tanto, no es solo una cara bonita en las calles y pueblos de Santa Cruz, sino también una planta con historia, función biológica fascinante y potencial culinario inesperado. Hoy, desde SCZgm, les ofrecemos una invitación abierta a mirar el mundo vegetal con otros ojos, a redescubrir lo que tenemos delante y a perderle el miedo a probar cosas nuevas.


¿Quién sabe? Tal vez tu próxima ensalada lleve un toque de buganvilla porque te apetezca que tenga un ligero sabor a tomate.

 
 
 
  • 11 ago 2025
  • 2 Min. de lectura

GastroTOUR SCZgm 11-08-2025


Muy pocos conocen que la buganvilla que está en nuestras casas y calles de Santa Cruz es una flor, en el inmenso mundo de las plantas comestibles, es donde lo visual y lo culinario a menudo se cruzan.


Esta flor no solo llama la atención por su belleza intensa y su presencia decorativa en muros, terrazas y jardines, sino que también puede llegar a desconcertar al paladar.


La buganvilla, esa planta exuberante y colorida que muchos asocian a zonas como Santa Cruz y en Europa al Mediterráneo, especialmente en lugares como España e Italia, pero cuyo origen verdadero está en Sudamérica. A pesar de su popularidad en zonas cálidas y su uso extendido como ornamento, muy pocos saben que es comestible.


LA BUGANVILLA: LA CURIOSA FLOR QUE SABE A TOMATE


Lo más curioso: hay quien asegura que sabe a tomate. Esta flor puede comerse y sus datos botánicos son muy reveladores, que explican su inusual perfil de sabor.


Todos asociamos ese vibrante color fucsia o morado a la flor de la buganvilla; en realidad, lo que estamos viendo no es la flor, sino unas hojas modificadas llamadas brácteas.


Estas brácteas tienen como función principal atraer a los polinizadores, pero no son la flor auténtica. La verdadera flor de esta planta es una minúscula estructura blanca o crema situada justo en el centro de ese envoltorio colorido.


Este dato, que puede parecer meramente técnico, en realidad nos da muchas pistas sobre su sabor, porque esas hojas coloridas tienen una composición química diferente a la de la flor, y son justamente las que, al masticarlas, nos recuerdan al sabor de un tomate maduro.



Este perfil gustativo inesperado, que combina una ligera acidez con notas vegetales frescas, convierte a la buganvilla en una opción muy interesante para quienes disfrutan experimentando en la cocina.



Aunque no se trata de un ingrediente habitual en recetarios tradicionales, su carácter comestible permite darle un uso creativo en ensaladas, decoraciones de platos o incluso como componente en infusiones o cócteles.


Eso sí, siempre es importante asegurarse de que las flores no hayan sido tratadas con pesticidas o productos químicos si se van a consumir.


La buganvilla, por tanto, no es solo una cara bonita en las calles y pueblos de Santa Cruz, sino también una planta con historia, función biológica fascinante y potencial culinario inesperado.


Hoy desde SCZgm les ofrecemos una invitación abierta a mirar el mundo vegetal con otros ojos, a redescubrir lo que tenemos delante y a perderle el miedo a probar cosas nuevas.


¿Quién sabe? Tal vez tu próxima ensalada lleve un toque de buganvilla porque te apetezca que tenga un ligero sabor a tomate.

 
 
 
  • 30 jul 2025
  • 2 Min. de lectura

GastroTOUR SCZgm 30/07/25



Los gourmets más refinados ya han convertido la travesía del tren Venice Simplon-Orient-Express, que incluye brunch, comidas de lujo y cócteles, en el viaje de sus sueños; en una aventura sobre raíles donde lujo vintage, gastronomía top y diversión confluyen.


Si puede, le recomendamos subir a bordo de este increíble tren.



Onírico y legendario, el aristocrático tren azul de la compañía Belmond es un auténtico icono art déco. Llegar a la Gare de l'Est en París y descubrirlo, mientras te recibe la tripulación con una enorme sonrisa y la banda a ritmo de bossa nova o ragtime, resulta de lo más emocionante. Las cabinas —restauradas por artesanos franceses— están vestidas con maderas nobles ornamentadas y ricas telas, cuentan con un coqueto cuarto de baño con suelo de mosaico y dos camas que, de día, se pliegan para dar paso a un acogedor salón. Allí te esperan una botella de champagne, un delicioso aperitivo y la promesa de una travesía única.


El Bar Car 3674 hará las delicias de los bon vivants, que disfrutarán con sus imaginativos cócteles de autor acompañados por la música en vivo del pianista. Por no hablar de su brunch de medianoche —el roll de langosta y el sandwich club con trufa son para levitar—, que mantiene su animadísimo ambiente cosmopolita hasta altas horas de la madrugada. En el Venice Simplon-Orient-Express nunca te sentirás overdressed. La etiqueta requiere un derroche de estilo y, a la hora de la cena, smoking para ellos, gala para ellas y mucho glamour para todos.


Las comidas tienen lugar en sus tres vagones restaurante: el Côte d'Azur —construido en 1929 y famoso por su imponente cristal Lalique, cubría el trayecto París-Calais y está entelado en terciopelo azul de Prusia—; L'Oriental —con paneles de laca y tapicería dorada, data de 1927—; y L'Étoile du Nord —decorado en tonos verdes y con marqueterías históricas—. El chef Jean Imbert propone una elegante cocina de brasserie con menús de varios platos a elegir.


Te costará decidirte entre delicias como la dorada Riviera con alcachofas, hinojo confitado y salsa barigoule; el ave a la diabla con minigofres con especias y patatitas asadas; o la chuleta de ternera con salsa de chanterelle y berenjena a la parmesana. Para los más sibaritas, existe una trilogía de caviar Petrossian, servida con blinis a la mantequilla, crème fraîche y huevo cocido.


Tras el festín, nada como una copa en el Bar Car antes de caer en brazos de Morfeo, mecido por el suave traqueteo. Amanecer en parajes increíbles y arribar a Venecia a través de la laguna son vivencias inolvidables.


FUENTE: ELLE

 
 
 

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