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  • 31 mar
  • 2 Min. de lectura

SoloVino 31/03/2026


El sector vitivinícola en 2026 es de transición: diversificación y competitividad, estas son las claves para recuperar terreno; según nos informa la importante revista empresarial FORBES.



Tras un 2025 marcado por la caída en las exportaciones y una contracción en el consumo interno debido a la pérdida del poder adquisitivo, la industria apuesta a la uva en fresco, el mosto y el enoturismo para equilibrar la balanza. Por qué el Torrontés puede ser uno de los próximos focos de crecimiento.


La vitivinicultura atraviesa un momento de reconfiguración. Luego de un 2025 complejo, el sector se prepara para la vendimia, los países productores debatirán cómo sostener la competitividad de un sector que aporta divisas, pero que hoy enfrenta serios desafíos estructurales.


Se cerró un 2025 difícil. La baja en el mercado interno tiene una explicación lógica: la industria fue una de las primeras en entender que, para no salir del mercado, había que ajustar precios, incluso a costa de achicar márgenes o tener márgenes negativos. Esta caída del consumo doméstico se debe primordialmente a la pérdida del poder adquisitivo, que es una cuestión coyuntural; de hecho, el vino es una de las bebidas alcohólicas que menos cae.


La uva como protagonista


Se vislumbra un panorama optimista para los subproductos. Hay una posibilidad concreta de hacer una muy buena campaña de mosto este año, de unas 80.000 a 85.000 toneladas. Por otro lado, España e Italia tuvieron mermas en sus cosechas, lo que nos abre una ventana de oportunidad.


En el mundo, el mosto representa un comercio de 440.000 toneladas valuadas en US$ 660 millones. En este contexto, a 2024 Argentina es el segundo mayor exportador mundial (el primero es España).


Es que el mundo demanda mosto como un endulzante natural para alimentos y bebidas, y los principales mercados a los que Argentina exporta son EE.UU., Sudáfrica, Japón, Canadá y Arabia Saudita.


Uvas En Viñedo Durante El Día


Las tendencias apuntan al consumo de blancos dulces y la apuesta por el Torrontés y otras variedades como criollo varietal blanco autóctono para conquistar mercados internacionales, siguiendo el camino del Malbec. Aparece la ley para el uso de jugos naturales (de uva, limón, manzana, etc.) para endulzar, reemplazando otros productos menos saludables.


Otro producto que viene en crecimiento son las pasas de uva. A 2024, en el mundo se comercializaron 871.494 toneladas por un valor total de US$ 2.029 millones.


Una de las notas más positivas del último ciclo es el crecimiento exponencial del turismo del vino. Actualmente, existen 486 bodegas abiertas al turismo en 18 provincias, lo que representa un incremento del 144% respecto a 2013. El enoturismo genera un derrame fenomenal en gastronomía y movimiento en los pueblos. Esta actividad permitió tener toda su superficie cultivada relevada bajo una misma metodología de estudio del enoturismo.


No obstante, la mirada está puesta en la diversificación y en los nuevos acuerdos comerciales. Ante la apertura de mercados como el de EE.UU. o el acuerdo Mercosur-Unión Europea, la industria se mantiene cauta pero expectante.


FUENTE Forbes / Fabián Ruggeri, nuevo presidente de COVIAR

 
 
 
  • 24 mar
  • 3 Min. de lectura

SOLOVINO 24/06/2026


Es ¿elitista? el protocolo del vino. ¿Por qué hay tantas copas? ¿Tienen sentido? ¿Por qué se nos exigen, aparentemente, tantos conocimientos previos?


¿Y por qué su servicio y degustación requiere de tantos ademanes? Hoy queremos desmontar (o no) algunos mitos.


Elegir una copa adecuada para cada vino no es una pijada de modales: organolépticamente, la bebida necesita que se tome en serio cuál es el recipiente en el que la vas a ofrecer, hay dos caminos a elegir y que respeto por igual: el de si tienes, por ejemplo, un vino blanco, con barrica, complejo en aromas –puede ser un vino de unos 70 a 100 bs.- del supermercado o la bodega del barrio– y lo quieres servir en una copa copa bordelesa (una copa grande, tradicionalmente reservada para tintos con cuerpo), ¡pues adelante!. La experiencia que le vas a dar a la persona será muchísimo más placentera, porque el vino se va a expresar de manera mucho más rica. Hablamos de tecnología al servicio del placer.


¿Y el segundo camino? Por otro lado –continúa– también me gusta cómo en el movimiento del vino natural, que es un poco descarado y muy festivo, se están recuperando todas las ‘copas descartadas’: vasos –incluso de papel– o porrones para compartir. Como diciendo: bueno, lo importante es que la gente lo beba. “Y cuando ya haya accedido a él y no le parezca un mundo ajeno y hostil, ya decidirá en qué copa quiere beber; porque no hay una respuesta correcta”.


Nos parecen interesantes las dos vertientes, que se dan simultáneamente, pero le interesa testear los límites de toda la parafernalia –las buenas copas a fin de cuentas son una tecnología muy cara–, y hacer esta bebida más accesible sin renunciar por ello a la calidad, no hace falta que si eres de clase media o baja bebas vino de mierda.


En el mundo del vino natural; o de los vinos libres, de mínima intervención o como se los quiera llamar, ve esfuerzos por acercar el vino a las personas, tanto en el lenguaje de catas como en la propuesta más informal de copas. El servicio del vino a veces trae códigos de clase, de accesibilidad, y mucha gente piensa que está fuera de ellos porque son muy crípticos y estirados. Está guay que estos mundos se abran a la gente, el vino tiene que ser una bebida popular.


Hay que poner la atención en lo que se come y de dónde procede, en comerlo con las manos si el alimento lo pide, con el respeto a los demás como brújula –dentro y fuera de casa– y con todo lo que vaya en dirección contraria al esnobismo absurdo a la hora de compartir mantel con familiares o amigos.


El protocolo del vino dicta servir por la derecha, comenzando por mujeres (mayor a menor edad), luego hombres, y finalmente el anfitrión, quien lo prueba primero. La copa se sujeta por el tallo, llenándola a un tercio (tinto) o la mitad (blanco/rosado). La botella nunca toca la copa y se mantiene la etiqueta a la vista.


Puntos Clave del Protocolo


• Aprobación: Se sirve una pequeña cantidad al anfitrión para que lo pruebe antes de servir a la mesa.

• Orden de servicio: Mujeres primero, luego hombres, y al final quien pidió el vino (o el anfitrión).

• Lado de servicio: Siempre por la derecha del comensal.

• Temperatura: Tintos se sirven a temperatura ambiente (o ligeramente frescos), mientras que blancos, rosados y espumosos se mantienen en cubitera con hielo y agua.

• Manejo de la copa: Sujetar únicamente por el tallo o la base para evitar calentar el vino.


Claves Servicio y Etiqueta


• El Corcho: Al descorchar, el sumiller coloca el corcho sobre un platillo pequeño frente al anfitrión para su verificación.

• Etiqueta: La etiqueta de la botella debe estar mirando al comensal mientras se sirve.


• Limpieza: Se utiliza una servilleta de tela para limpiar la boca de la botella tras servir, especialmente el vino tinto, para evitar gotas.

• Cantidad: No llenar la copa por completo para permitir la oxigenación y liberar aromas.


Orden de Vinos,


Si se sirven varios vinos, el protocolo sigue un orden lógico:


• Vinos blancos secos antes que tintos.

• Vinos jóvenes antes que con crianza.

• Vinos ligeros antes que con cuerpo.

• Vinos secos antes que dulces.


En restaurantes, el sumiller o camarero nunca debe dejar la copa vacía y el servicio de vino debe ir siempre acompañado de agua.

 
 
 
  • 17 mar
  • 4 Min. de lectura

SOLOVINO 17/03/2026


Las marcas aplican tecnología con el fin de hacer frente a un problema que destruye 380 millones de euros: botellas de vino inteligentes para acabar con las falsificaciones. Los falsificadores utilizan vino barato para rellenar botellas de vino caro, o los mezclan, o directamente falsifican la totalidad de la botella.


Italia es uno de los países con más contrabando. A finales de 2024, las autoridades europeas destaparon una red criminal en el país alpino para falsificar vino tinto francés, vendido a 15.000 euros la botella. En España, la policía española documentó una red de vinos con falsas denominaciones, comercializados como Rioja en Vietnam a través de 17 marcas fraudulentas. En 2024, la Guardia Civil española detectó más de 18.400 botellas comercializadas bajo una falsa denominación de origen de vinos de Málaga, con destino a la venta online.


A la industria del vino y las bebidas alcohólicas se le atragantan las falsificaciones. Se trata de un agujero que destruye 380 millones de euros en beneficios cada año y 1.100 empleos en España. El mercado ha apostado por una ingeniosa solución para atajar el problema: botellas inteligentes y con memoria. La idea es utilizar códigos QR y tecnología NFC —el mismo sistema que permite el pago con los móviles— para garantizar al consumidor que lo que ha comprado es original y no una copia.


La filosofía detrás de su estrategia es sencilla: si los imitadores son muy buenos copiando los vinos, quizás es hora de ponérselo más difícil con las botellas. Este pensamiento ha llevado a las marcas a reforzar su estrategia antipiratería con el foco no tanto en el contenido, sino en el continente. Y ello ha dado paso a una auténtica revolución en el diseño de los embalajes (packaging).


Las botellas con memoria deben su llamativo nombre a chips de tecnología NFC presentes en sus etiquetas o en sus tapones. Así, con solo acercar el móvil, el consumidor obtiene información sobre el origen del producto y su recorrido hasta llegar a sus manos.


Pero la idea de crear botellas trazables no es nueva.


El sector de bebidas espirituosas ha liderado una lucha de años contra las falsificaciones, con el uso de etiquetas timbradas, hologramas y códigos serializados.

Sin embargo, los falsificadores han afinado sus técnicas para saltar por encima de estas barreras. Sus copias son cada vez más finas. Una idea de su magnitud es que entre 2013 y 2017, la falsificación de productos alcohólicos dejó una brecha de beneficios en la Unión Europea de 2.015 millones de euros.

Los principales puntos de fuga son los mercados orientales, con China y Vietnam a la cabeza. “Las falsificaciones han evolucionado significativamente”, corrobora Gerard Guiu, director general de la Asociación para la Defensa de la Marca (ANDEMA). “Ya no se limitan a rellenar botellas originales, sino que son capaces de fabricar botellas, etiquetas y cierres falsos de alta calidad”.


En 2023, se creó un grupo de trabajo especializado en digitalización para animar a las bodegas a utilizar botellas inteligentes y códigos QR. Se trata de una reacción rápida contra el auge de sitios fraudulentos, webs que simulan ser los portales oficiales de marcas muy reconocidas para crear confusión en el mercado.

A este fenómeno, el de registrar dominios prácticamente idénticos o similares a otras marcas con mala fe, se le conoce como cybersquatting, traducido como ciberocupación. La abogada Inmaculada de la Haza, socia del bufete Balder y especialista en propiedad industrial, reconoce que estos portales de pega son una gatera para la venta de bebidas que dicen ser lo que en realidad no son. “Terceros registran dominios idénticos o confusamente similares a la marca para desviar el tráfico”, y así “venden productos ilícitos, lanzan estafas de pago o simplemente revenden el dominio”.


La venta no oficial en redes sociales también inquieta al negocio vinícola. “En Instagram, Facebook o TikTok es habitual ver cuentas falsas o personales que ofrecen botellas premium a precios bajos”, detecta la abogada. Habitualmente estas transacciones se gestionan por mensaje directo o por cauces ajenos a la plataforma: es, llanamente, una forma de eludir los controles.


De la Haza identifica también casos de falsos influencers o embajadores que promocionan vinos que no han sido importados oficialmente. Eso hace saltar las alarmas porque pueden ser productos “rellenados” o con etiquetas rediseñadas. “Esto fue advertido por la Interpol como un mecanismo recurrente en mercados como el Sudeste Asiático o América Latina”.


Rutas del comercio ilegal


Trazar la botella con tecnología es una manera simple de recopilar datos: dónde ha sido vendida, en qué añada o el número de serie. Pero, además, es una fórmula ideal para conocer los tentáculos del comercio ilegal y cuáles son sus rutas. “Si cada botella protegida genera eventos de verificación, la marca puede detectar duplicidades”, explica Juan Pablo Izquierdo, consejero delegado de Vinok, una de las start-ups que han surgido en el sector para garantizar la trazabilidad del vino con tecnología. “Por ejemplo, se puede detectar un mismo ID en dos lugares, concentraciones sospechosas, rutas incoherentes con el canal o picos de actividad que pueden apuntar a una copia o a un doble etiquetado”.


Botellas con memoria, disruptivas y tecnológicas. “La estrategia no se apoya en una sola medida, sino en capas superpuestas de protección”, añade Pablo López Ronda, director de marcas y brand intelligence de Pons IP. Por ejemplo, el uso de tecnología NFC con registro blockchain ayuda a reconstruir el viaje de la botella hasta el comprador. “Estas etiquetas aportan datos cifrados en tiempo real, evidencias de manipulación y seguimiento de geolocalización”, explica López Ronda.


El blockchain genera un registro inmutable de cada paso que ha dado el envase. Aunque es una tecnología que se ha implantado de forma desigual en las bodegas, según su tamaño y recursos, porque no es una estrategia barata, reconoce el especialista. Otra desventaja es que la ingeniería inversa puede hacer que, en un tiempo relativamente corto, la tecnología pueda ser replicada por los falsificadores.


La revolución antipiratería no es solo una cuestión de blindaje tecnológico. En paralelo, el sector se ha inspirado en el ejemplo de Old Parr, la emblemática botella ámbar de whisky escocés, con relieve craquelado registrado y exclusivo. Los expertos coinciden en que las marcas registran cada vez con más frecuencia envases distintivos, rompedores y que escapan del corsé de la norma. Es una forma de llamar la atención del mercado, pero también una barrera para ponérselo difícil a los falsificadores, siempre al acecho.


FUENTE EL PAÍS José Miguel Barjola


 
 
 

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