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ABARATAR LA CESTA

  • hace 1 día
  • 4 min de lectura

GastroTOUR 30/07/2026


Los supermercados públicos son una iniciativa del alcalde de Nueva York que ha reavivado el debate sobre estos establecimientos como una posible herramienta para garantizar el acceso a alimentos frescos y de proximidad y abaratar los costos de la cesta de la compra. Una sola persona puede cambiar la vida de millones sin que su nombre le suene a casi nadie.


Para muestra, Clarence Saunders, el estadounidense que modificó radicalmente la manera de comprar alimentos, aunque no mucha gente lo sepa. Comerciante primero y empresario después, Saunders patentó en 1917 un modelo de venta alimentaria que no existía hasta la fecha: las tiendas de autoservicio, el germen del supermercado.


Sí, esto de recorrer los pasillos a solas y coger directamente los productos de las estanterías se le ocurrió a un señor de Virginia hace más de un siglo.


Y se concibió desde un inicio como un laberinto para atrapar clientes, reducir costes y maximizar los beneficios de la empresa.


El concepto, en esencia, no ha cambiado desde entonces. Para comprobarlo, basta observar el diseño que registró Saunders en la Oficina de Patentes de Estados Unidos y leer la descripción que lo acompaña: “El objetivo de mi invención es proporcionar un equipamiento para que el cliente pueda servirse a sí mismo y, al hacerlo, se vea obligado a revisar todo el surtido de productos en stock, exhibidos de manera conveniente y atractiva, [mediante] un camino sinuoso a través de la tienda”.


Con el autoservicio, el local “se libera de una gran proporción de los gastos” necesarios para operarlo, escribió. El modelo permite “prescindir del empleo de muchos dependientes que normalmente se encargan de atender a los clientes”.


Conocer esta génesis ayuda a entender por qué la idea de un supermercado público hace tantísimo ruido.


Es un oxímoron, una contradicción: priorizar el acceso a los alimentos básicos a un precio asequible, poner en el centro el bienestar de las personas y tratarlas como parte de la ciudadanía, y no tanto de la clientela, está en la acera opuesta del modelo original. Por eso la iniciativa del alcalde de Nueva York, Zohran Mamdani, de construir cinco supermercados públicos en su ciudad antes de 2030 generó críticas y escepticismo.


¿QUÉ ES EXACTAMENTE UN SUPERMERCADO PÚBLICO?


Estos supermercados son superficies comerciales de gestión pública, cuyo principal objetivo es garantizar el acceso a alimentos básicos, saludables y frescos a buen precio. Muchas veces, además, se abastecen con alimentos de cercanía para fortalecer el tejido productivo del lugar donde se encuentran, acortar las cadenas de distribución, reducir costes y funcionar de un modo más sostenible.


Aunque hay diferentes modelos –no es lo mismo una zona rural que una urbana ni una ciudad pequeña que una capital–, lo que se busca es anteponer los beneficios sociales a la rentabilidad del negocio.


Argumentos a favor: reducir los márgenes de ganancia bajaría el precio de los alimentos, sería más fácil hacer una compra saludable, las personas más vulnerables podrían comer mejor y se daría impulso a los productores locales, dado que serían los proveedores preferentes.


En contra: crear y mantener una red de supermercados implicaría una gran inversión para las arcas públicas, podría haber riesgo de competencia desleal con las empresas, y la bajada de precios casi no se notaría porque los supermercados tradicionales ya operan con márgenes de beneficios del orden del 2 %. De hecho, a comienzos de este año fue noticia que Mercadona alcanzó en 2025 un margen de beneficio neto del 4,5 %.


Para los expertos lo primero es entender que la alimentación es un derecho, igual que la salud y la educación. Si tenemos escuelas públicas y un sistema público de salud, ¿por qué no podemos tener también una red pública de alimentación que garantice unos mínimos dignos a todas las personas? No se trata de sustituir a las empresas privadas, sino de ofrecer una base de seguridad, cómo sería la vida sin educación ni sanidad públicas.


Pues eso es lo que pasa hoy con la comida.Los supermercados públicos no son una rareza ni están condenados al fracaso. En México, por ejemplo, funcionan las Tiendas del Bienestar, una red de abasto; sobre todo, rural, que cuenta con más de 24.000 locales fijos y móviles. El programa arrancó en 1979, su objetivo es proveer a la población de alimentos básicos y nutritivos a precios accesibles, y las tiendas están gestionadas por las propias comunidades, pero articuladas por el Gobierno del país.


En Estados Unidos también hay precedentes exitosos, como los economatos militares, que operan con precios entre un 25 y un 30 % más bajos que el comercio convencional. La Agencia de Economatos de Defensa (DeCA, por sus siglas en inglés) vende los productos al precio de coste más un recargo del 5 %, por ley. Con ese plus se cubren los gastos de construcción y modernización de los almacenes. ¿La clave del éxito? El volumen: la DeCA centraliza las compras de todo el Departamento de Defensa y aprovecha ese enorme poder de negociación con los proveedores.


La alimentación es un negocio de escala, en un artículo donde analizan la viabilidad de estas iniciativas. Los supermercados públicos pueden tener éxito, pero solo con la escala y la sofisticación operativa de modelos probados, Se trata de combinar los precios del economato militar con la eficiencia de los almacenes Comprar en grandes cantidades, contratar a trabajadores sindicados como empleados municipales, y hacer que sea alegre y digno trabajar y comprar allí.


FUENTE El PAÍS

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