ENVASES ALTERNATIVOS
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SOLOVINO 18/08/26

Vino en envases alternativos: las claves para conquistar a las nuevas generaciones. Formatos como la lata y las presentaciones individuales se imponen entre los consumidores jóvenes, abriendo nuevas oportunidades para la industria y desafiando las costumbres clásicas de la bebida.

Ante las distintas problemáticas que enfrenta el consumo del vino a nivel global, la única salida de las bodegas no está en el precio ni en la calidad. Está en la estrategia. Es ahí donde se abre una nueva puerta que, si bien tiene un potencial enorme, requiere atravesar la tormenta actual que propone el mercado.

Las crisis globales van desde el cambio climático hasta la situación económica, pasando por la eterna polémica entre el consumo de alcohol y la salud. Todo esto le ha causado a la industria global un gran perjuicio, que derivó en la caída del consumo y seguirá impactando en las distintas industrias de los países productores.

Frente a esta coyuntura, las bodegas deben afrontar la situación pensando más en el mediano y largo plazo, ya que en el corto no hay muchas posibilidades de maniobra. No se trata solo de bajar los precios, aunque eso siempre ayuda a mover el mercado.

Tampoco conviene ahorrar si eso implica afectar la calidad lograda, porque hoy se sabe que de esa situación no se vuelve. Por lo tanto, más allá de buscar la mayor eficiencia posible, es necesario sortear el contexto. En ese punto, la estrategia puede ser la clave.

Una de esas oportunidades está relacionada con los formatos de los envases. No tanto por sus características o atributos, ni por el impacto visual que puedan causar. Lo más importante radica en las nuevas posibilidades de consumo que pueden ofrecer, permitiendo que el vino llegue a donde antes no llegaba.
Eso implica alcanzar a un nuevo público: los jóvenes. Este segmento representa un mercado enigmático para todos los productos en general y para el vino en particular. Aunque se los puede observar y analizar, en el siglo XXI todavía no se entiende bien qué buscan, qué quieren ni hacia dónde se dirigen.

Cuando se habla de los cambios que necesita el vino para conquistar a los jóvenes, no se trata de modificar el estilo ni la calidad alcanzada tras años de trabajo y evolución. El producto ya está, la diversidad y la calidad ya existen.
Es cierto que la gran mayoría de los jóvenes está tomando menos alcohol, aunque eso no implica que no puedan disfrutar de los vinos como lo hacen los adultos. Se trata de un mensaje que la industria debe escuchar: “No queremos tomar los vinos que toman nuestros padres, ni de la manera en que ellos y nuestros abuelos lo hacían”.

Esta actitud contiene algo de rebeldía y, posiblemente, con el tiempo lleguen a valorar lo que hacen e hicieron las generaciones anteriores. Pero hoy constituyen un mercado importante al que el vino debe prestar atención. Por eso, las bodegas y empresas de bebidas buscan las mejores formas de adaptarse a estas nuevas tendencias que, según todo indica, van a dominar las preferencias de los próximos consumidores.
Por otra parte, queda claro que los jóvenes de hoy priorizan su estado físico, considerando mucho más importante todo lo relacionado al fitness que al vino. Aunque esto supone cierta distancia con el vino, también puede marcar el inicio de una relación que crezca con el tiempo, a medida que el disfrute en torno a la mesa gane protagonismo en sus vidas.
Muchos consumidores que prueban el vino por primera vez se sienten atraídos por la variedad y la accesibilidad de los estilos más ligeros. Actualmente, cada persona posee experiencias de sabor y referencias culturales muy distintas. Aunque esto siempre existió, las nuevas generaciones no se guían tanto por parámetros establecidos, sino que prefieren atender a sus propias sensaciones, sin importar si para la sociedad están o no en lo correcto.
Sin embargo, la botella clásica de 750 cc no puede cubrir todas las necesidades. Tampoco lo logran otros formatos tradicionales: Split o Benjamín de 187,5 ml a 200 ml, media botella (Demi) de 375 ml, frasca o mediana de 500 ml (frecuente en vinos dulces), Mágnum de 1,5 litros, Doble Mágnum o Jeroboam de 3 litros (equivale a 4 botellas), Rehoboam de 4,5 litros (equivale a 6 botellas), Matusalén o Imperial de 6 litros (equivale a 8 botellas) y Nabucodonosor de 15 litros (equivale a 20 botellas), entre otros.
En este contexto emergen los nuevos formatos, como los vinos en lata. Este formato, práctico y reciclable, es relativamente nuevo en el mundo del vino y resulta ideal para vinos frescos y fáciles de tomar, que suelen servirse en ocasiones informales. Por eso, cada vez más bodegas apuestan a los vinos en lata, que no solo compiten con la cerveza, sino que también buscan captar a los consumidores jóvenes a través de propuestas más descontracturadas.
La lata siempre debe estar bien fría, por eso se eligen vinos ágiles y expresivos. Aunque los volúmenes aún están lejos de igualar a los de las botellas, la venta de vinos en lata crece más que otros formatos alternativos, tanto en el mercado interno como en los Estados Unidos, principal destino de vinos argentinos.
En América del Sur ya existen más de 50 etiquetas de vino en lata, lo que resalta el potencial de esta propuesta para atender nuevas ocasiones de consumo sin resignar calidad. En esta etapa de cambios, marcada por la diversificación de formatos y consumidores más abiertos a propuestas que integran conveniencia, calidad e innovación, tanto la lata como los envases pequeños o individuales —como los Portion Pack de 250 cc de cartón— aparecen entre los más elegidos.
Ante la expansión de los hábitos de consumo, cada vez más bodegas buscan diversificar sus portafolios y evalúan nuevas propuestas para ampliar las ocasiones de consumo.



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