TENDENCIAS LATAM
- 14 jul
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SOLOVINO 14/07/2026

El mercado del vino en América Latina está cambiando rápidamente, con un 42% de los consumidores priorizando opciones ecológicas.
Las bodegas de Argentina, Chile, Bolivia y Uruguay lideran la producción sostenible y orgánica, mientras se observa un gran auge de vinos desalcoholizados y de baja graduación.

Las principales tendencias que definen el consumo y la producción en la región, principalmente en el Cono Sur, incluyen: enfoque sostenible y orgánico, revolución bajando graduación o sin alcohol, vinos más ligeros, y todo salpicado de enoturismo y un plus para los vinos de altura, donde Cafayate y Bolivia son sus principales exponentes.
Así que las principales tendencias que definen el consumo y la producción en la región incluyen:

• Enfoque sostenible y orgánico: Bodegas sudamericanas están invirtiendo fuertemente en prácticas biodinámicas y viñedos limpios para minimizar el impacto ambiental.
• Revolución sin alcohol: Ante las regulaciones de alcohol cero en varios países latinoamericanos, el mercado impulsa bebidas derivadas de la uva sin alcohol o desalcoholizadas para mantener el disfrute social sin riesgo legal.

• Vinos más ligeros: Los jóvenes están impulsando el consumo de blancos frescos (como semillón, chenin y albariño), tintos que se sirven fríos y espumosos.
• Educación y turismo experimental: En lugares como el Valle del Maule en Chile, el enfoque pasó a ser experiencial, priorizando la calidad y la conexión directa con la tierra sobre la cantidad. [1]

El mercado de vino de América del Sur fue valorado en USD 7.670 millones en 2025 y se espera que alcance USD 7.900 millones en 2026, con proyecciones que indican que crecerá hasta USD 9.170 millones en 2031, registrando una CAGR del 3,03% durante el período de pronóstico.
Los factores clave que impulsan este crecimiento incluyen la creciente premiumización, una mayor huella exportadora respaldada por acuerdos comerciales que reducen aranceles, y el aumento de la participación femenina en el consumo de vino.

La depreciación de la moneda en Argentina y Chile ha mejorado la competitividad exportadora, aunque las condiciones climáticas adversas y la escasez de agua representan riesgos operativos para los productores.

Para hacer frente a estos desafíos, los productores están invirtiendo en sistemas de riego por goteo eficientes en el uso del agua, canales de venta directa al consumidor y turismo de rutas del vino para mitigar el impacto del aumento de los costos de insumos.
Además, el vino espumoso y los estilos de vino rosado están emergiendo como segmentos de mayor crecimiento, reflejando tendencias globales de ocasiones premium que han llegado a América del Sur más tarde que a Europa o América del Norte.
CRECIMIENTO DEL TURISMO DOMÉSTICO DE RUTAS DEL VINO

El turismo del vino está siendo utilizado cada vez más como estrategia por los productores para mitigar el impacto del aumento de los costos relacionados con el clima y las fluctuaciones cambiarias.
En 2024, Mendoza recibió más de 1,5 millones de visitantes, generando aproximadamente USD 300 millones en ingresos adicionales a través de actividades como catas, alojamiento y ventas directas [1].

Este crecimiento pone de relieve la capacidad de la región para atraer tanto a turistas nacionales como internacionales, impulsada por su reputación de vinos de alta calidad y paisajes pintorescos.

En Chile, los valles de Colchagua y Casablanca han establecido consorcios formales de rutas del vino, combinando visitas a viñedos con experiencias culinarias.
Estas iniciativas aprovechan la reputación de Chile en materia de sostenibilidad, ofreciendo una ventaja competitiva frente a las regiones vinícolas tradicionales del Viejo Mundo.

Al integrar prácticas ecológicas y promover la gastronomía local, como es el caso de las bodegas bolivianas, estas regiones están aumentando su atractivo para los consumidores con conciencia ambiental.
El beneficio estratégico es evidente: los canales de venta directa al consumidor reducen la dependencia de los márgenes de los distribuidores y fomentan la fidelidad a la marca, proporcionando a los productores protección frente a la competencia de precios en el comercio minorista, especialmente en mercados donde los descuentos en el canal no presencial están reduciendo la rentabilidad por botella.
FUENTE: mordorintelligence



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