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VINO Y OPERA

  • hace 5 días
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SOLO VINO 14/04/2026


Como en la vida misma, la cultura del vino se hace notar de manera fehaciente en la ópera con cierta frecuencia; es vehículo conductor, además de testigo de excepción, de dramas y alegrías.


Los jugos de la uva, al ser ingeridos, resaltan los sentimientos más profundos de los protagonistas.


Las más de las veces se alaban las excelencias del vino, cuando los nobles caldos acompañan las buenas mesas y se ensalzan su calidad y crianza, por medio de los diferentes taninos.


El Sumo Sacerdote de Isis y Osiris, a través de los tres muchachos, invita a Tamino y a Papageno a comer y a beber.



Mientras que el príncipe egipcio respeta la regla impuesta, guardando silencio, el pajarero, cuando ve los manjares, pregunta: ¿Estará tan bien provista la bodega?; bebe y exclama: Un vino de dioses. (Mozart, LA FLAUTA MÁGICA, acto II).


En Galilea, un personaje bíblico, el Rey de Judea, Herodes Antipas, lleno de tristes presentimientos, teme que algo trágico va a suceder y prefiere quedarse fuera del palacio, bebiendo con sus invitados. Inadvertidamente, pisa la sangre del capitán de la guardia, quien, ante la absoluta indiferencia de la princesa, acaba de quitarse la vida; entonces sus aprensiones aumentan, y pide a la hija de su mujer que beba de su copa: Salomé, ven, bebe conmigo de este vino, es un vino exquisito, el propio César me lo ha enviado. (Stauss, SALOMÉ).


En un salón del Palacio Negroni, ante una mesa ricamente servida, los aristócratas defienden y exaltan una serie de jugos, según las cualidades y sus preferencias. Liverotto: Viva el madeira; Vitellozzo: Viva el vino del Rin, que calienta y anima; Gazella: De los vinos el de Chipre es el rey; Petrucci: Los vinos, a fe mía, son todos buenos.


Tras calmar los ánimos de agresión entre el joven aristócrata y el agente secreto de la duquesa, este propone: ¡Bebamos, señores!; un criado sirve bebida de una botella: Vino de Siracusa, los nobles responden: ¡Óptimo, a fe mía! (Donizetti, LUCREZIA BORGIA, acto II).


El hecho de que esta ópera, situada a comienzos del XVI, dé cabida a una serie de jugos, se hace corresponder con la realidad histórica de este tiempo.


Los caldos llegan a conocerse en la primera mitad de dicho siglo, cuando se lleva a cabo un amplio estudio acerca de los vinos consumidos en la Italia renacentista, considerando su aspecto, aroma, sabor, graduación, duración y aptitud para el transporte e idoneidad para acompañar a los distintos manjares.



Incluso, se llega a determinar a qué hora del día son más aptos -según las estaciones- en relación con las cualidades fisiológicas que presentan. El estudio abarcó las calidades y procedencias en los blancos, tintos y dulces de varias regiones de Italia, Grecia, Francia y España.


En la taberna de Lillas Pastia, se elevan las copas en honor al torero de Granada, que ha triunfado en las últimas corridas de su ciudad: Beberemos en su honor, Escamillo responde: Puedo devolver su brindis, señores. (Bizet, CARMEN, acto II).



También en la eterna Sevilla, se festeja el regreso del torero que tomó la alternativa en Madrid. Cuando se fue era novillero y vuelve de la Corte con la borla del doctorado en el Arte de Cúchares: ¡Empiece ya la juerga y venga er vino! Venga una caña de manzanilla q’e bebé quiero con mi chiquiya. (Penella, EL GATO MONTÉS, acto I).


Casa de Violetta Valéry, la nobleza y cortesanas liberan los corazones durante el banquete; la protagonista quiere ser como Hebe, la escanciadora de los dioses; su enamorado, Alfredo Germont, entona: Bebamos en las chispeantes copas… Libemos al amor, que en las copas más cálidos besos hallará. Todos le responden: ¡Ah! ¡Gocemos…! La copa y el canto embellecen la noche y la sonrisa… (Verdi, LA TRAVIATA, acto I). El domingo de Resurrección, el soldado Turiddu invita a los vecinos del pueblo a probar el vino de la nueva cosecha: Viva el vino espumoso. (Mascagni, CAVALLERIA RUSTICANA).


En el mesón de la aldea luguesa, los mozos se ríen del conquistador que ha sido burlado por la protagonista, cuando esta se negó a ser seducida. Como el adinerado bravucón no tolera ser la mofa de nadie, los jóvenes se disculpan aclarándole que le estaban hablando en broma, entonces, Pedrucho, alzando la cunca, dice: ¡A brindar! Brindemos con este vino, el mejor que existe en el mundo entero… Vino que al dolor da guerra, sangre pura de mi tierra. Es el vino y la rapaza el tesoro de mi raza. (Baudot, CANTUXA, acto I).


En la realidad histórica, así como en la ficción teatral de la ópera, hay un contraste bien definido entre los hombres que abusaron de esta bebida y los que supieron reconocer, respetar y celebrar el vino como uno de los más preciados dones de la naturaleza y de los dioses. No en vano, la vid y su jugo fermentado cuentan en la mitología con un Dios exclusivo: Baco, quien, según el argumento de la ópera SEMELE -de Haendel-, nacería de las cenizas de la hija del rey de Tebas, para alegría de los hombres.


Esto solo es un pequeño bosquejo de algunas arias relacionadas con el vino que uno se puede encontrar en la Opera de Paris, en el Liceo de Barcelona, en el Covent Garden de London o en la Scala de Milán.


FUENTE Juan José Rodríguez de los Ríos

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